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8 de abril de 2012

Quintetos del oriental





Verla, no daba sueño
Jorge Luis Borges, Hombre de la esquina rosada.


Ingrávido vivo floto hacia planetas extranjeros
Voy al borde de la voluntad lejos de mi alcance
Navego entre fusas y corcheas aliento retenido
Frágil dibujo en la sonrisa sin peso ni volumen
Entregado al viento espero. Espero por muerte

O por fortuna: las caballadas negras parten ya
Hacia el sur no sé si subo en ellas o aún espero
El alba ensangrentada. Tengo el cuchillo a ella
La retengo en la palabra y la subo con el canto:
Una patria habrá donde acostarse sin condenas.



© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012 

Ilustración: Alberto Pancorbo
 

Quintetos del olor a jabón




Del otro gallinero en que era jefe no recuerdo más
Que el resultado de fusión de razas y colores cuando
Se congregaban con alas inútiles a picotear lombrices.
No había gaviotas grullas ni flamencos menos ángeles
Sólo cacareos diarios y ronquidos por las noches.

Los calambres mañaneros seguro que debidos
A descansar sobre parrillas de alambre los pulgones
De paja y plumas merodeadores siempre pero mudos
Las preces monitoras clavando espuelas. Sólo añoro
El aroma a jabón que manaban al abrirme la puerta.

© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

Ilustración: Reinaldo Tamayo

Quintetos de la preferencia




Aunque en la punta de mis dedos lleve todavía
Instalada la preferencia -un rumor de bocas
Trashumantes- volví olvidándome los nombres.
No quedaron humores de fatiga palabras vacías
Jadeo. Todo fue cautivado diente por diente

Perdido después entre páginas de un libro.
Sólo vuelve la lectura de reclamos y urgencias
Los roces necesarios el dulce en la garganta
Faroles olvidados lustres en el mármol negros
Extendidos sobre el albo de sábana y camisa.

© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

7 de abril de 2012

Quintetos lento ma non troppo




Párpados transparentes y manos envirutadas soles
Propios cuando han cerrado las vidrieras una mesa
De ajedrez y la ventana abierta. Así va creciendo:
Con eslabón dispuesto al disco gira-gira en tanto
Espera otro mesías cada tarde. La soledad fortuito

Estado dicen que se obtiene por merecimientos
Aunque con tamaña angustia por la calle finalmente
Se dirime por sorteo. Esto creo que sucede al tempo
Del poema acostado con el libro en silencio ahora:
El disco cesa de girar y la noche cierra la ventana.

© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

Quintetos de amor en ascuas





No sé cuál es la imagen que cuadra con este marco
Que encaje en movimientos de un cuerpo vivo crudo
Devolviendo sangre recrudeciendo. No sé: podría
Preguntarse si es posible al margen de las miradas
Crecer fructificar devolver la basura y resguardarse.

En definitiva: no sé sobrevivir sin lugar de reunión
Sin plazo de espera sin golosinas de la carne sin
Viento sobre las manos sin metralla entre dientes
Sin musicalizar el quinteto de amor sin camioncito
Donde los sentidos viajen y vos entre las sábanas.


© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

6 de abril de 2012

Quintetos para las pascuas




Fertilidad celebro pimpollos de la luna coyuyo
En la mirada suelto amor desleído cristalino.
Resucita del quinto punto cardinal derrámate
Con Capri en cada enredadera con mi océano
En arenas de escritorio ¡Que brote la memoria

En la tierra o la palabra en baldíos de tu vientre!
Que el vino llegue y flamas en invierno el sol
En juego parta surcos te alcancen las espigas
Un ansiado estío te consagre soberana madre.
Está suelto el amor ¡Atájenlo: si nó se apaga!

© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

Quintetos para unos ojos lejanos





Al fondo de la imagen siempre hay otra mirada
Otra que se cruza y discute perspectivas: lirios
Sobre el campo o espejos en el lago. Hogueras
Que arden con ayuda del viento o columnas
De humo fino que disipa el frescor. Llueve ahora

Y al fondo del marco un plátano –aún sin óxido-
Ensaya rogativas a lo alto. Es fuerte la lluvia:
¿Será el viento que suma expresión o el agua
Golpea iracunda al árbol indefenso lo tortura?
Los veo: Tus ojos allí detrás brillan parpadean.

© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012 

Ilustración: Bruzzone
 

5 de abril de 2012

Quintetos seniles





Se me ponen viejos los poemas de la noche
A la mañana llegado el mediodía se traban
En los codos y rebalsan el teclado. Al colarlos
Son fatuos son juegos de voluntad cohetería
China. Versos que nacidos para el brillo

Victima el roce: él les consume el intestino
De semilla los inflama. Hay que mueren si dan
Fruto o que vuelven sobrevivientes mudos
Renqueando heridos de guerra resucitados
En tiendas hospital. Ya ciegos sordos vienen

A la idea a la imagen de mi mañana a espaldas
Del espejo (ella también a punto de unción y mulata
De temporal). Entonces no me quedan chisporroteo
Amanecer dulce de gelatina ombligo limpio poesía
Azul intergaláctica ni sobrevuelo del mismo amor.

© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

Ilustración: Boris Indrikov
 

Quintetos del lobo




Te sueño de mañana siempre entrando aire
Cálida y voz baja entre mis sábanas. Abierta con
Ventanas donde no las hubo en todo organizada
Con brillo del recién. Agota el deseo suma estragos
En el cuerpo que no se vean: prefiero el sueño.

Te imagino soñada llegando enmudecida repites
Sin saber qué abrazar y cuánto hasta para qué.
Entre paréntesis de maxilares manos ansiosas
De mis ojos te veo como si llegara a descubrirte
Siempre con labios siempre con uñas por soñar.

Te limpio de nieblas confusiones varias imágenes
De engaño si estragado va el cuerpo que arda
Floraciones el alma. Te veo brote del sueño vena
Cantora cascada manantial loba del bosque espiga
Dorada piel de musgo vello azul precisa en dientes.

© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

Quintetos del primer sueño




Es ayer sin duda que duele en muñecas y tobillos
Una historia con grillos y cadenas precipita golpea
De a ratos orada buscando un fondo que arropé
Por fortuna -maduro punto higo fofo transparente-.
No mañana: indoloro -por anestesia no- por sueño.

No el que vendrá amanecido entre leche y rubor
Ni el que espera el sol en el parque no quien pasea
Arma palabras ensaya el yo que canta agradece
No mañana. Ése no duele ése construye señales
De humo sube con ellas va enamorándose sueña.

© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

Quintetos de voz y ñandubay





La mirada extraña cuando el horizonte aleja
Escasas campanadas y huele dentro de sí.
Un triángulo de luz adelgaza cuela y calla desde
Idéntico color. Lo breve triunfa: sólo la voz
Y el ñandubay florecen cuesta arriba del otoño.

Ahora se sostiene mejor el vuelo las melodías
Rotan a lo íntimo cortan la cautela del aire
Y el amor se amolda dulcemente en el poema.
Paralelos o a través del arroyo son más livianos
Los pasos como el agua: sólo la voz apura.

Ella y el ñandubay florecen en abril. Los sueños
Sobrenadan la fuente flotan las palabras arden
Con el viento con el vuelo con el sol que motea
La piel. Sólo flores y fotografías no cambian
En abril cuesta arriba del otoño. Ni flores ni voz.

Iridizado el aire en cada corte con cada sombra
Atravesada o paralela desde su voz su flor
De ñandubay perpetuando gozos. Confesiones
Sobran alfileres en plátano y castaño también:
¡No me confundas! ¡No me ocultes el invierno!

© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

3 de abril de 2012

Quintetos del poema otoñal



Ángel: la bujía que se inclina
al norte del corazón
René Char


Soy el otoño que arrastra pardo de hojas en la acera
Como si fueran batracios tras la humedad. Así transitan
Sorpresa contenido y ansiedad en la tarde del poema:
Decires y desires que aquí van por la sangre no los sigue
El viento pueden resultar primaverales y gélidos también.

Será mi ángel desdoblado en la sonrisa o en ocasiones
A bordo de mi lágrima que llueve asuela o despliega
Su iris de colores y todo dentro -en la corriente-. Ahora
Damos vueltas de campana al agua siempre y esto lleva
Cincuenta años sin apariencias de ocasos y sin Wagner.

Después resta secarse porque ya se sabe si mojadas
Las plumas nadie vuela y mi ángel acostado en la arena
A cualquier hora sin temor del cáncer de piel de miradas
Marcianas o lunares. Algo alarma algo palpita y chilla
Si seco corre levanta vuelo cantando y me abandona.


© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

2 de abril de 2012

Quintetos del ángel que sueña





Mirándolo como si me mirara porque es
En mi cama y a mi lado que este ángel
Patalea borronea la historia incongruente
Que ocurrirá distante del lecho en interiores
Propios o de él quién podrá decirlo ahora.

¿Sueña un ángel? ¿Puede protagonizar o
Simplemente especta voluntad del creador?
Aunque en este caso el espectador fuera yo
Y posiblemente protagonizara su sueño
¡Uno sueña con otro: otro con uno! ¡Se filma!

Terminamos de pie uno dentro del otro pero
No es sexo ni siquiera pertenencia sensorial
El ángel es mi desmemoria yo soy su recuerdo
Ambos delgada vereda encerada que no es red
Ni frontera sino anales inéditos de la oralidad.

© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

Quintetos con vino y ángel




¡Oh! Este trabajo de dormir cada noche
Con un ángel ebrio que te vuelve la cabeza
De atrás hacia delante. Y van cuatro días
Abriendo elixires de malbec resucitando.
Ya no sé si es trabajo o mi esclavitud

En este tiempo de espinas y retoños siempre
Al sur de una pascua en primavera. ¿Serán sólo
Calvarios que impone el desposo de la luz
Y él –el ángel- un espectro morado del viñedo?
¡Tantas preguntas caben en anchura de cama!

¿Quién emborracha a quién? por caso o también:
¿Cuál de ambos recrimina? ¿Son dos espacios
O este ángel es simple prolongación de vuelo?
¿Acaso lo abracé desde siempre o sólo en noches
De jardinero fiel venido a regar el alma?

Los contemplo el ángel a mi lado y superpuestos
Dos tiempos convivientes: el sin palabras con otro
De hogueras que ha encendido el vino. Comparto
Con el ángel rostro torso los sordos beneficios
Materiales pero escribir tatuando ¡sólo si arde!

© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

31 de marzo de 2012

Quintetos del destiempo





Mi vida fue prevista en tiempo insuficiente
No entro en él mis carnes van por más.
En el largometraje del latido y de mis voces
No entran poemas y amores esteparios. Ni
Colgado viajaría tanto volumen releído.

No entro en calendarios no mi desobediencia
Mi protesta la ecuménica mirada: ella focaliza
Ideología en el paisaje ella suelta silbidos
Anarquistas sabotea paradas militares porque
Son de larga duración copas y canto. Lato

Obligado por las doce campanadas rebelde
A los crepúsculos medroso en largas noches
De invierno celebrando amaneceres visitas
De la luna en las mañanas. No entro sobro
En cada día redundo en confesión de años.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

Ilustración: Salvador Dalí

 

30 de marzo de 2012

Quintetos del racimo de uvas II





También puede verse en este racimo de uvas
Un ramo de esperanzas soñadas: manos dulces
Ojos sanos cuerpos en alto muy verdes labios
La verdad en círculos que levanta amaneceres
Blancos. El amor madura uva en mis viñedos.

Cuando entrego confieso cuando revelo grito
Las palabras sin tregua avanzan nos empujan
¿Dónde está la realidad? ¿En ellas o en el racimo
De uvas moradas destiñendo sangre y recuerdos?
Sólo escribiré. Tatuaré en mi historia un nombre.

© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

Ilustración: Murillo

Quintetos del racimo de uvas I




Las fechas para recordar son simples granos
En un racimo de uvas transcurren del plato
A nuestras vidas grajeas del tiempo episodios
De rebeldía en la memoria. Lo que quiere
Olvidarse también celebra su dolor con saña:

Un mes hizo que el mar desposó a mi amigo
Harán cuatro meses que vivo solo en esta casa
O en pocos días cumpliré dos semanas del
Paso de mi orgullo a esta agonía. ¿Cumpleaños?
¡Ah! Mejor no sorber amargura en caramelos

Que ruedan en los que ya no están en otros
Distantes o en protagonistas de tamaño olvido
Como cabe en un racimo de uvas. Un día hará
Mañana de que escribí este poema y entonces
Faltará otro para fijar en tus ojos mi memoria.

© Carlos Enrique Cartolano, De Negro de hueso, 2012 

Ilusración: Maruja Ramallo
 

Quintetos del adiós




Una sobre otra casi como voces las palabras
Escritas casi humanas y expresivas pero no
No me bastan. Y a nadie deberían alcanzarle:
La mente es un cancerbero la lengua es libre
El puño confiesa temores la boca urgencias.

Recostado sobre la pantalla intenté cubrir la
Palabra fatal la que no se llama ni nombre
Tiene esa que separa: la de miedos y pestes.
Pero una migración de pájaros rumbo norte
Espantó voces palabras libertad y temores.

© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012 

29 de marzo de 2012

Quintetos del tedio





Quintetos del tedio


Cuando uno se despierta todos los días
en el mismo lugar, no le queda más remedio
que hacer siempre lo mismo.
Juan Forn, Para Gaby, si quiere.


Será que envejecen al mismo tiempo el hábito
De dejarse llevar por la espuma y mis riquezas
De reflujo en la playa. O que las llagas dilatan
Parpadean a mayor ritmo. No sé. Si el sentido
Común adelgazó o si falta cargar mi viejo loco.

Sólo me queda el corcho del malbec la ráfaga
De una puerta al cerrarse. ¡El equilibrio! Eso sí
No sé de qué se trata. Si está si estoy en fatal
Desequilibrio si bastan las palabras o es yerma
Esta arena fofa de mis años: sin sal y amarilla.

© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012 

Ilustración: Walter Sickert
 

27 de marzo de 2012

Quintetos de revolución





Para una revolución en soledad de otoño respiré
Hondo dejé de tomarme la cabeza y me senté
En una cama demasiado grande. Pensé en salir
De mí recruzar la frontera  por descubrimientos
Que el silencio condenó. Leí y escribí para esas

Hiladas de piel y entrañas sin tiempo de siestas
O sosiego. Debí comprobar el territorio limpié
Malezas dibujé horizontes alternando miradas
Para que un cambio floreciera en forma vertiente
Y relectura. Para esto escribí leí viví entregando.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012