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17 de octubre de 2017

raíz de viernes



dos mesas por delante una mujer se persigna
entregándose al lenguaje/ los instrumentos del mundo
suenan con magia cavernaria al tam tam del ritmo
original y diálogo con un dios según otros: su
cuerpo es animal/ la voluntad del hambre en cacería

así el poema y los antiguos/ son de mi naturaleza
como tocan también a la mujer mayor cuando traza
signos en su frente/ busca controlar al tiempo y
sin olvidos/ la estela de arenisca o este diario convocan
al propio dios: un cuerpo para el canto/ y sea así

con piel de tierra/ fuego aire y agua/ palabra el hombre

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017

Ilustración:  Monte Gargano

sotas (inexpresivas)


la humanidad se oculta bajo calzón abombado o
pollera de sotas/ aquí donde los sexos se confunden y al reclamo
por presencia femenina el mazo y naipes responden lo impreciso
         la figura de tilde soberbio refleja a toda mujer y cuanto
hombre transcurren de cuarenta a cincuenta numerales/ y cuatro
palos/ por este universo de barajas y fortuna con castillas castelares
         no importa qué transcurra a espaldas de un paje erguido
tras su apariencia inobjetable/ es neutral su mirada siempre huye
acaso permanecen ocultos en sota el libertino o la prostituta contumaz
         los reyes marchan a la cacería y los caballos asuelan campos
de marte/ mientras ellas desvisten de uniforme y bienes a los muertos
consuman el amor de fieras y ganaderías con furia recién flechada

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes –Mazo de naipes españoles-

Ilustración:  Tarot y Brujería (c)

apariencia



a mi través las palabras fundan
el reino y su diccionario/ navega el sueño un orden
distancias que sólo yo reconozco al cabo de esta
noche/ y la experiencia de cuantas resten

         habito una margen del suceso/ quizás
otros sepan de mí cuanto no dije/ contemplen
colores opuestos en la apariencia/ el código oculto
que interpreta las muecas del silencio

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017

Ilustración:  Rithika Merchant (c)

recaídas




por cercanías del invierno me digo/ será
que la memoria oscurece y detona santabárbaras

de entonces queda un pétalo/ flota ante los ojos
aunque bajo la piel perviven espinas/ esas no marchitan

ni pierden punta/ a cada paso duelen
siempre tienen más para decir/ es de libros la eternidad

respondo/ la existencia dura lo que esta herida

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017


Ilustración:  Dreamstime (c)



los caballos




son acaso dos o sólo uno/ como creímos
del español cortés lanzado al galope de siete
extremidades: las equinas cuatro/ dos que afirman
en centauro al bípedo y séptima en alto copa
basto espada y oro

                   es uno el tendón desde donde
homero nombra a aquiles/ que héctor sujeto ronda
muros de troya/ cuando el carro triunfal esfuma y devuelve
crines a hipólito antes jinete que cochero

sin oportunidad de amor/ sin parir hombre
de este monstruo/aún pende fedra de la soga
y andrómaca/mármol su lágrima/se devuelve en dos:
trofeo de guerra y soledades

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes –mazo de naipes españoles-, 2017


Ilustración:  Pulso -los cuatro elementos- (c)

13 de octubre de 2017

dónde rimbaud



también otoños del cabello/ la flama
ausente desviste imágenes de infancia/ el silencio
despertó un colchón de hojas amarillas y la conciencia
es un tintero involcable

         dónde apunta/ cuánto dura el episodio
de apenas luz y escasa sombra/ la existencia acaba
en este mecanismo de poleas pesas y engranajes
que es el cuerpo/ o acaso está lejos:
donde rimbaud no vuelve y triunfan otras rachas

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017

Ilustración: Ainhoa Ortells (c) 

los reyes



se echaron un manto encima/ pero
van desnudos de pies a corona/ puestos
por arbitrar  injusticia a discreción/ qué otra
cosa sino filos a la espada/ borrachera en
cálices o tormento por garrote/ de oro llevan
mineral y frío el corazón

         vuelven de banquete y cortesana
disparan proyectil o  dentadura sobre cuanto color
corra por privilegio de pantallas/ ellos son
el virus de la civilización

         aunque alcen castillos en el aire
son débiles que mutan para sotas y caballos/ cáncer
o pesadilla/ llaga en ellos el desborde popular
porque acaban exangües bajo esta suma de naipes

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes –mazo de naipes españoles-

Ilustración: Reyes de cuatro palos


al escribir



la ficción sacude a veces/ de ella
tracé itinerario de raíces a pendiente/ acollaró
lecturas realidad e ideología/ acaba por ser
una versión del nombre: esa voz que sólo en mí
calza y despierta

         en cambio poyesis late a ultranza
construye en otros el edén que me ilumina/ es
el nombre mismo/ sus letras surten murmullo
de ángel/ reconozco mi sueño sólo porque canta:
él descubre y me vitaliza

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017


Ilustración:  Las fotos de Juan Rulfo

10 de octubre de 2017

oficio



esto que imagino tras cortinas del mundo
la única metáfora/ tu desnudez de breve luz
un hilván perceptible apenas cuando ata
dos palabras/ a contrasombra: eso que dije
ante la visión entre mutaciones de onda
y voces/ una presencia en el nombre/ a par
connubio del deseo a flor de lengua quizás
no dicho hasta aquí/ alas aun/ si inmerso
soy primera letra junto a mi último suspiro

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017

Ilustración:  Dominic Rouse (c)


sea poesía




donde otros dicen mundo/ yo digo árbol
tránsito verdadero el suyo: rumores de alas
allí donde nombran pueblos muestran ciudad
destilan tóxico confusión y esclavitud/ quiero
sombra vegetal/ vuelva la paz a los rebaños
sean por el hombre tantos ruegos
                            es de su naturaleza
la liberación/ al ser de la palabra al combatiente
de pie en territorio franco que engordó vitruvio

y ya que privaron de precio a la poesía
proseguiré regalándola/ haz otro tanto amigo
vate: reclama siempre y construye la revolución

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017

Ilustración: Bosques de Lucca -Italia-

apunto



varias razones mandan recuperar la vertical
y otras dicen permanecer de espaldas
mientras el día enciende fuegos/ resucito
me llamo
miércoles/ traigo flor y palma del sueño
aunque me cueste transigir memoria

                            volveré en llamados
apuntes breves líneas de viandante/ oscuridades
de cerrazón y colmo/ mientras despierta el resto

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017

Ilustración:  Antonio López -museo Thyssen-

8 de octubre de 2017

el viaje



para partir tras el edén es preciso olvidar
miserias de la cubierta/ también cuanto quede
más abajo/ después visitar un almacén
de abarrotes/ renovar bodega y bastimentos

con ellos verdean pasiones casi marchitas
se encienden luces y nombres a lo lejos/ al fin
atesorar suficientes hojas en blanco para
un nuevo cuaderno de bitácora/ el horizonte

aguarda allí donde rimbaud fundió colores
del agua con el aire/ quilla y vela surquen mi cuerpo

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017

Ilustración:  Son placeres (c)

6 de octubre de 2017

me mira una palabra




nací metáfora/ dicho/ imaginado/ después visible
como imagen del habla aunque en letra y tinta
me sujetaron libros/ fluí en recuerdos/ me abrazó
un amor de madre corto trecho

fui metáfora de búsqueda/ tarde abstracción
de alguna especie de habitante animal/ reclamo
y grito/ vacuidad en tardes de domingo/ vano
en propuestas de festejo

ahora entre fotos amarillas resta la memoria
no la de álbumes y fechas/ digo el rastro en cumbres
del silencio: el tesoro visible sólo en soledad
la mirada que rescata del marasmo/ esta palabra

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017

Ilustración:  tfocaracio(c) 

oleadas



embarcado hoy antes después

  En la íntima soledad de la observación, cuando el nombre significa antes tiempo y espacio ocupados que antecedentes -razón de la venda y del dolor en la cabeza-, comenzaron a sonar las ametralladoras hace escasos minutos. Se trata de oleadas sucesivas de hombres, y casi no cuentan bandos ni edades, primera o segunda invasión a los franceses, amigos liberadores o enemigos ocupantes. Es una cuestión de letras: D por day y día, pero también por dead, que significa muerte, simplemente D por demonio que es demon y dämon,  y curiosamente doble D cuando alude a los anfibios preparados para un desembarco de espaldas cuidadas. Era de mañana y el guten morgen remedó una posible buena muerte, no supo para quién. Lo consideraron “un tesoro que no podía ponerse en riesgo” y lo dejaron ahí para que testimoniara su observación y después escribiera como solía hacerlo, y quizás fabulara más allá de la realidad con su particular opinión sobre la cacería de hombres, más apasionante por cierto que la de animales. Él es una cuestión de vida y muerte, una primera cabeza de playa, una segunda frontera, cuando fuera de borda comienza a sonar el enfrentamiento.
  Pero es también una cuestión de número porque eso fue lo que definió desembarco y batalla, y porque la cantidad define al espíritu occidental, y también a quienes serán los vencedores. 1: Un metro bastaba para frenar las balas de las cremalleras de Hitler en el agua. 3: En tres veces superaba la fuerza aérea aliada a la alemana; tres metros era la distancia máxima entre las defensa que había ordenado colocar Rommel en las playas del desembarco. 5: Cinco fueron las oleadas sucesivas de las divisiones aliadas; cinco las ametralladoras Mg42, en los bunkers de la defensa; cinco las casamatas de gatilladores, médano o malecón arriba; no fue el mes cinco o mayo, porque no finalizaron los preparativos ni tomaron cuerpo las mentiras radiadas a los alemanes, y no fue el cinco de junio porque el mal tiempo suspendió la operación overlord.  6: Es y fue el seis de junio, porque mejoró el tiempo aunque el mar hoy continúe revuelto, vuelve a pensar el hombre con la cabeza vendada, solo en la barcaza que puede ser su razón de vida o el sitio para recibir la muerte. Digna, jamás.  8. Ocho veces visitó Estados Unidos el gatillador-cronista-envejecido alemán Franz Gockel. 12. Doce fueron los barcos que sirvieron a distancia en la operación, y sólo cuando finalmente se superaron la líneas alemanas comenzaron el cañoneo, allí donde el hombre solo en el mar que no pesca sino que observa y escribe habrá de volver al fin del día. 18. Entre dieciocho y veintidós se estimó la edad promedio de los combatientes esa mañana, un tiempo antes para vivir que para la muerte, por cierto, reflexiona el hombre que no tiene edad. 21. Veintiuna fueron las divisiones del ejército aliado, que esta mañana se desparrama ya por muerte y playas en clave: Utah, Sword, Omaha. Son estadounidenses, británicos y canadienses. 27. Veintisiete tanques doble D terminaron hundidos sin entrar en combate. 29. Sólo veintinueve anfibios se botaron descreyendo de la severidad climática. 33. Eran treinta y tres los tanques DD que se habían transportado a la escena del combate. 66. Seis de junio o sesenta y seis, número diabólico piensa otra vez el observador, y apunta. 100. El cien por ciento de los proyectiles aéreos aliados fallaron y cayeron tras las líneas de ametralladoras, bastante antes del desembarco; por eso la resistencia amenaza cruel fatalidad a esta hora de la mañana. 300. Trescientos paracaidistas perecieron ahogados debido a inundaciones, resultado de las tormentas de días anteriores, o por decisión estratégica de la defensa alemana. 2.000. Dos mil fue el número oficial de víctimas aliadas del día D, pero esa es una cifra urdida por la propaganda de los vencedores.  2004. Dos mil cuatro el año en que Franz Gockel levantará una cruz de madera en el exacto lugar que ocupa su casamata de gatillador. 2005. Dos mil cinco el año de la muerte del cronista arrepentido mencionado en el número anterior. 4.000. En cuatro mil se estimaron finalmente las bajas aliadas del desembarco en Normandía. 12.000. Doce mil son los defensores de la ocupación alemana en Francia. 13.000. Trece mil fueron los paracaidistas aliados que ahora flotan mañana arriba. 19.890. Diecinueve mil ochocientos noventa fueron los civiles franceses muertos por los bombardeos ese día, a los que se suman ahora quince mil exterminados y diecinueve mil heridos, en ambos casos por las acciones aéreas previas. 20.000. Veinte mil había sido el límite de bajas militares previstas por la operación aliada overlord. 34.000. A treinta y cuatro mil hombres se alistó para el día D. 1.100.000. Un millón cien mil hombres movilizó Estados Unidos de Norteamérica en la Segunda Guerra Mundial, que un futuro no muy lejano juzgará como conquista de Europa, o Guerra Santa, o primera cruzada económica del siglo veinte.
  Es también una cuestión de nombres mezclados con números, claro, porque este día será explicado con nombres, según pasen los años. Por cierto:
  Bernard Law Montgomery, el caudillo británico, está perdido en la miseria de su egolatría, piensa en su imagen más por la apariencia que por las acciones, y cree que todo lo que hizo y hace es necesario para gloriarse mañana.
  Dwigh David Eisenhower, el general estadounidense que deberá a este mismo día sus dos períodos presidenciales, al frente ya no de una tropa, sino de un país devenido potencia mundial y propietario de una de ambas mitades del orbe.
  Ernest Hemingway, el cazador en su safari, diez años después Nobel de Literatura, observador solitario, de cabeza vendada, herido en un accidente automovilístico previo, que cree saber cómo escribir lo que ve, pero también fabula lo que no ve, reflexiona en el después y vuelve a pensar en Mary Welsh.
  Erwin Rommel, uno de los más famosos estrategas de la historia humana, persuadido de que la defensa es suficiente en Normandía, y confiando en que las condiciones climáticas hacen imposible un ataque aliado, esta mañana está ausente porque ha vuelto a su casa para reunirse con su familia.
  Franklin Delano Roosevelt, que viene prometiendo un destino de supremacía a sus connacionales, y casi ha logrado ya convertir un pueblo de agricultores religiosos, en una diabólica entente de guerreros, conquistadores y financistas, enemigos del fascismo.
  Franz Gockel, que ahora tiene diecinueve años, pero que pasará los ochenta, mientras continúe recordando el dia D, su dedo crispado en el gatillo de la ametralladora que los aliados llamaron “cremallera” de Hitler, borracho de pólvora, continúa siendo el cubículo blindado de defensor, su única forma de continuar viviendo, y que se compadecerá de sus víctimas en lo sucesivo, cuando las considere “humanas”.
  George Patton, el militar estadounidense más respetado por el enemigo, es un émulo de D´artagnan, crítico tenaz que viene pensándose único protagonista de los acontecimientos. Le ha tocado un papel de simulador, y eso lo tiene incómodo y exacerba su actuación.
  Norman Cota, un militar que parece humilde, es quien saca finalmente las castañas del fuego, es decir arranca de la muerte a sus ingenuos soldaditos, pero lejos de la vista de cronistas, sin cámaras que lo filmen, apoyado sólo en su capacidad de liderazgo y en la experiencia de sus cincuenta y uno vividos.
  Winston Churchill, que siempre apostó a su tarea y está pendiente de los resultados esta mañana. Es un autosuficiente individuo, que previno después los destinos de posguerra en cada país vencido o vencedor, y también por consecuencia, los de emergentes asiáticos y latinoamericanos.
  Y las imágenes finalmente, porque se trata del observador, hay distancia, aunque casi tacto en la ficción. Enfrentamiento de realidad y reflejo literario, cuando vida y muerte tienen en ambos idéntico rango. Era “la puerta del infierno”, tituló Franz Gockel años después, aunque depende siempre de a qué llamen infierno cada lector y cada observador, y cada memorioso protagonista del día D. Y también depende de qué consideren liberación, y a qué refieran con lo opuesto al infierno: el edén. En tanto, Hemingway, con la cabeza vendada, vuelve a sentir la ola calofrío de “Nunca nadie muere nada”, escrito años antes, porque toda escritura es autobiográfica, hasta aquella aún no escrita y a la que llamamos realidad en contacto, o particular visión de cuanto sucede. Después llamó “ataúdes” a las barcazas de desembarco y recordó que el mar era verde, pese a reflejar un cielo gris y tormentoso.
  ¿Acaso fue esta la cosa más grande? Quizás fue cosa menor, o vana sombra de la obra humana, o simplemente uno de los mayores crímenes de la historia si es que se puede llamar “cosa” a la muerte. O quizás fue un acto fallido de sus autores intelectuales, o el simple fracaso del intento solidario, libertador o de protección. Hubo ejércitos ilusorios enfrentados al enigma, y puñados de hombres muy reales y por eso frágiles, defendiéndose aun cuando atacaron.
  El día D es hasta aquí una irrupción de muchachitos que no conocen demasiado a sus jefes, es una mala película, demasiado fácil, verdaderamente lineal quiero decir, remedo de las tantas que se fabularán años después.  Un juego para algunos, una condena prevista por otros. Cosa de profesionales para muchos de los defensores alemanes. Pero hay nubes rojas en torno a los heridos que no alcanzan a salir del agua, fatídicos broches de los paracaídas estadounidenses que no abren a tiempo y comparten la fatalidad, hay guerra de agotamiento y tozudez en la mayor parte de los jefes (una forma más que adopta el crimen). Porque se volverá diferente si no muerto, o al menos muy herido. Esto lo sabe perfectamente el observador de la cabeza vendada, y también sabe desde ahora que estas alternativas serán siempre preferibles a morir en un fracaso.  Y finalmente, en la operación overlord habrá más muertos civiles franceses, que cuanto sumen las víctimas militares estadounidenses y británicas. El antes y el después, con la mirada de un embarcado puesta en el hoy de su safari. Y tal vez viendo ya, que otro mandatario de su país, setenta y tres años después, proclame necesario volver al poderío que otorgan el número, el fuego y la muerte, por el mismo idéntico camino.



«Tenemos que enfrentarnos a la terrible paradoja de que una democracia en una guerra puede llegar a matar a muchos civiles, porque la presión de la prensa y el Parlamento en casa para reducir las bajas puede forzar a los comandantes a utilizar mayor potencia en los bombardeos. Y eso es lo que sucedió en Francia. Churchill estaba muy preocupado por este tema porque decía que los franceses les iban a odiar y trataba de convencer a los responsables de los ataques aéreos para que intentasen mantener bajo el número de víctimas, que llegaron a ser 15.000 antes de la invasión. Y durante la batalla subieron más todavía. No sé cómo van a reaccionar los lectores estadounidenses ante el dato de que en el Día D murieron muchos más civiles franceses que soldados británicos y estadounidenses. Debo decir que a mí me chocó porque todos tenemos mitificado el Día D, pero cuando uno descubre las víctimas de la batalla de Normandía es terrible. Eso no minusvalora la valentía de los soldados o la importancia de la batalla. Se montó un escándalo porque utilicé la palabra crimen de guerra para describir el bombardeo de Caen y hay que ser muy cuidadoso con esta expresión, lo que dije es que estaba cerca del crimen de guerra. Pero lo que es cierto es que el bombardeo no consiguió nada y fue estúpido desde el punto de vista militar porque si quieres capturar una ciudad rápidamente no deberías destrozarla. Y sólo hubo bajas entre los civiles (…) Pasó por delante de nuestra posición una familia que llevaba el cuerpo de un niño tendido encima de una puerta. No sabíamos cómo había muerto. El dolor pintado en los rostros de aquella familia inocente nos afectó a todos e hizo que nos emocionáramos por los habitantes de la comarca y lo que debían de estar pasando» (p. 369): Sin embargo, esta emoción no impidió que a lo largo de los meses de junio, julio y agosto las directrices de Eisenhower, Bradley, Montgomery y Tedder fueran las de avanzar a pesar y en contra de todo. Aunque, desde el avance de una columna de la 3ª División Acorazada llegando a Avranches (la puerta de Bretaña), Ernest Hemingway escribiera a su futura esposa Mary Welsh, hablándole de la ´vida muy alegre y divertida [que llevaba], llena de muertos, botines de alemanes, un sinfín de tiros, un sinfín de peleas, setos, pequeñas colinas, caminos polvorientos, paisajes verdes, campos de trigo, vacas muertas, caballos muertos, tanques, cañones de 88 mm, Kraftwagen, y chicos americanos muertos`»
Antony Beevor, El día D. La batalla de Normandía, 2009
Refiriéndose a Normandía, 6 de junio de 1944

© Carlos Enrique Cartolano. Recuerdos del olvido, 2017

Ilustración:  Ernest Hemingway




4 de octubre de 2017

destinados




de puertas cerradas hablo/ misterio es
cuanto vela el rostro y enmudece/ nuestros padres
fueron silentes puertas adentro por ocultar
sus heridas en batalla/ mis compañeros
y yo llegamos para abrir las puertas

con algunas fracasamos/ les toca a ustedes
ahora/ acaso las ven: los secretos colman
escaparates del almacén de abarrotes/ sean
los señalados del destino/ que el misterio
aclare/ de una vez terminen secretos y  cerrojos

porque para qué si no la mente / esta mirada

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017

Ilustración:  El armario de Lula (c)

fallidos



vivo en la fuente/ como su extremidad : aunque nada
detiene el ser idéntico del agua
                   no la puede el poema/ ni su intento
por contemplar el transcurrido/ la repetición digo
cuando el reflejo acaba en fondos del cristal y nada
insisto detiene los afluentes/ ilaciones de la lengua
                   fantasmas de cuerpos y memoria

soy la fuente/ un último ademán de mi consciente
porque la existencia es condena del nonato
                   sólo apunta el múltiple/ la referencia
y su etiqueta: nada puede con el tiempo

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017

Ilustración: Palabras que se derraman (c)

esperan-zas



desde el otro cuanto miradas y lecturas dichas
continúen dictados: esto que soy/ dónde me paro
cuál mi itinerario/ por qué el rigor de la palabra
cuántos abrazos por cubrir/ el cuerpo me sirve
a la fotografía y un recuerdo marcha en instantes
al pasado/ eso digo: si volvió es ahora diferente
en la memoria y permite trazarle mapas a la espera

puede ser la llave/ hechuras de conquista para tanta
distancia a flote/ cuando los puertos cierren y todos
los navíos hagan agua en las bodegas/ este abrazo
traspuesto pie en la conciencia/ rodeará el planeta

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017

Ilustración:  Enseñanzas Náuticas (c)

30 de septiembre de 2017

hacia el extremo oscuro




cuando la danza vence al cuerpo/ porque emerge
húmeda contagia y se hunde/ cuando absorbe
y cristaliza/ reitera y muta/ si escupe ritmo dimana
o traga/ supera el útero sólo regresa al mar océano
se hunde con raíz en cada paso/ te mueve  piel
y hueso sin distancia/ si el alma vibra en interior
arma sin término la noche/ degüella al día aunque
pasea ante los ojos del mundo que el resto ve/ ahúma
sin fuego arde sin llama/ cuando sólo al consumirse
ilumina ama y pare sin tasa término estadística/ si copia
brisas florece y deshoja al unísono/ al celebrar
sólo una estación de cuatro nombres/ será/ digo
porque la danza es butoh y un hombre baila sin color

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017

Ilustración: Ko Murobushi ©


perspectiva


       

compruebo contenido al contemplarme/ por más
que apure golletes no hay más/ es sólo un panorama:
dos árboles/ sobre el mantel yace la luna/ y baste
esa luz al invitado/ revela pies y manos aunque
arriba la noche recele y surta al rostro incertidumbre

sañas del tiempo en las facciones/ hacen camarín
ansias cuanto sueñe/ justicias del capricho y opción
en los mercados/ acaso reconozca espejo si despierto
entre tres y cinco de este lunes/ me digan alguien
allá arriba te atribuye mayoría/ lustre en carne y palabra

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017


Ilustración:  Loublanc ©

rescate





         qué puedo salvar del océano/ este poema
sin terminar/ o el otro no escrito: hoy humo en sombras
el idioma no es y mi poética está en duda
         porque la poesía traza un interlocutor ausente/ es
un mundo de cuanto falte decir/ más lo que alguna vez
dijeron los muertos o imaginé en boca de quienes no son
palabra/ el poema es lengua que en color vegeta
         esto escribo al fin y me parece un insecto volador
ultraliviano que detiene el alambre/ un verso en soledad
desnuda mi existencia/  como perro de la calle

© Carlos Enrique Cartolano. Abarrotes, 2017


Ilustración:  Punto y alambre ©

28 de septiembre de 2017

forma de dos



entre oscuridad y albricias/ el poema
me adelanta/ en carrera de cien detrás aún falta escribir
cuanto dispute centro y meta/ un tono

                   será/ esa armonía
brote de humanidad aunque emplumada/ que gire más
allá de la palabra

                   es que el idioma mueve dos mitades
conocida y por nacer/ la cursiva lo lleva en espirales
a mi olimpo/ que es simple síntesis/ cedazo/ la fina
tela que recoge lo mejor del otro en mí

                   digo:  un dios según merecimiento
que detrás de los cristales/ me contempla esta mañana
aquí le puse nombre/ ahora él rige y convoca

© Carlos Enrique Cartolano. Las dos formas del sueño que soñamos, 2017

Ilustración: Microjuris (c)

titánide



la causa del deseo/ mi espera en aberturas
esas gravedades en la piel cuando humedecen
lloran/ y sobre opuesto un alburi: su salto
colma redes/ alza fuegos me chisporrotea

es albur tu oferta mujer/ frida en cautiverio
una mano pendiente: las sedas del arco necesario
el através y el entrecostas/ los perímetros
del beso/ las fauces de azúcar y ese otro sueño

© Carlos Enrique Cartolano. Las dos formas del sueño que soñamos, 2017


Ilustración:  Cristina Lucas ©

desvisto desdicho



¿Existe acaso algún tipo de experiencia
que no esté más allá del lenguaje?
Juan Arnau, El arte de probar

mundo es lenguaje/ claramente propia metáfora
y cuanto vemos: ironía de oposición y encuentro
para qué pregunto definir entonces/ afanarse en nombres
y concilios/ no existen doctrinas ni digestos todo
lo prescrito acusa vencimiento con cada atardecer

qué orden pregunta foucault/ si bien me sucede
un universo increado/ todo torna a su raíz
y el demiurgo está al llegar dijo arnau/ mísera
se ve mi realidad porque pobre es la palabra/ por fin
la experiencia al despertar  trasciende códices y cifras

© Carlos Enrique Cartolano. Las dos formas del sueño que soñamos, 2017

Ilustración:  Sandra Lara (c)


25 de septiembre de 2017

literaberinto



mientras un demonio se retuerce al sol
la belleza tiende sueños/ aquí todo es posible/ sin
crítica ni juzgador alza el satélite su paradigma:
la claridad

al oponer
         bosques de la certeza y falsa metrópoli
se llega al medio color/ entre giotto en superficie
y chagall sus azulados fluidos: soy regreso desde el aire
mi noche es lecho para amantes de la luna

         después sólo saber cómo preguntarle
al poeta/ en vastedad no hay bordes/ demoran
los hallazgos/ la belleza es canon de oro/un cuerpo
mide eternidades de llanura a palabra en vuelo: digo
sin detenerme digo/ hasta encender lo oscuro

© Carlos Enrique Cartolano. Las dos formas del sueño que soñamos, 2017

Ilustración:  Marc Chagall (c)

la medida



la forma consiste en potestades del idioma
cada entidad expresa un ideal/ así troya divinizó
en helena su paradigma de presencia
y dignidades del cuerpo persuadieron de patrones
a vitruvio/ también la línea de nácar y espiral
equiangular del nautilus predican de belleza
perfección

         cuanto se mire comunica/ con base
o sin columnas/ postrado o entre nubes
armonía desmiente a la estructura/ despliega
su lenguaje cada cosa/ formaliza la mirada
y el dibujo cifra una raíz común/ guarda el orden:
esto intuyo en mi poyesis/ alivios y algazaras
del hemisferio derecho

© Carlos Enrique Cartolano.  Prosopopeya, 2017

Ilustración:  Neraidas (c)