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11 de enero de 2011

Concierto de Nácar

Mientras se desarrolla el video puede leerse el poema -que como el propio concierto- consta de tres movimientos... 




En 1972 Astor Piazzolla compuso, para su
Conjunto 9, el Concierto de Nácar,
para nueve tanguistas y orquesta filarmónica,
primer antecedente de sus posteriores obras sinfónicas
para bandoneón.

* Presto

Esa otra palabra: el silencio
Perdida en murmullos de la selva
Y en fauce de insospechadas faunas.

¡Descubierta!
Por trueno y rapacería.

¡Río arriba!
Y al sur sólo una huella.

¡Vuelan flechas!
Al fragor de arcabuces:

Son barbados los dioses
Son ladrones del rey.

Dice el cronista en su comentario
Al emperador: Desde el génesis
Encarnación y Cristo vivo
Sólo el hallazgo de Indias cobra altura.

América inesperada. Tierra del Plata
Y por el oro vienen:
¡Río arriba!
¡Río abajo!
¡Violan/ Matan!
¡Roban/ Violan!
¡Matan/ Roban!

Asunción la que siente
La mente en Buenos Aires
Y al sur la rastrillada
Devuelve música al silencio.

El de Guadix desesperó en ayunas
(A su espalda medraron
La muerte y el incendio)
Él puso el roble en Escobar
Junto al Luján de la matanza
Y de su mano el testigo
Para el siguiente adelantado.

Después los capitanes
Treparon el agua. Soltaron los caballos
Torvos/ enfrentados/ amancebados
Hicieron la guerra. Sujetaron yanaconas
Llenaron bolsa y bolsillos
Con tiranía y Dorado
Olvidados del rey y de la torre.

Y uno triunfó con el mayor harem
Del paraíso de Mahoma.

Cuando el gobernador llegado
Ordenó ley y lugartenientes
Lo embarcaron engrillado
Acusado de romper
Complacencia de abusos
El impuesto. El servicio
Personal de carios y gentiles.

Y hubo otra fatua Buenos Aires
De muros que transcurrían ríos
A orillas del San Juan
Sobre otra banda
Que el empeño de Alvar Núñez
Equivocó en tantas aguas.

¡A la tierra!
Blancos inesperados

¡Por el oro!
Con mechas encendidas.

¡Arrebatan!
Riquezas y mujeres.

Diablos con dos cabezas
De medroso relincho
Fatales en su risa.

Pero en silencio el nácar construye
Ladrillos de esperanza
Planta una raza de profetas: Dibuja
La ciudad de verbo alucinado.

A la vez Macondo y Jericó
Resucitada. Alta en soberbia
Pero campesina en planta baja:
El puerto alumbra apasionado.

Partir/ Volver/ Marchar errante
Ciudad que el mundo invade
De sus murallas desprendido silbo:
Este es el tango de nácar alumbrado.


** Lento – melancólico



Al principio fue la codicia:
La tercera Buenos Aires
De pie. Un puente. El techo
Del Plata. Un puerto reparado.
El proyecto en flor
Para amasar el pan
Y alimentar los hijos.

Aunque en silencio todavía
Buenos Aires era al sur una huella
Dispuestos los brazos
Sólo por entonces
Para enancar un Potosí al imperio.

Y la codicia dividió la tierra
Apartó agua y cielo.
Sujetó al gaucho -que en las vaquerías
Hablaba guaraní- para saquearlo.
Usó al indio manso
Para cubrir cañones. Y al retobado
Puso a horadar montañas.
Cargó y traficó esclavos
Del otro extremo del Virreinato:
Usó. Mezcló. Gastó. Contrabandeó.

Rieron los bandeirantes
Del orgullo portugués. Festejaron
Los franceses con espada y con puntilla
Y los ingleses cobraron presa
Sumaron pirateando
La ingenuidad colonial.
Pero ellos repartieron bien
Respetando a su monarca.

Sólo en las misiones los jesuitas
Sujetaron norma y dignidad
Del indio que es un hombre
De María en cada madre
En todo toldo. En sus rucas
Ranchos y enramadas.

Por eso se expulsó a los padres:
En esta tierra
La verdad no servía a nadie.

La ciudad desplegó codicia
-una música de sordos penitentes-
En cientos de comercios.

Los invasores ingleses permanecieron
Tras los mostradores:
Compramos chafalonías
Vendimos sueños/ decencia/ patrimonio.

La libertad/ la independencia
Fueron gestos de conveniencia
Postigos inseguros
Entreabiertos al miedo
Al sarcasmo y la rapiña.

Después llegaron los colonos
Pintando de esperanza el Plata.
Las tardes de otoño en las veredas
Encendían música entre lágrimas:
Una extraña melodía
Que nacía del abrazo de restos y retoños
De sombras apareadas
Con tenue reverberación.

¡Los porteños!
¡Los indianos!
El alma era inmigrante
Europeo el corazón.

En tanto el auca en su semilla
Disponía amaneceres:
Sueños de justicia
Con hornos encendidos
Y oceánicos partos.

Todavía en silencio el nácar construye
Ladrillos de esperanza
Planta una raza de profetas: Dibuja
La ciudad de verbo alucinado.

A la vez Macondo y Jericó
Resucitada. Alta en soberbia
Pero campesina en planta baja:
El puerto alumbra apasionado.

Partir/ Volver/ Marchar errante
Ciudad que  el mundo invade
De sus murallas desprendido silbo:
Este es el tango de nácar alumbrado.


*** Allegro marcato



Nacido junto al mar. Otro puerto
Como Alvar Núñez buscó su norte
Y respiró con el zorzal
Empuñando el fuelle. Otros puertos:
Hambre y bronca. Barrios negros
Donde campeó el jazz
Y alumbró el Orpheum.

Y en su música jugaron
Marionetas del pasado
Con acordes de lo que vendrá:
Un origen común americano
Y plantado en nácar su destino.

Todos fuimos alcanzados
Por el plata musical/ La corriente
Rindiendo al padre su tributo
O inversa el agua y escalada
Por mitologías borgianas.

¡Indianos! ¡Caudillos!
¡Porteños! ¡Carmesí!
Estampados en nácar
El concierto proyecta
Retratos del tiempo plano:
¡Porteños! ¡Porteños!
¡Caudillos! ¡Carmesí!
¡Indianos! ¡Invasión!

América inesperada. Tierra del Plata
Y por el oro vienen:
¡Río arriba!
¡Río abajo!
¡Violan/ Matan!
¡Roban/ Violan!
¡Matan/ Roban!

Para que nazcan los varones
Desde estas madres
De pañuelo ceñido. Respiramos
Anudados en el tango:
El puerto/ Los molinos/ Las barracas
Urbano el gaucho y el indio
Redivivo. Suena Piazzolla
Entre murallas de nácar suena
Como el sudeste.

Porque en silencio el nácar construye
Ladrillos de esperanza
Planta una raza de profetas: Dibuja
La ciudad de verbo alucinado.

A la vez Macondo y Jericó
Resucitada. Alta en soberbia
Pero campesina en planta baja:
El puerto alumbra apasionado.

Partir/ Volver/ Marchar errante
Ciudad que  el mundo invade
De sus murallas desprendido silbo:
Este es el tango de nácar alumbrado.

(c) Carlos Enrique Cartolano -de A ojo y de oídas-, 2011

30 de noviembre de 2010

Destierros



Ahora que la primavera
Se demora entibiando
Firme en mis capilares
Me recuesto
Quito los anteojos
Y recito un argumento:

¿Es posible despedir la tierra
-sus gorjeos extremos-
Cerrando los ojos?

La visión a oscuras
Es de mar y cielo/ De cielo y mar
Sin tacto ni fronteras.

Hasta que el sueño
Pose su pájaro en mi frente
Y el mar penetre
Su guadal celeste.

Podré suponer al fin:
La valija de aire. Espaldas
De vidrio flameante
Y mi jadeo
Recortando el horizonte.


(c) Carlos Enrique Cartolano
de  A ojo y de oídas, 2010-2011

23 de noviembre de 2010

El tirano



Al capitán Domingo Martínez de Irala le bastó con dos hijas para fundar su estirpe. Y a un tiempo comprar lealtades y sepultar revueltas. Porque alguien dio a elegir a Ortiz de Vergara y Riquelme de Guzmán, entre la horca y dos hijas del tirano. Que no lo comunicó el propio padre de las huríes de luengas cabelleras negras, ténganlo por seguro.

Dicen que esa oferta partió del confesor de los condenados a muerte, aunque esta opinión es de los enemigos de la Iglesia. Deben creer que fueron lugartenientes, laicos de rango inferior que disfrutaron contemplando el sometimiento de los jefes.

Lo cierto es que ambos jóvenes optaron por tomar por esposas a esas dos niñas que no llegaban a los catorce, y que Úrsula y María conocieron con cierta codicia a sus novios por imperio del poder paterno.

Así fue como en la Asunción de Mahoma, paraíso como hubo pocos en estas tierras, reinó el capitán Martínez de Irala sentado en la yernocracia. Con azafrán e incienso condujo al altar a dos de sus hijas, reservando ámbar y almizcle para siguientes parlamentos.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De Hormiguitas operarias, 2010-2011

20 de noviembre de 2010

VIII. Últimos soles




Diariamente el corte
De uña.
El rigor de la poda
Seca. Sin lágrima
Ni sangre
Tal vez sí dolor.
Y quejas del toldo
Que remueve rumores
Del este.

La tarde y la leña
Consumidos
En una misma hoguera.
Por detrás forman hilera
Los muletos:
A un lado tejidos
Enfermos. Sentimientos
Provisorios.
Flores oliendo acre
En franca reverencia.

Escarbo en las cenizas
Como en arenas
Milenarias.
Hace tiempo estoy absorto
En este vértigo
De historias paralelas.
Coincidamos o no
Con la lente restante:
Siente por mí
Completa la mirada.

Las manos tiemblan
Torpes por lo común:
Desacostumbradas
A niños/ Caricias/ Palabras
Líquidas y mudas.

Pero los fondos revelan
Premian y transportan.
Soplo el polvo acumulado
Brillo el estandarte
De la pasión visitadora
Entre filos de la noche.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De A ojo y de oídas, 2010-2011

16 de noviembre de 2010

El poema fúnebre de Adriano




Animula, vagula, blandula
Hospes comesque corporis
Quae nunc abibis in loca
Pallidula, rigida, nudula,
Nec, ut soles, dabis iocos...

Pequeña alma, blanda, errante
Huésped y amiga del cuerpo
¿Dónde morarás ahora
Pálida, rígida, desnuda
Incapaz de jugar como antes...?

fuente: Historiaclasica.com

Otra versión:

- ¡Callad, callad todos…! ¿Habéis oído ese siseo…? Es el alma del augusto Adriano, que acaba de despojarse de su cuerpo y se marcha.
“Pequeña alma, blandita, cariñosita, huésped y compañera de mi cuerpo, ¿a qué regiones te encaminarás ahora, palidita, yerta, desnudita, sin gastar bromas, como solías?”
- Esas fueron sus propias palabras, dictadas ayer mismo, poco antes de entrar en la agonía. ¡Que ninguno grite, ni llore, ni haga aspavientos! No hay que asustar a un alma que no sabe a dónde va.

NOTA 1: El emperador Adriano murió el 10 de julio del año 138 d.C.
NOTA 2: El entrecomillado corresponde a la traducción de los versos compuestos por el emperador Adriano en su lecho de muerte. Aquí os pongo el texto latino, pues supongo que a muchos os gustará proponer otra traducción. La que yo presento la he tomado del Calendario greco-romano de José Contreras Valverde. A pasarlo bien.



fuente: Mujeresderoma.blogspot.com

Los pies del Cristo de Grünewald




por Joaquín O Giannuzzi

El nervio expuesto y condenado
hace de todo sufrimiento un principio general.
Todavía es la hora de descenso
y toda carne debe seguir aquí, resolverse
en una pesada concentración.
El tono de la pintura
define el desagüe de la masa desesperada.
La anatomía es gruesa, de tierra sangrada
y allí donde los dedos se enciman
-los caminos de este mundo están bloqueados
el límite de la torsión es crítico.
La promesa de toda resurrección tiende a la oscuridad
en las fibras musculares, giradas
sobre sí mismas. Cada detalle
aguarda un orgánico estallido,
pero el conjunto fija el tormento hasta el fin de los
tiempos.
Un solo clavo y se acaba la vieja danza.

Joaquín Giannuzzi, Violín obligado (1984)
Matthias Grünewald, La Crucifixión (Retablo del altar Isenheim),1515
Museo Unterlinden. Colmar


30 de octubre de 2010

Esas que sobran y no importan. Esas: son



Otras yerbas

- Mire vuestra merced, señor, pecador de mí, que yo no soy don Rodrigo de Narváez, ni el Marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra majestad es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana.

- Yo sé quién soy –respondió don Quijote- y sé qué puedo ser, no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia (°), y aún todos los nueve de la Fama (*), pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron se aventajarán las mías.
Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, capítulo V


I.

Crecieron al principio como yuyos
Rondándome los pies. Después fueron hierbas
Y sahumaron mesiánicas.
Culturales. Sociales. Hermanas en soledad.

Cuando aprendí a estar solo
Me acompañaron las palabras
Acechándome en realidades. Me levantaron
Acelerando el giro.

Supe descansar en movimiento
Me lancé a zurcir
Palabra con palabra. Imagen por imagen.
Fugando de la esterilidad.

Ahora sé quién soy. Se quién puedo ser.
Son mis yerbas las que definen
Cada hora. Caminan encolumnadas
Respetan químicas orgánicas.

Lo demás son otras yerbas:
Estoy solo en medio de ellas
Añorando mi soledad.
Porque aún reconozco mis labios.

(La conciencia va más arriba de las narices
Todavía puedo abrir los ojos
Mis manos asen con fuerza tierna
Y curo el resfrío de la imaginación)

Las leyes y las culpas. Esas:
Son otras yerbas.


II.

Y tuve un nombre. Lo pronunciaban
A mi paso y aprendí a silabear.
Compartí/ Fui compartido. Amé
Sin saberlo y fui amado.

Después reconocí a mi parejera
La otra mitad que alumbró miradas
Soportó el ancla/ Convocó mis hijos:
La que releyó originales.

Yo continué tamborileando
Midiendo y escandiendo: Era mi rebaño
Pastoreaba día y noche
Almohadas/ Mesas de bar/ Altares.

Detrás venía la prosa confundida
Embrollándome / Mezclando todo:
Se movía en ella densidad ajena
Otras yerbas/ En verdad impuras.

Porque sólo el verso era curado
Y magnífico: una daga azul
Atravesando cortinados
Y ensartando primicias en palabras.

Por entonces un bosque fue mi mundo
Poblado de nidos/ Nacimientos.
Aunque sólo en el nosotros
Logré subir para avistarme.

Lectores y editores. Esas:
Son otras yerbas.


III.

Rigor y coherencia: ¡Arduo afán!
Caminar por la viña de los altos
Expone a cerrazones y dolor:
El éxito no sirve. Ni alimenta mundos.

Antes bien los quita poco a poco
Enmudece la piel y ciega
Y araña viento sur y llueve
Bajo los toldos y en las manos.

Llegan los naufragios. Son menores
Lentos como alfileres. Parciales.
Hoy se renuncia a cocinar
Animalitos con arroces. Mañana

Serán ardores/ Entregas/ Conquista
De aromas extranjeros. Corceles
Dibujando el horizonte.
Naufragios al fin. También parciales.

Y la memoria: esa subversiva
Que socializa placeres
Y condena el peor de los temores.
Esa es la yerba en flor. Encapullada.

Pero lo que va en carros ajenos
Lo robado. O marchanteado
Injusto. Siempre injusto:
Esos botines/ Son otras yerbas.

IV.

Pablo y yo. Pablo y nosotros
Caminantes de fe almenada
Vamos a derramarnos hoy
Mañana. No importa cuándo.

Como libaciones sagradas
Agotándonos. Raspando cuencos
Y conciencias. A sabiendas
De lo que somos y seremos.

No importa cuándo. Cada cual
Su cuchitril aterido/ Estrecho
Con sus hoyos. Su resbaladera
Su palabra última. Su alarido.

Aunque se está solo al final
Enroscado en mí mismo
Escupiendo para arriba/ Cacheteando
Mi carne fatalmente adormilada.

Lo que no se alcanzó entonces
Y en la lista quedó sin tachaduras
Esas cosas imposibles (prohibidas)
Esas: son otras yerbas.


V.

Evoé. Gigante cascarón
De tolerante oreja. Paraíso
Para inaudibles y profetas.
Bocina restada al olimpo

De estos dioses. Los de abajo:
Mercachifles de internet
Y propagadores de asepsia:

Filosofía de piel al sol
Seducción pública y pillaje.

Y los que corren a ambos lados
De toda frontera. En hileras
Trabajadores que no pisan
La franja amarilla. Hormigas

Negras afeitadas de sonrisas
Y genioles y aguas vivas. Donceles
Condenados de cuna y por vida
Si es que la vida alcanza

Para todos dijo Malthus-Thomas-Sir
A comienzos del diecinueve
Y encadenó pared con opiniones
Marcó senda al asesino

A sueldo. Cuando era postrimería
De los conquistadores
Y eran convenientes las reservas de gas
Y de moral por almorzar

Durante veinte siglos.
Evoé. Ñenque. Eureka. Lupus
De la lengua sometida:
Hormigas como esclavos

Devoran la yerba. Y caen
Mis lágrimas sobre la hierba
Como huevos de coleóptero
Son palabras huecas:

El futuro envasado en cajitas
De la felicidad. El cepillo
Pendiente del cuello. La pastilla
Cada ocho horas y en ayunas.

Sinfonía de los despertadores
El prado colmado de chatarra
Vuelcos del corazón de madrugada
Me despiertan a martillazos.

Lo que quedó sin consumir
Y lo que consumí sin querer
Eso: son otras yerbas
Drogas del encandilado.

VI.

¡Arre!
La medida. El vector ideal. Escuadra
Que encierra y ordena lenguaje
Imágenes/ Estrofas y pausas
Con ritmos de la creación.

Aquí llegamos. Íbamos con ímpetu
De mar amarronado. Náufrago yo
Y mi entorno a la zaga del madero.
Limpias las caries/ Bragadura fría

Y corazón en andas de la mente
(Monarca que disipa cerrazones):
Llegamos. Y al tocar paisaje
Mudamos a flecha/ A celo urgente

Nos vestimos escultores del barro
Yo inventé una corte de amigos
Para nacerme vestido/ Y reír
Porque era escuchado. Merendado.

¡Arre!
Ellos me arrastraron hasta la orilla.
Insistieron con la reanimación
De enciclopedias. Pero estaba echada
La suerte. Y me hundí en la arena.

Entonces fue cuando todo lo de pie
Transcurrió el drenaje de otras yerbas
Las verdaderas hierbas alcanzaron
Talla de árboles. Y nació el incendio.


(°) Los doce Pares fueron caballeros escogidos por los reyes de Francia, a quienes llamaron Pares por ser todos iguales en valor, en calidad y en valentía.
(*) Los nueve de la Fama fueron tres judíos: Josué, David y Judas Macabeo; tres gentiles: Alejandro, Héctor y Julio César, y tres cristianos: el rey Artús, Carlomagno y Godofredo de Buillón.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De A ojo y de oídas, 2010-2011 

29 de octubre de 2010

Nunca más oportuno





QUISIERA QUE ME RECUERDEN      

Quisiera que me recuerden
sin llorar ni lamentarse,
quisiera que me recuerden
por haber hecho caminos,
por haber marcado un rumbo,
porque emocioné su alma,
porque se sintieron queridos,
protegidos y ayudados,
porque nunca los dejé solos,
porque interpreté sus ansias,
porque canalicé su amor.

Quisiera que me recuerden
junto a la risa de los felices,
la seguridad de los justos,
el sufrimiento de los humildes.

Quisiera que me recuerden
con piedad por mis errores,
con comprensión por mis debilidades
con cariño por mis virtudes.

Si no es así, prefiero el olvido,
que será el más duro castigo,
por no cumplir con mi deber de hombre.


En: “Joaquín Areta. Siempre tu palabra cerca”, Libros de la talita dorada / Colección Los detectives salvajes, 2010

Joaquín Areta fue un poeta, secuestrado y trágicamente desaparecido en La Plata durante la última dictadura. Este poema recuerda también la lectura que de él hizo Néstor Kirchner y que algunos canales de TV pusieron al aire hoy viernes 29 de octubre de 2010.

Tomado por nosotros de la acertada publicación que también hoy hizo el poeta JOSÉ MARÍA PALLAORO, en su inefable AROMITO (http://aromitorevista.blogspot.com)

9 de octubre de 2010

El 12 de octubre no se trabaja. ¿Por qué?


Del Sur



No era un fantasma quien surgió entre la niebla, sino Fuegia Basket oscura como la noche en su vestido azul con estrellas muertas. Detrás el teniente y luego York Minster, Jemmy Button y un par de sirvientes con menores privilegios que los tres niños de los mares del sur. Volvían de palacio, por eso la niña llevaba el vestido azul que le había obsequiado Adelaida. Es que la reina insistió. Fuegia, que lloraba, se amparó en la oscuridad para no ser vista y dejó pasar adelante a Fitz Roy. Entonces, el mayor de los yaguanes, que el navegante bautizara como York, atenazó a la niña por la cintura y reclamó propiedad a cambio de consuelo.

La pareja se propuso despojar a Jemmy de sus regalos y de las preferencias. Vueltos a la isla de los fuegos, terminaron con la misión anglicana, y empujaron al tercero excluido al bandidaje y condena en falklands.


(c) Carlos Enrique Cartolano
De Hormiguitas operarias, 2010-2011

22 de septiembre de 2010

Motivos del Guernica




Pues nada hay oculto
que no quede manifiesto,
y nada secreto que no venga
a ser conocido y descubierto…
Lucas 8, 17

Poema uno. Golpe de vista

Una cesura entre palabras
Una cadena de plegarias.
Horizonte.
Antes el pintor en su inconsciente
Después las bombas.
Una bandera/ Un escenario
De sombras gesticulantes salidas
De la sombra:
Iluminadas.

Artista en su estudio
Como cualquier otro
Despierto a la ducha matinal
Desde la confusión
O el sueño. Pero él:
Él primero
Antes de la muerte desde el aire.

Un trazo ondeante. Un alarido:
Una señal puesta a brillar
Para las generaciones.
Cenit. Origen. Materia estelar
Línea gris. Frontera de la vida
Con las bombas.
Donde es terreno Dios
Y Guernica santifica.



Segundo poema. Lenguas con punta

Habla. Canta metralla y explosivo
Sordina el llanto. Esparce polvo
Suena alarido y musical.
Es brutal y oscuro
Confuso: nadie es lo que fue
Todo se parece a lo demás.
La picadura divide/ Infecta
Necroparasita.

El pintor evoca a Rubens
(en Los horrores de la guerra. El demiurgo
que apila condena/ ejecución
y muerte atea):
Pero Pablo invierte su tiempo
Es subversivo:
Guernica avanza a contramano.

Su destino es el pueblo
Ese toro velado entre escombros
Gesto fiero. Él / Indiferente
Parche de tambor
Rabo u oreja de tanto vencedor
Prosaicamente existencial.
La escena transcurre hacia él
El toro nos contempla
Triunfa en la desolación
De polvo. Olor de muerto. Apagado
Ardor. Sofocación y amnesia.
Él espera. Sabe esperar.

Todos llevan lenguas
Puntiagudas. Como bombas:

El pueblo incendiado
Bajo el ronquido alemán.
El brazo opresor de sueño
Y mentiras de Franco.
El pueblo parecido al toro
El toro encarnando a Marte
El pintor habitando el toro
Y la esperanza.

Pablo nos levanta porque cree.



Poema tres. Incertidumbre y bruma

Es afuera y es adentro
A una vez. El sentimiento y el gesto
Exterior es íntimo. Negro
Y gris aunque es la tarde
Ancha gama de grises el infierno
De las bombas incendiarias.

Apenas si una mancha de azul
O pardo en los extremos.

Es de día. Es de noche.
Han probado el poder de fuego
De los mosquitos letales
Y es de noche.

Las bombas siguen cayendo:
Caen en Guernica
Y la ciudad vasca crece detrás
Y por delante en la historia
Del hombre. Es Guernica
Hoy porque luchamos
Con la confusión/ Con su noche:
Velos densos de las dictaduras.

Siguen cayendo las bombas
Y los soles se extinguen
En todas partes. Continúan apagándose
Sus grandes ojos vigilantes.
Es de noche. Impotencia
De las bombillas eléctricas.

¿Quién traerá el quinqué
Quién iluminará esta noche eterna
Qué amanecerá qué día y para qué?

También es Guernica entre nosotros
Mientras tensan los hilos
Y nos malarrean.

Mientras caen bombas
Muerte que gravita
Por primera/ Por última vez.



Cuarto poema. Fraguas

El lienzo es universo:
Lleva una vida recorrerlo
Comprenderlo. Meterlo dentro
Repetirlo. Es un gatillo
Y una flor. Es imagen
De Dios y es reflejo en el hombre.

Guernica sucede y no concluye.

Uno:
A la derecha la mujer llameante
Conocido el horror
Desde el primer periódico
Es devorada por bocas
De odio y esterilidad.

Dos:
La conciencia despierta
Al dolor del hijo muerto
-no hay mayor infamia
que la guerra- repite
La madona bajo el toro
Vencidos pechos: lágrimas vacías.

Tres:
Debajo la furia
Herida y sangrante
Henchido el vientre/ Arrastrada
Hasta el centro de la imagen
Por encarar al enemigo ausente.
Sus pezones ansiosos
Son cascabeles doloridos.

Cuatro:
Y por encima Venus
La amante Dora del quinqué
Ilumina y rescata y resucita
Glorias terrenas
Eternidades y coronas.

¿Qué es lo que se ve?

Cuatro mujeres: cuatro fraguas
Hacedoras.
Son cuatro principios
Ignorantes de la muerte.



Poema cinco. Otra vez el engaño por caballo

Aquí el caballo al centro es la pasión
Aunque herida y con golpe letal.
Nunca más impropio ardor
Que el moribundo.
Arma mortal es la impotencia:
Termita en la corteza cerebral.

Al caballo lo atraviesa una lanza
¿La del jinete?
¿O es cabalgadura de tirano
Corneada por el pueblo?
¿Qué se lee en su grupa
En sus hijares. En sus carnes
Descendentes/ Ya raídas?

Es caballo inocente. Preso
Del sueño y mentiras de Franco
Propietario de aviones y de bombas
Fuentes del estallido
Verdugo del artista. Incendiario.
Domesticador de caminantes
En el Reina Sofía.

Pasión herida. Débil y corrupta:
Caballo asesino del jinete
O guerrero esculpido. O descuartizado
Pintor o héroe monumental
El de espada rota. Él roto
Él: un muñeco florecido.



Sexto poema. Lírica es la herida

Antes maceró sus labios
Esponjó la carne
Preparando sus profundidades
Al aguijón
La intimidad al explosivo de aceite
El fuego eterno.

No hay carnes más arrasadas
Que las del artista
Ni herida menos lírica
Que la de Pablo.
Las bombas lo despedazan
Armándolo. Lo descuartizan
Volviéndolo comprensivo
Del conjunto
Al centro del testimonio.

Pablo es la señal
Él es Guernica.
Vino por la defensa. Destapó
Tantas miradas.
Cerró la diáspora
Concentró y espesó
Desde angustias claridades.

Y todos fuimos Guernica
Todos fuimos Pablo:
Tanto creció la herida
Para tamaña alegría.

De la sombra emergen
Sombras iluminadas.
Porque costuras de días
Con noches
Laten humanizadas.

Lírica es la herida.



Poema siete. En esta Guernica

Tierra criolla es tehuelche
De comienzos del diecisiete
Cuando éramos colonia
Y el franciscano Bolaños se entendía
Con Tubichamini. Entonces
No había bombas ni antiguo roble:
Las libertades eran anchas
Para vascos conquistadores
Aquí y allende.

La laguna de San Vicente
Amanecía francamente. Estaban lejos
Los tábanos incendiarios.

Tres años antes del primer bombardeo
Aéreo tuvimos nuestra Guernica
Réplica de la predestinada.
Si los nombres significan
Ella fue símbolo argentino
De sangre inocente derramada.
Fue tierra de tangos y después
Jorge Antonio apacentó caballos
Cuando era fuerte Perón.

Y porque no hay casualidades
Sus calles se llamaron
Con nombres de artistas
Siempre supo de corceles y toros
Populares.

Después cuando en junio
Cayeron más bombas que
En la original Guernica
Esta tierra argentina iconoclasta
Demoró sometimiento
Y pactos.

Conociendo la traición
No traicionó
Mantuvo limpias sus mañanas.

Dicen que las madres son más madres
Aquí y en la Guernica vasca.
Que los artistas como Pablo
No se venden
Ni transigen con poderes asesinos.



Octavo poema. Epílogo


La poesía es caballete
Si se trata del artista herido:
Ganar su llanto. Tomar la espina
Dulcemente sentados a la mesa.
Y compartirlos.

El poeta y el artista son
Ocho personajes. Aquí están
Todavía. Guernica sucede
Aún Pablo nos pinta las pupilas
Y ahora de pie cantamos.

La poesía es caballete
Carreta. La siempre rueda
Fumigando traiciones y odio.
La pintura fluye. Mana la poesía.

En las manos cruces
Del Cristo diario.
Rosarios del dolor que salva:
Es el amor que vence
Única ametrallada la muerte.

Una paloma emerge de la niebla
Dibuja su contorno
Rehaciéndose en el aire
Primero un ala/ Después la otra
Es el anuncio final:
Eterno triunfo.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De A ojo y de oídas, 2010-2011

9 de septiembre de 2010

La edad de oro



¿Qué es entonces la frontera
Si no este intercambio
De suspiros/ Lágrimas y brisas
Amasados largamente
Y lanzados en diluvio?

Es esta cinta amarillenta
Que contiene el horizonte
Por donde lo esperemos.
Y al hombre/ A su energía:
Idea y corazón abiertos.

A la segunda aurora:
Esta senda de oro y seda
Que separa ayer y porvenir
Donde se reconoce
La antigüedad sobreviviente.

Porque respiran todavía
Grandes manchas escarlata
Pinceladas verde y amarillo
Que alumbran el ascenso
Hasta coronar un gran amor.

Mamá empuña sus esmaltes
Papá enciende el cigarrillo
Y silba un tango de De Caro.
Yo arrodillado: ato
Mis cordones y después
Vuelvo a levantar las medias.

Ir y volver son uno
Si se alcanza el fundamento.



(c) Carlos Enrique Cartolano
de A ojo y de oídas, 2010-2011

Huesos de jibia




No nos pidas la palabra que escrute íntegramente
nuestro ánimo informe, y con letras de fuego
lo revele y esplenda como flor de azafrán
perdida en medio de un campo polvoriento.

¡Ah el hombre que se marcha seguro
de los demás y de sí mismo amigo,
y no cuida su sombra que el ardiente calor
graba sobre un descascarado muro!

No nos pidas la fórmula que pueda abrirte mundos;
sí alguna contrahecha sílaba, seca como una rama.
Esto solo podemos hoy decirte:
Lo que no somos, lo que no queremos.




Eugenio Montale. De Huesos de jibia – Las ocasiones. Traducción de Horacio Armani. El autor nació en Génova el 12 de octubre de 1896 y murió en Milán el 12 de setiembre de 1981. Fue poeta, ensayista y crítico musical. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1975.