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14 de enero de 2012

Celebración y homenaje en vísperas





Preguntas



En mi principio está mi fin
T S Elliot

Vuelvo a ver a mi madre de mí grávida
(imagen, claro honor de la palabra)
De espaldas al naciente – terca – tenue
En el mismo momento en que se acuesta
Para traerme al mundo        En que me mira
Preguntando al latido que aún anudo
Con plancha y con botón en las mañanas:

- ¿Dónde la opacidad viste de espejos?
¿Acaso es en mi brazo que presientes
Una ballesta   Un arco         Una saeta?
- ¿Cuál de tus días encerró mi muerte?

                                               (Buscabas madre en mi futuro un nido)


Más tarde habré llegado interrogante
De tu joven mujer     Del misterio
En la calle arbolada de tu pecho

                                               (Las tardes denunciando los otoños
                                               La escarcha bostezando en las acequias)

La punta de tu ausencia
Preguntando
Estas mismas preguntas del domingo:
Vestíbulo amarillo
Moribunda la lámpara
Y algo encendió en tu fotografía

- ¿Dónde la opacidad viste de espejos?
¿Acaso es en mi brazo que presientes
Una ballesta   Un arco         Una saeta?
- ¿Cuál de tus días encerró mi muerte?

                                               (¿No son los mismos ojos que preguntan?)


© Carlos Enrique Cartolano y Taller de Letras. De La resurrección de Neruda, 1998

Quintetos de soleados





Purga ciudadana

Algo purga la ciudad esta mañana
Ellos marchan tras el ardor. No yo:
Mi piel canta el silencio del sol
Y a solas este amor celebra vísperas
Del aire disponible y empellón adelante.


Blancas osamentas

Los que en la arena se tuestan
Van dejando jirones de piel. Cambian
Colores del hueso afuera: Adentro
Blanquean igual que osamentas
Regadas al azar sobre el campo.


Sangre obediente

Yo no. A solas y asolado por el astro
Llevo los brillos al máximo interior
Cuanto más color en la profundidad
Noche dentro es negro de hueso. Negro
De sangre y de sangre obediente.


© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

13 de enero de 2012

Quintetos con Aglaura






Porque yo era la rima sin palabra
Y la rosa inhallable del ensueño
Que es inútil que cante o que se abra
Mientras no llegue el que será su dueño.
Leopoldo Lugones, Cancionero de Aglaura
–La íntima sinfonía-, 1928
Ella entra

Ella que corta mi espacio vital. Ella
Entra en mi contorno y acude sin llamado
Sube conmigo las ofertas/ Trepa
En los títulos. Sonríe con placer. Ella
Que obstaculiza con dulzor y suficiencia.


Ella media

Ella que media entre mis ojos y mañana
Celebra su jornada y arma la librería:
No hay libros sin mí supone en sus labios
Ella en silencio y sin mirarme sumergida
Conmigo en lírica ficción y ensayo.


Ella habita

Es una forma de leer y también cuela
A veces entre versos o entre párrafos
Ella mi sombra y mi antípoda y mi día
Final pero el primero y éste que madura.
De ella no se prescinde: habita.


Ella árbitro

Porque dicta y me lee y corrige y es
Ineludible su rigor sentada al escritorio
Ella atiende editores y lectores. Vende
Mi mejor parte y perdona las enfermas
Es mi rumbo y el camino mismo: Ella es.


Ella va en mi letra

Con ojos de caramelo o de azabache
La mirada fija insobornable y fiel es
Mi amor secreto confeso y público. Es
La suela y mis zapatos. Mano y pulso
Letra y tinta. Ella está en mis ojos.


Ella no me mira

Aunque pare en la otra orilla. En España
O Buenos Aires/ En México DF o en Lima
O aquí frente a esta vidriera. Porque ella
No me mira pero comparte mi otoñal pasión:
La de Lugones. Ha aceptado llamarse Aglaura.


© Carlos Enrique Cartolano. De Negro de hueso, 2012

10 de enero de 2012

Muchachos



por Julio Huasi


tan solo, tan lejos, tan sin ellos
buscando a ciegas un fusil para traerles un milagro
que harán los muchachos ahora, dónde duermen si duermen,
qué hacen sus manos queridas, qué’ acarician si acarician,
qué dolor estrangulan a solas sin ruido
que un hombre macho no debe llorar.
Argentina, te llevo oculta como un ladrón,
tus puntas me rompen la piel y me delatan,
quedate quieta, amor, nos miran, somos tus huerfanitos
entre la última curda y la revolución
disparando en tu honor estos cachos de muerte.
Hoy ando con una garúa feroz, cómo llovizna tu sangre,
llevo treinta nenes llorándome en el alma
todos juntos.



(de "Sangral América")


Julio Ciesler (Huasi). Buenos Aires 1935-1987. Poeta de la revolución. Integró el elenco de PRENSA LATINA, fue admirado por Cortázar, vivió el exilio en Chile y en España y regresó a nuestro país al cabo de la dictadura militar. Obras: Sonata popular Buenos Aires, Cuadernos de Cultura, 1959; Lírico hollín (1955-57); Yanquería (1958-59), Ediciones del Río de La Plata, 1960; Violento casorio o las bodas universales (1961-62); Los increíbles, Ediciones Reunidas Ultimátum, 1965; Bandolor (1965-66); Sangral américa (1971). Este libro y el anterior fueron reunidos en un volumen de la colección La Honda de Casa de las Américas, La Habana, 1971; Asesinaciones (1972-81), Puerta del Sol, Madrid, 1981; Hernández editor, 1985; Matria mía azul (1983), Hernández editor, 1985; Comparancia (1982-84), Hernández editor, 1985. Fue colaborador de primer momento del Diario de las Madres de Plaza de Mayo; lleva su nombre la Biblioteca Popular de la Casa de las Madres.

Quintetos de frontera




Podrá alcanzarme

Podrá alcanzarme en la noche
Última o tal vez mientras coma:
Suelo atragantarme con tanto
Prodigio amañado de mis sueños
Entre palabras sonidos y silencio.


Será un viaje

Entonces hablaré con ella
Le preguntaré por mi viaje. Si
Hará buen tiempo de aquel lado
Si hay moros en la costa en el cerro
O inundación en tierras bajas.


¿Sin palabras?

Quizás no me conteste. Me mire
Grave tan segura de sí oronda
De estar en tiempo puntual si no
Esperada al menos comprendida
O me diga simplemente: vamos.


Vamos

Como le digo yo a mi perra
O alguna me dijo entre sonrisas
Deslizando precios y rubores.
¡Vamos! Si sabés a dónde y cómo
Si has pasado una vida imaginando.


Cine mudo

No hay lugar para renuncias. No.
Me han de conformar imágenes
Que repite el cinematógrafo mudo:
No quedan palabras. Ni anuncios.
Todo arde urgente en los altares.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De Brida, 2012

7 de enero de 2012

Estrella





Su ímpetu es amargo,
su canto es estruendo.
Pablo Neruda, Una casa en la arena - 1966

Esta mañana arrebaté
Una estrella solitaria
A la rémora
De pajonal/ Líneas
Y laterío.

El señor del lugar
Que es severo
Me impuso antes
La atención
A premios y rescates.

Volví: la sometí
Al sol
(esta luz de junio
sin memoria)
Para acostumbrarla
Al lecho seco
Y sin vaivenes.

Porque he aquí
Cuál es mi mundo
De estrellas olvidadas:

En mis ventanas
No existen señoríos
Tampoco dispongo
De covachas
Con ventanas
Marineras
Para transcribir
Miradas de playa
Y voluntad de yodos.

Sólo sé que estoy cerca
No me alejo
Y que al fin otorgo
Lo que quieren
El mar que bulle
Diariamente
Desde un corazón secreto

Y Dios
Que gira el trompo
Y vela eterno
Sobre agua y tierra.


© Carlos Enrique Cartolano. De Brida, 2011 (inédito)
República Argentina

Con este poema participo del cuarto Concurso de Poesía de Heptagrama.

 
Portal de Poesia Contemporanea
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5 de enero de 2012

Ingrid Bergman según Joaquín O Giannuzzi...




Ingrid Bergman

Mi proyecto erótico de los 18 años.
Una vez le hice señas desde la oscuridad
y ella se desprendió de los brazos de Gary Grant.
Se despegó de la pantalla,
vino hacia mi butaca, se sentó en mis rodillas
y no se levantó hasta que mis pantalones se humedecieron
y the end.
Qué poesía amarga la de mi vida en esa época.
Ahora debe andar por los sesenta y tantos
y yo fumo veinte cigarrillos por día para no sentirme
excesivamente dramático.

Adiós a Ingrid

Las cosas que sucedían a la vez:
en la pantalla
ella reía sacándose los guantes.
Yo jadeaba en la oscuridad, fantaseando
con intimas imágenes
mientras llovía en la calle
y era en marzo de 1938.
Todo eso cabe ahora en una cucharita de té
bien mezclado al cáncer
que la mató cuarenta años después,
cuando lo supe sin ninguna emoción particular mientras me afeitaba escuchando la radio
y muchas cosas
habían muerto fatigadas y a la vez.
De Joaquín O.Giannuzzi (1924 – 2004) : "Ingrid Bergman" y "Adiós a Ingrid"

4 de enero de 2012

Quintetos de la resistencia





Pérdidas

Después del último tsunami
Comencé a perder los dientes.
Antes fue el sueño y el gusto
Por ciertas comidas italianas:
Es que aún arde la conciencia.


En la ventana

Cuando el espíritu se asoma
O cuando me autoriza el cascarón
Ahí topo el quinteto. Cara
Del verdadero ésta que observa
Esconde la seca: vil careta ajada.


El viejo

Observa sólo mira impotente
Inútil amorfo no querible cojo
Mascarón sin barco mapa
Sin territorio que viene suspendido
De mis ateojos columpiando.


Memoria

Es el cuerpo: el que condujo
A veladas y jolgorios dibujaba
Sonrisas del alma. El mismo
Que ahora duele porque acaba
Aterriza o evapora o desintegra.


Jardín a oscuras

Y ya no escribe ni traza
Estrías arroyos al corazón
Ahora calla. Y está tu risa:
Esa fruta madura secciona
Mis manos. Inasible inasible.


Conciencia

Entonces veo lo mejor de mí:
No tiene manos ni palabras
Corre encerrado en prisión
De hueso y carnes mustias.
¡Y para peor estos tsunamis!


Torpeza

Él no los ve los pisa los echa
A rodar como bolitas o quiere
Hacer que vuelen entre insectos
De luz de noche. No son
Para el cuerpo los quintetos. No.


Antiguo ardor

Arde la conciencia digo. Todavía
Advierto y espero y me sorprende
La tarde en sus rubores de dama
Triste. O la noche y su bullicio
De perros olvidados al sereno.


(c) Carlos Enrique Cartolano. De Brida, 2012

3 de enero de 2012

Ayer vendrá








La tarde va a morir; en los caminos
se ciega triste o se detiene un aire
bajo y sin luz; entre las ramas altas,
mortal, casi vibrante,
queda el último sol; la tierra huele,
empieza a oler; las aves
van rompiendo un espejo con su vuelo;
la sombra es el silencio de la tarde.
Te he sentido llorar: no sé a quién lloras.
Hay un humo distante,
un tren, que acaso vuelve, mientras dices:
Soy tu propio dolor, déjame amarte.

Luis Rosales
(de Rimas, 1951)



Luis Rosales Camacho (Granada, 31 de mayo de 1910Madrid, 24 de octubre de 1992) fue un gran poeta y ensayista español de la generación de 1936. Miembro de la Real Academia Española y de la Hispanic Society of America desde 1962. Obtuvo el Premio Cervantes en 1982 por el conjunto de su obra literaria.

1 de enero de 2012

Quintetos de año nuevo




Plaza

Romper para salir. Bajar
Por encontrar nuevos aldabones
Del siglo: hoy visten forma de plaza
(despoblada pero luciente)
Bajo el sol cargado con promesas.


El fin

Quise ver anuncios del año pasado
Carteles expuestos al tiempo a miradas
Ajenas al destino de cada cual al azar
De erupciones interiores. Pero no:
No quedan rastros son extintas vanaglorias.


Las lluvias

Los borraron las lluvias. Ese río
Pura piel que a todos toca y lava:
Las palabras las letras ya se sabe
Si exteriores son de muerte súbita
Arden destiñen derriten y desaparecen.


Presente

Sólo espectros de celulosa. Áspides
De este tiempo ponzoña de inundaciones
Que bajan con el agua. La vida en tiras
Del pasado flameando en la corteza:
Hoy para todos el presente escurre.


El comienzo

Distinto resultaría grabar con fuego
Editar en piedra o en metales. Fundar
Cimientos desde el alma. El amor levanta
Al hombre hasta las cumbres: basta
Romper lazos del mundo y sus fantasmas.


(c) Carlos Enrique Cartolano. Brida, 2012 

28 de diciembre de 2011

Quintetos inocentes



Exhalación

Sobre manos antiguas bulle el tiempo
No cuento adelante ni detrás. No me cuenta
Con lo que falta ni con lo que pasó
No vencido ni prematuro. No: no queda tiempo
Fuera de unas manos breves y pulidas.

Quinto

Son cuatro falta un quinto: el que sacude
El manzano levanta la voz ronca ríe risa sonora
Ése resta para la suma lánguida y opaca
Sin el quinto que sacude iras frustraciones
Y llantos. ¿Lo conocen? ¿Lo convocan?

Inocentes

Lágrimas en el valle de inocentes. Llanto
Por los que ya no existen: agonía
De los que aún parten la tierra mascan
El freno y han renunciado al alarido.
Son lágrimas filosas como sentencias.

(c) Carlos Enrique Cartolano. Brida, 2011.

26 de diciembre de 2011

Quintetos digitales





Perfil

Esta imagen: esa tu cara
Quién sabe cómo es fuera de mí
Cómo pueden verla cientos y miles
De visitantes. Tu perfil es aire
Que respiro y me penetra las manos.


Colada

Por eso digo que no te parecés
A vos cuando estás aquí contenida
Cuando te vemos yo mi conveniencia
La propia espera: el plato en que gotean
Unas pocas palabras.


Carencia

Competimos por alcanzar las tierras altas
Peleamos todos contra todos
Por la rostra: una idea central un espíritu
Que habitara todo y todos. Y qué nos queda
Con Dios pendiente y sin amor.


Mundo digital

Es digital basta tocar: un solo clic
Y podré estar a tu lado
O esperándote en el porch de tu casa
Escudándome del viento con arena
De la playa. En tu boca y en tu corazón.

(c) Carlos Enrique Cartolano. Brida, 2011.

23 de diciembre de 2011

Quintetos de regreso




Luces del horizonte

Bajo llave la noche sin frontera sin luna
Cerrados la boca y los puños
Sólo apostar por luces del horizonte
¿Pero cuál de esos guiños? ¿Qué mirada
Llama alcanza y enciende inflama?

Desorientados

Ronca estática del cíclope. Nadie
Ronda cerrando lazos y preguntas:
¿Hacia dónde? ¿Hacia dónde
Apunta el corazón amor dónde abreva?
Los caminos bifurcan y diluvia diluvia.

Giros

Giramos con la aguja. En esta hora
De brújula inestable giramos giramos
Copiamos locura de otros. Calcamos
a otros la locura propia. En esta hora
De enloquecida brújula llueve.

Palomas

Depuesto el mareo asienta la mañana
Entre luces de gala aquí las palomas
Todavía arrullan trasladan plumas
Del aire a la ventana. Aunque nadie
Parece mentira nadie diga por cuánto más.

Amebas


por Ángeles Prieto Barba

 


Cuentan que Isaac Albéniz, mientras impartía clases de piano por las tardes para mantener a su familia, un buen día escuchó cómo un aventajado alumno, muy formal, le regaló una interpretación del Claro de Luna de Beethoven absolutamente perfecta, sin ninguna tacha o error técnico que pudiera reprocharle, pero con idéntica pose fría, el mismo rostro hierático y aplicado con el que entró.

-          ¿Usted tiene esposa, muchacho?, le preguntó.
-          No, maestro, soy muy joven para siquiera planteármelo.
-          Entonces, ¿tendrá novia?
-          No tengo tiempo, tengo mucho que estudiar, aprender y practicar.
-          Pues mejor que vaya dejando esto pronto, caballerete, para la música no sirven aquellos que tienen en las venas sangre de horchata.

La brusca respuesta de Albéniz respondía a su carácter expeditivo, enérgico y apasionado, pero tenía razón. Pues nulo arte puede mostrar quien nada tiene que ofrecer. Así, si reducimos música, pintura o escritura a la mera exhibición glamourosa de la inteligencia o supuesto talento de sus autores, sin intento alguno de comunicación con quien pueda mirarlos, aspiración de la que brota esa emoción necesaria, todo quedará en humo, en nada.

Pues el amor, ese esfuerzo irracional que debemos realizar para comprender, empatizar, entrar en una misma sintonía con alguien distinto, no compatibiliza nada con la egoísta contemplación del ombligo propio, ni siquiera del ajeno, si ese otro no sirve más que para adornar el nuestro, para ser objeto de envidias al contar con compañía supuestamente grata.

Las relaciones entre hombres y mujeres han variado muchísimo en estos últimos años, volviéndose ahora increíblemente hoscas tras la lucha, el éxito y la celebración conjunta de la tan añorada igualdad por los dos sexos que se llevó a cabo en los años sesenta y setenta, tan lejanos. La equivocada traducción que realizaron algunos hombres y mujeres de la palabra feminismo por la de competición, ha conducido al varón a la lejanía y a la indiferencia, cuando no al rechazo frontal del compromiso y el esfuerzo necesario para la perdurabilidad de toda relación enriquecedora, esa que sólo puede darse entre inteligencias y sensibilidades parejas, iguales.

Del mismo modo, las mujeres a diario cumplen con sus roles público y privado, ambos con altos niveles de exigencia y competición, obligadas a demostrar siempre su valía, apresuradas, frustradas, corriendo de un lado a otro, sin apenas tiempo para el cuidado e imaginación que su pareja necesita y al que frecuentemente relega, debiendo colocar entre sus disponibilidades temporales al varón mucho después del eficaz ejercicio de su trabajo y del cuidado amoroso de los hijos.

Pero aún en estos tiempos “profesionales” el amor no sólo es factible, sino también muy necesario. La naturaleza acaba por rebelarse dado que nadie puede continuar mucho tiempo en este mundo brutal sin siquiera una caricia comprensiva, un hombro en el que apoyarse.

Algo tan sencillo de resolver como adoptar ante quien nos interese una actitud distinta. Abierta, honesta y gentil en el trato, comprensiva y no agresiva. Toda esa magia que estalla cuando, en creativa armonía, uno puede comprender todos los guiños que le hace el otro, cobrando sentido cada vieja y cada nueva palabra que en el diálogo amoroso se establece, sin otro fin ni aspiración que la de llegar al corazón ajeno, es lo que se ha perdido. El diálogo, verdadero vehículo del amor, constituyendo el preponderante y sobrevalorado sexo tan sólo una prolongación gimnástica del mismo.

Lo que Cortázar intuyó y definió como la comunicación amorosa cómplice y sin censuras, con aspiración a convertirse en interminable, que sólo puede darse con la premisa del respeto admirativo, de una confianza absolutamente inquebrantable cuando uno es capaz de amar con verdades, con los ojos sabios y bien abiertos, aceptando debilidades, indecisiones, defectos, no hablemos siquiera en cuestiones de pareja de la falta de peculio o de un currículum académico o artístico por el que esta sociedad tan competitiva, ciega e injusta, se guía para premiar siempre a los mismos listos. Sociedad fascistoide que nos divide en arañas sin escrúpulos, trepadoras y encumbradas, frente a patéticos insectos aspirantes, mucho menos miserables.

Porque siquiera en nuestros días, ¿el diálogo se puede conseguir? ¿El amor eterno, acaso perdurable, es posible? Existe, yo soy testigo y puedo exponeros un ejemplo. Pues hace años, durante la reproducción en vídeo de un documental biográfico, contemplé a una muy risueña pareja de ancianitos que entablaron ante las cámaras una conversación brillante. Mucho más que eso: una plática tan llena de humor, tan inteligente y chispeante que me hizo de inmediato rebobinar la cinta cuando terminó, a fin de que constatar de nuevo lo que allí había sentido y escuchado. Pues aquellos abuelos, llamados Igor y Vera, no sólo se limitaron a repasar su vida entre convulsiones sociales e históricas, grandes nombres propios, reflexiones filosóficas, amigos famosos y otros por completo desconocidos, defectos y problemas mutuos que lograron solventar apoyados el uno en el otro; no, más bien se dedicaron gestos, ideas y palabras tan alegres, lúcidas y jóvenes, que dejaron fuera a la cámara por completo, que lograban parar el tiempo. Eran ellos dos, la alegría que se transmitían el uno al otro, lo que te atraía. Si el amor es el menor espectáculo del mundo porque sólo dos así lo ven y así lo sienten, aquello trascendía y podíamos contemplarlo todos.

Y más tarde, yo sólo pude agradecer que el viejecito Igor se apellidara, además, Stravinsky y que hubiera sido el mayor compositor que nos legara el siglo pasado, para lanzarme como una loca a conocer su historia mutua y sus secretos, pues llevaban así de felices sesenta y siete años, tiempo que va desde que se conocieron en París en 1921, hasta 1968 en que fue realizado aquel reportaje.

Sí, pues a Igor Fiódorovich Stravinsky (1882-1971) un amigo común, tras una época de fama, vida loca y francachelas, años de juventud disipada en soledad acompañada, lo notó muy triste y deprimido. No era para menos, pues en aquellos tiempos Igor pensaba tirar por completo la toalla de la composición y volver a Rusia para vivir allí dando clases, quizá bajo la sombra atroz de la culpa pues, mientras ganaba y dilapidaba dinero en París, acompañado de las estrellas del momento, como su amante Coco Chanel, en Rusia permanecía su familia, su esposa Katerina Nossenko y sus cuatro hijos, uno de los cuales, junto a su mujer, aquejados seriamente de tuberculosis.

Así pues, este amigo decidió que para animar al feo maestro de “La consagración de la primavera”, a fin de que aparcara el alcohol y las fiestas y volviera a componer, debería presentarle a alguien muy especial, como resultó ser aquella rusa parisina, la alegre bailarina Vera Sudeykina de Bosset, bastante más conocida en el mundillo por su carácter risueño, sus agudas contestaciones y sus chistes insidiosos, que por el arte de su danza. 

Vera tampoco era feliz, pese a su carácter divertido y bromista ante las penurias y adversidades de la vida bohemia. Pues toleraba un matrimonio complicado y sin hijos con Serge Sudeikin, pintor y diseñador de escenarios, de quien se separó al poco tiempo de conocer a Igor, cuando decidieron buscar un refugio donde poder encontrarse a ratos.

Porque su encuentro no supuso un flechazo, ni siquiera un fulminante amor fou  que les hiciera tirar todo por la borda y hacer daño ajeno dado que, durante dieciocho años, Vera e Igor decidieron que en modo alguno su amor debía molestar a la familia rusa de Stravisnky, por lo cual en este periodo la vida del compositor transcurrió entre Moscú y París continuamente.

Sin duda, en estos tiempos a él todas lo criticaríamos sin piedad: ¡oh, el sagrado compositor burgués que, con su doble vida, arrastra el nombre de la esposa por el fango!, ¡debería él también haberse divorciado!. Pero el caso es que la vida, si algo nos enseña, es a intentar comprender y no juzgar, vidas ajenas. De hecho, la enfermiza Katerina conocía bien la existencia de Vera e incluso la aprobaba. Murió en 1939, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, junto con la madre de Stravinsky y su hija menor, Mika. Y en 1940, Vera e Igor, ante la situación bélica no exenta de riesgos, a Nueva York marcharon iniciando allí una larga y plácida vida feliz de la que todos fueron testigos hasta la muerte del maestro, que ahora yace en Venecia, en la isla de San Michele, muy cerca de la tumba de su amigo el gran Diaghilev.

El caso es que la influencia de Vera en la vida de Igor fue creciendo hasta convertirse en imprescindible e irrenunciable, pues tras su conjunta afición por la literatura  (W. H. Auden, Eliot, André Gide) hizo que éste emprendiera una carrera musical increíble e inquieta, plena de transformaciones, con muy diversas etapas de las que hoy podemos disfrutar todos: Octeto (1923), Oedipus Rex (1927), la increíble ópera The Rake progress (1951) basada en las pinturas de William Hogarth, Tres canciones de Shakespeare (1953),. In memoriam Dylan Thomas (1954) entre otros muchos títulos.

Pero antes de que los prejuicios actuales nos lleven a lamentar que Vera sólo fuera sombra tras los despliegues virtuosos del gran maestro, déjenme recordarles que el compositor genial, así como la simpática Vera, fueron también sombra tras esa obra musical, aquel despliegue de amor que nos legaron y lo único que debe importarnos. Ellos fueron felices.
        
Todos seremos huesos, polvo, ceniza y olvido. Pero mientras, no podemos ser más que amebas tristes, arrastrándonos penosas, si no contamos con el cálido amor de otro.

18 de diciembre de 2011

Más quintetos de oriente



Soledades





Risas en las escaleras


¿Suben o bajan? Suben:


Risas más livianas que el aire


De la ciudad: enfermo de sirenas


Alarmas desbocadas/ Llantos.










Soledades II




La noche acoge este insomnio


Junto a múltiples ladridos.


Distancia. Llamado. Respuesta:


Agonía o encuentro. Aleatoria


Como el mismo amanecer.




Soledades III




Mis hijos se disponen ahora


En anaqueles de biblioteca.


Esperan como libros a medio leer:


Hay que buscar la marca. Volver


La página y ponerse al día.




Soledades IV




Fue necesario ocultar


El silencio. Buscarse manos


Y pies y besos propios y sed


Que saciar y cercadas noches:


Descubrimiento y conquista.