CONTENIDO DEL BLOG


8 de octubre de 2022

De Kira Perov ...


 

243.

  De Kira Perov, dijo la crítica, es la wonder woman del artista, su productora, quien apaña sus fantasías y se compromete con traerlas hasta la realidad del arte visual. Ella se dice potencial continuadora de Bill Viola, intérprete fiel, sus ojos, su cámara y cada uno de sus recursos. Mujer en su más alta definición.

 

  ¿Acaso es posible el arte que plasma una pareja? ¿O es que uno concibe y el otro aprueba y produce?

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Bill Viola (c)


Bill Viola...

 


242.

  Bill Viola, poeta del videoarte, pendientes sus bodies-art en extremos, a la vez en opuestos, tal como en la poiesis las palabras. Es de naturaleza del hombre el detrito, dice, porque a su medida áurea responde la corrupción, sea que lo desvista de arriba hacia abajo, como cuando lo reconstruye de repositorios a coronilla. Tal también su diálogo con el agua, la calma del Buda: su sonrisa es reptil de dos cabezas. Vida y muerte, alta ternura y desaprensión. La obra de Viola atraviesa a un tiempo a místicos, filósofos y poetas. La historia del arte dice en él.

 

  Y un nuevo misticismo. Cuando el arte se diviniza,  un paso por delante del arte sacro. Este poeta de la imagen en movimiento, es amado por opuestos: clericales conservadores y revolucionarios.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Bill Viola (c)

Dije del silencio ...


 

241.

  Dije del silencio más profundo: el de la distancia; este del tiempo centellante, cuando levanta columnas de humo y me consume. Junto con escenarios, horizonte y secuencia.

 

  Siempre está el horizonte, aunque no lo vea, mientras presto cultural preferencia al escenario, confundido por la secuencia de hechos y actos, por la casualidad, por lo fatal. ¡Pero qué fácil resulta encolumnar mis pasos hacia el horizonte, visible a través de la escritura!

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Naomity deman (c) 

Espero sin sorpresas...

 


240.

  Espero sin sorpresas, ahora sin visitas; soy amante en retirada, confeso de milagros, alumno de propia sabiduría, censor del tiempo. Dejé de lamentar pérdidas cuando supe de un vasto territorio en la memoria. Todo puede levantarse, es posible iluminar desechos, urdir en nueva trama tanta atadura, recuperar la felicidad en el recuerdo. Mis potencias logran que todo vuelva a suceder, y transcurra mejor, sin fragilidades, sin quebranto.

 

  Sucede cuando la esperanza, don natural del hombre, triunfa. La prefiero a cualquier crítica, a toda certeza de pesimistas. Ella me permite retomar esta serie,  pensando en comunicarla.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Los devoralibros (c)

En soledad ...

 


239.
  En soledad no estoy solo. El noventa por ciento de cada día estoy conmigo, soy mi conviviente educado y tolerante, conocedor de ventajas, fallas y secretos. Administro mis cambios, la evolución de carne y numen, los misterios de la noche, el gesto lírico, la prospectiva y el pendiente. Sumo mares calmos, tempestades, oleajes del amanecer, ansiedades del posible y bloqueos de la edad.

 

  Recuerdo ahora los momentos de mayor soledad en mi existencia, cuando me cercaron las muertes familiares, y viví en habitaciones de pensión o en condominios donde con razón los vecinos me ignoraban. Entonces el dibujo, la escritura que siempre respondió a proyectos de reparación, y por las noches: la radio. En 1968, desde la habitación de una pensión en Almagro, descubrí el tango en la voz poética de Julián Centeya, el de versos orilleros y relatos del malevaje porteño. El hombre gris era  Amleto Enrique Vergiati, ítalo argentino, letrista de tango, que murió muy pocos años después de que lo conociese, en 1974.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: La voz (c)

La puerta de mi departamento ...



238.

  La puerta de mi departamento carece de cara interna. Todo: presente, pasado y futuro, está en la cara exterior de mi puerta cerrada. Hay momentos en los que veo treinta mil cuerpos desaparecidos tatuados en milenario abrazo sobre la madera. Acaso vengan a buscarme; no me resistiré.

 

  Algo que puede hacerse con el tiempo es la equiparación.  Tan impedidos ahora como durante la dictadura, aunque con alguna esperanza más, perfectamente conscientes e informados.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Carlos Alonso (c)

Cautivo. Calle...



 237.

  Cautivo. Calle vedada; aislado en terreno propio, sin proyecto en las ventanas. No digas nada; no digo nada, porque quien escuche supondrá la inmediata infección. Sano mi animal; sana la mente y el sentido común. Llego de la picota y caigo en un tamiz para sobrevivientes.  Todo cuanto componía mi jornada de trabajo un mes y medio atrás, ya no existe. Y no alcanza la invención, sencillamente porque los útiles de labranza son otros. Y desconocidos.

 

  No tuve recreo al cabo de mis operaciones. No supe lo que podría haber sido un regreso con amigos. No alcancé madurez para el amor antes del acoso de una pandemia.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Carlos Alonso (c)

Derivamos atrás ...


 

236.

  Derivamos atrás treinta y ocho años; besos y abrazos se fundieron en este crisol de anuncios sin fronteras. Somos globales ahora, para vida y muerte: amanecemos en China y almorzamos spaghetti en Piazza Navona desierta, mientras escuchamos un batir de remos de Antonio abandonado por sus dioses. Después volamos en alfombra irakí hasta alcanzar tierra natal, y somos bastante más, o mucho menos que argentinos en manos de la pandemia.

 

  La memoria escribe, y al hacerlo consuela. La lectura afirma y vence.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Carlos Gorriarena (c)


Especular será ...

 


  Especular será, como aquella de Leonardo, la escritura que resiste teclados y palabra. No hay secretos aquí, o es que aun en acopio personal de silencios desconfío. Este es tiempo de historias cercenadas, mirada borrosa, aludes que bloquean los caminos.

 

  Lo dicho tantas veces. Cuando la escritura interior es codificada por imposibles. De lo mismo que tiempo atrás me acusaron, yo acuso ahora a todos: no hay comunicación.


(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Escritura especular 


12 de septiembre de 2022

El futuro, como ...


 

234. 

  El futuro, como un querubín borracho, zigzaguea y languidece. La rebeldía dejó de correr tras mis palabras.

 

  Palabras huérfanas de padre y descendencia.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

 Ilustración: Pxfuel (c)


Estoy de verso...


 

233.

  Estoy de verso presente, dice la poeta Angélica Morales. Y me pregunto si el poema es tatuaje o turbia emanación de la melancolía. No alcanza el cuerpo, y el recuerdo más temido precipita piernas abajo sin taludes, ya sin tinta ni sonido.

  La pandemia es este desconocido abrazo de la muerte; una conciencia diferente de cuanto no dijimos ni alcanzamos. Insisto en la escritura, y el verso se puebla con suspiros, columnas de humo en la distancia, animales de los enterramientos, voces difusas, espadas que blandió mi pasado.

 

  El presente acaba resultando un diario deseo de futuros. Y los futuros, una diaria incógnita del deseo. La realidad.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Haenuli Art (c)


Sobre miserias del cuerpo...


 

232.

  Sobre miserias del cuerpo trepa este amor de esfinge, sin latitud ni latido. Continúo integrando la nómina de condenados a muerte, aunque ahora el tiempo pesa y van descolgándose fantasmas entre esperas. Todo dependerá de lo que hagamos/ durar nuestro nombre, ha dicho desde Sevilla Miguel Veyrat; respeto su magisterio y no cesa mi lectura.

  La puerta de calle está cerrada; nadie llega y nadie sale.

 

   Amor mío, mi compañía, mi apoyo permanente. Mi nombre está en tu boca, y en las bocas de mis hijos. No me alcanzarán los brazos para que me pronuncien al estrecharlos.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Gustave Moreau (c)

 

La casa del poeta ...


 

231.

  La casa del poeta existe puertas adentro; de frontis variable, su fachada sugiere solo necesidad de ingreso. La imagen verso a verso atrae y es conjuro que cifra la palabra para alimento de dioses y campeones.

 Ahora, el distanciamiento entroniza la lectura, torna las puertas en batientes sin cerraduras, instala enjambres de obreras en jardines interiores.

  A la hora de escribir, siempre existió confinamiento. Quien diga lo contrario seguramente miente. La escritura conjunta, solo es creativa en el acto individual.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Complejidad (c)


Continúo inmóvil ...



230.

  Continúo inmóvil; la letra me adelanta, desviste al que hubiera sido, echa un sayo gris sobre quien fui. Ella canta sin voz; marcha sin ruedas ni pies. La letra multípara sangra con mi sangre, implora con mi voz, se oculta en mi sombra y canta. Siempre canta.

 

  Aunque letra y voz siempre fueron las mismas, solo en 2011 las descubrí propias. Entonces, volví a mi libertad de infancia, y dispuse de veinticuatro horas diarias para escribir.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Campo de relámpagos (c)


Caen celajes ...

 


229.

  Caen celajes de la memoria; el recuerdo ha muerto, o en realidad jamás nació ninguno de esta especie. Se han cerrado las fronteras, y al mismo tiempo se alza el límite social. Transcurro antesalas del anónimo, y al tomar distancia pierdo el nombre, deja de interesarme el nombre ajeno.

  La suma de experiencias gravita con peso muerto. Miro sin ver; palpo sin reconocer; huelo sin que me atrape el abismo. No hay paraíso perdido ni posible; el infierno dejó de arder. El frío polar penetra mis sentidos; me he sentado a esperar que el dolor cese, ahora que la vertical de humanidad cede.

  Los deseos hilan palomas en altura. Ellas, incontaminadas, arrullan todavía. Pero ninguna echará a volar porque el aislamiento prosigue.

 

  En mi infancia, la libertad consistió en cincuenta metros de fondo, con flores, viña, gallinas y huerta. Las palomas eran entonces simples vigías en lo alto de cornisas. Jamás me atreví a molestarlas. La primera vez que contemplé a una muerta, piedra y honda tuvieron el nombre de mi amigo Jorgito. Después su mamá la cocinó, y la comimos; pero allí, no había vuelo que cupiese.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilyustración: Alamy Stock Photo (c)


Artefacto es hecho ...


 

228.

  Artefacto es hecho de la destreza; artificio, hecho del arte. En el primero, prima  la  técnica, y en el segundo –el que prefiere Borges–, la creatividad. Nicanor Parra define como artefactos, los dibujos a mano alzada en su cuaderno, que combina con textos breves, quizás versos sueltos.  Considero que los caligramas de Apollinaire son claros artificios, como así también las imágenes tortuosas compuestas por escritura con pincel, de León Ferrari. Estas últimas son mis preferidas. Ensayé estas experiencias, y mi fracaso absoluto dio cuenta de las dificultades de la plástica, cuando en el ensayo prima la expresión literaria.

 

  Mis recuerdos de infancia, incluyen múltiples fracasos, al intentar reproducir las pinturas de Xul Solar que ilustraban tapas de la revista El Hogar. El naciente buen gusto por la plástica, no siempre podía responder con idéntico lenguaje. Para aproximarme a la verdad, lo mío serían palabras, y preferiblemente el verso.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: León Ferrari (c)

 


Encontrarse en sí ...


 

227.

  Encontrarse en sí, porque no existe el vacío. Recurro a la memoria, mi continente, y al consuelo de actividades que me atraviesan como sudestes de la renovación. Ahora, en soledad, cuando el ánimo gregario se soslaya, la escritura conduce a cierres diferentes. Pero el oleaje no se detiene; floto y flotamos en una línea de agua quieta, en interiores de la ola, tras la piedra y su destino de arena.

  Al final de esta frase hay una constelación, dijo Rafael Felipe Oteriño en su Poética, porque por igual la realidad nos aborda. Y el mundo está ahí, aunque más lejos estos días.

 La edición, la palabra en otros: mi consuelo; la elección del maestro, mayúsculo aliento en tiempos crepusculares. Rafael Felipe Oteriño, poeta mayor de mi ciudad, cuya amistad me honra. Recuerdo ahora que en 2008 consulté por la edición de uno de mis poemarios a Pablo Anadón -Ediciones del Copista, entonces–. El libro que le presenté, fue el poemario que finalmente publiqué en 2013 con el título A ojo y de oídas. Pablo Anadón me había contestado entonces, diciéndome que había en esta selección algunos poemas maduros, pero que en general debía estacionar el libro por algún tiempo, para que el contenido decantara. Como si se tratase de vino, pensé.

  Si la comparación vale, desde aquella consulta decantaron en las vasijas vinarias de la mirada, poemas de otros muchos libros que publiqué. Y por añadidura, debo confesar que aún me tienta decantar viejos poemas al ejercer la propia relectura. 

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Mar del Plata 


Mi cuerpo se alza ...

 


226.

  Mi cuerpo se alza sobre dos piernas aferradas a la evolución. Ellas flaquean tras el paso largo, y bajo aceleración de palpitaciones. Sobre tales columnas: el sexo dormido durante lapso prolongado, y un vientre dos veces perforado, sensible al roce y del que todo contenido intenta fugar hacia el exterior y las galaxias. Pese al vuelo verbal, este es tiempo de alas breves incapaces de sostener el esqueleto más allá de un instante de gloria. Mis manos duelen en cada articulación; confiesan la torpeza del desuso, y solo sirven –como ahora mismo– a la hora de teclear. Le son negadas caricias a mis extremidades superiores, como así a unos labios, secos y con frecuencia ampollados. Y mi cabeza: ¡qué decir de ella!, siempre en hervor, siempre acompasando al órgano cordial, incapacitada de corridas y entrega. Cabeza abajo: ella vuelca por accidente y se derrama en angustia y llanto.

 

  Confieso el crepúsculo. Aunque busco aún satisfacer deseos. Me detengo al descubrir la belleza en cada imagen. Mi existencia consiste en intermediar las artes.


(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Imogen Cunningham (c)


Desde el inconsciente ...

 


225.

  Desde el inconsciente las palabras dictan, y después Imogen Cunningham fotografía. Decía Pablo: … Noches con ejes claros, / partida, material, únicamente voz,  únicamente/ desnuda cada día. / Sobre tus pechos de corriente inmóvil, / sobre tus piernas de dureza y agua, / sobre la permanencia y el orgullo/ de tu pelo desnudo Y mis palabras brotaron verdes y grana, apilaron muros, diques, la corriente  anarquista de mi adolescente. Y cincuenta y ocho años más, como si fueran un simple parpadeo.

 

  De Alianza (sonata), en Tercera Residencia son los versos transcriptos. Insinúan la imagen desbordante de la amante secreta de Pablo Neruda. Y mis primeras experiencias sexuales, como consecuencia. Increíblemente, esos libros aún pueblan mi biblioteca; los que no presté se mantienen casi nuevos. Son parte de mi cuerpo, indudablemente, pero contradicen a la carne porque no envejecen.


(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Imogen Cunningham (c)


4 de septiembre de 2022

No hay mayor desnudez ...

 


224.

  No hay mayor desnudez que la del inconsciente. Allí encontraré el primer idioma: dolores de Adán, culpas de Caín, sospechas de Eva. Regreso a las primeras lecturas: Descubrimientos espirituales de Giovanni Papini, a mis catorce, y el Pablo Neruda de Tercera residencia, a mis quince. El deseo, la belleza, el arte, montaban la potencia adolescente, y hubo brillo en placeres de toda desnudez. Después Herman Hesse y particularmente Demián, a despecho de las opiniones de don Julio.

 

  Mis regresos al pueblo natal en los veranos; las primeras pilas de libros, ingenuas todavía. Las compras en librerías transparentaban lecturas de mi hermana mayor, y recomendaciones formativas de mi madre.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Arnaldo Macedo (c)