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10 de julio de 2022

La fecha se hunde ...

 


165.

  La fecha se hunde y el presente adensa. Como dice Joanne Kyger, llego con la dulce apreciación/ de un futuro extinguido, y tanto como a la poeta me urge el orden del extremo opuesto, ese que otros aprecien al notarme existente todavía. No el futuro de lunes y propuesta, no aquel que agota su tarde en almanaques de peluquería, ni el sagrado que en vano supusieron Ulises, Romeo o Gagarin, de regreso a puerto y mesa familiar.

  El tiempo es piedra pómez y el amor perdido escama, endurece pieles y mirada. Solo recuerdos cuando se ha vuelto infranqueable la noche. Soñadas fragancia y humedad de palmas sobre genitales del paraíso.

  Y el muro levanta sombras desprendidas del cuerpo.

 

  Hasta aquí llegué, hermano y hermanita. Solo ausencias en sagrarios que levantaron los mayores, y un sabor a cosa inacabada, el humo que me gana espacios hasta ahogarme, los que creyeron porque no dije, lo que interpretaron bien o mal en cuanto dejé escrito. Todo eso es mi vida; el diario será parcial cuando lleguen a buscarme.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Bahman Mohassess (c)


Corazón de carne y piedra ...



164.

  Corazón de carne y piedra, ha dicho Miguel Veyrat, siempre cercano, hermano en lengua, preguntas y esperanza. Y recuerdo a mi maestro de primera hora, Joaquín O. Giannuzzi, de corazón sangrante, arrojado a tumbos sobre el adoquinado. Son las condiciones de la época; nos piden la carne sensible, pero también la piedra avezada en resistencias. Empedrado el corazón entonces; la historia atestigua, como en tantos más.

  Nuestra experiencia, maestros -vivo uno y muerto el otro-, es la de páramos y jungla, impotencia en la palabra y fortaleza menguante, de muros sin escalas; al fin, la del silencio.

 

  Es que fui educado con el mito de lo eterno, y termino de espaldas al muro, frente al pelotón de fusilamiento. No callaré, no permitiré que se los olvide, me subiré a cuanto permanezca, y con ello haré el amor.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Hateshepsut (c)

 

La mujer que camina...

 


163.

  La mujer que camina por la playa mira sus pies; contempla la humedad, cuando se expande bajo presión del paso. Los recuerdos que abrillantan tesoros ocultos en la arena empapada, marchan luego a cadalsos del olvido. Hay selección indescifrable en pérdidas y encuentros. Porque hay dos miradas inconciliables, dos tiempos en distracto.

  La mujer que camina por la playa ignora qué o quiénes la preceden, o siguen tras sus huellas, quién la observa, qué la espera. Pero de ambos lados, el recuerdo, si bien imperceptible en soledades, apareja.

 

  Así, mi espera no tiene nombre o es para muchos peregrinos. Una mujer, una palabra siempre olvidada, un brillo que por momentos me cegó, la confianza en quien traiciona, la llaga que abrió en mí algún recelo, mensajes a los que fui insensible. Amores de largo, tanta vida ignorada.


(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Freepik 

 

 


6 de julio de 2022

Hemopalabra...

 


162.

  Hemopalabra: no hay fluido de curso más sutil que mirada y habla. Una dice; la otra contempla. Ambas son de provisión crítica, su ciencia finca en la escasez. El torrente lleva vocación oceánica, aunque es arroyo de múltiples efluentes.

  Así va el destino del hombre: con dos ojos, una boca, y la delgada hidrografía que no basta. Y cuando, por añadidura, el torrente es cero negativo, habrán de buscarse donantes entre atlantes sobrevivientes, o alienígenas de visita.


  ¡Ah, los goteos! Lágrimas y sangre, al gravitar, transparentes unas, cargada de rojo oxígeno la otra. Así, las palabras pueden transparentar, colorearse, gotear en vertical o en versos, revelar el nombre, denunciar la lengua. Y las tres son resistencia a muerte.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Ecodiario (c)


Un ser aparte vive ...

 


161.

  Un ser aparte vive en cada cual; el estar minotauro que espera ser abatido. La conciencia del fin, al cabo del laberinto, con alaridos del héroe al que el acero teme. La piel gruesa también tiembla, cuando se vela en propio espectador y el cuello es frágil.

 

  Así, los reinados tienen fin, y existen héroes de solo un día. ¿Qué se gana con eludir la espada? ¿Cuánto se pierde al ansiar el vientre perfecto, si ya no es tiempo para hallazgos?  ¿Dónde abandoné las promesas de una noche en que subí mi hoguera a las estrellas? Acaso su mirada, fija en mí, aún existe.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Bahman Mohassess (c)

 


Acabé voceando ...


 

160.

  Acabé voceando sólo cosas que mi corazón decía. Y las palabras cargaron nombres, los recuerdos fechas; entonces, mis ansias extrañaron torsos que abrazar y bocas para volver a besar. La existencia es nudo apretado de lágrimas y alborozos, placer y muros medianeros. Porque cuanto acaba gotea, y lo que se me anuncia es invasión y desborde.

  Eso dice Bahman Mohassess–el Picasso persa–, y esto me digo en soledad, o a mitad de cúmulos sinfín.

 

  Acaso ver más allá sea un vicio del artista. Cuánto gozo quebrado, cuánto placer pendiente por dejarse llevar tras profecías de lo desconocido. Entonces: soledad y distancia, el dolor más intenso.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Schezo", 2021

Ilustración: Bahman Mohassess (c)


Vuelvo al papel...



159.

  Vuelvo al papel mirándome la cicatriz por mirarte. Soy la marca de tu amor, soy una cicatriz, y cuando escribo te asomás a tu propio recuerdo por mirarme. Somos la mirada simultánea, somos un dúo irrepetible de cicatrices; somos heridas del agua, del aire, del fuego y de la tierra. Volvés al papel mirándote en espejos de tu propia cicatriz, y escribimos. Por instantes se establece el diálogo, aunque el vórtice del ápeiron muy pronto diluye el sucedido y vuelve a la indefinición.

  Ahora escribo –y escribís, escriben– por sostener el inédito verbal del 12 de enero, cuando dije: la literatura es un diálogo de cicatrices, con mi sorpresa al sorprenderte, y sorprenderlos. Sergio, Bibi, Fabio, Rubén, Sebastián, Silvina, gracias por mantener el diálogo que fundó Borges –una vez amé, y ahora recuerdo–. Maestro Oteriño: comprobamos la andadura de tu conversación infinita, y es la gloria.

  La literatura, en fin, asegura sobrevida, se impone a lo indefinible, responde y carga vocación de infinito.

   Ojalá así sea, y que alguna vez se llame eternidad a la literatura. 


(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Herchii (c)


12 de enero de 2020...


 

158.

  12 de enero de 2020. Ya estoy próximo a cumplir diez años escribiendo en la ciudad; aquí vivo por libre elección, y siento que es mi mundo. Presento en sociedad un libro, con seguridad digo: el más sincero de los que llevo publicados. En este tiempo estoy parado en una esquina –de Mar del Plata, aunque intersección presente en cualquier pueblo– donde se encuentran lo escrito con lo que me resta escribir, el proyecto con el transcurrido. Es lugar de lectura, un carrusel de lectores –algunos con rostros amigos, otros incógnitos, todos estimables– a quienes he dedicado cada línea desde hace sesenta años. Alguien dijo que todos somos inéditos; es verdad, pero agregaría hoy: se nos edita con cada lectura. 

  En este día alzo una plegaria terrena: que mi palabra sea semilla de nuevas palabras; las de resistencia, las de sobrevida, las del verdadero amor.

 

  ¿Quién, puesto a leer o escribir, no ha pensado en todo ello? El libro es cima del arte y la cultura. Para él nací, él me educó, y con él vivo. Tuve mi primera biblioteca a los siete años, aunque entonces compartida con mi hermana. Después, itineré con algunos o muchos libros a cuestas por diversos caminos; y tras múltiples mudanzas, siempre me resultaba definitorio el lugar para escribir, y las posibilidades de armar mi biblioteca.

  Y a propósito de biblioteca –y diccionarios de la lengua–, se me veda la conjugación de itinerar, y me proponen rutear, un verbo incómodo para oídos y preferencias. Considérese neologismo a mi anterior itineré.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Inmortales

 

Y ese día quedará ...

 


157.

  Y ese día quedará tanto poema huérfano. Habrá de abrirse un orfanato rico en librerías para guarecerlos; la incubadora de sorpresas pendiente de las bocas echará a andar sus locomotoras azules, lilas y amarillas. Otro transiberiano, se preguntarán, y te preguntarán a vos, Blaise Cendrars. En esa égida bajo los cuatro vientos, se respirarán aires borgeanos, huidobrianos, pizarnikianos, gianuzzianos, paolantonianos. ¿Qué digo? Es un disparate la adjetivación; todo sustantiva otra vez, renace y gobierna desde la palabra. Los maestros transcurren en mí su curso de húmedos heráclitos, y escriben todavía.

 

  ¡Y cómo escriben! Soy Adán, víctima propiciatoria, y al tiempo Abel de copiosas primicias. Mi religión, son ellos.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Apeiron 


Con la palabra de Vicente ...


 

156.

  Con la palabra de Vicente Zito Lema va el cuerpo, que entonces era también mi cuerpo, aquella tapa de Talismán que desnudó a Vicente y su familia. Asimismo don Jacobo era un cuerpo retenido en el hospicio, para después, recuperado en espíritu, eternizarse. Siempre el cuerpo, al infinito en caídas, al que restauro, envidio, reflejo en otros ojos y bruño en espíritu, la usina de temperaturas, la fábrica de amor y fiesta; este, del que no son dignos los verdugos.

 

  La tapa de la revista Talismán, que hacía Vicente Zito Lema, mostraba a la familia completa: él mujer e hijos, como los trajo al mundo la endiosada cigüeña de la común infancia. Ese fue el segundo número, después prohibido y decomisado en los puntos de venta por La Revolución Argentina de Onganía, Levingston y Lanusse. La primera entrega nos había traído la poesía en hospicio, de Jacobo Fijman.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Pablo Picasso (c)


Y esta voz ...


 

155.

  Y esta voz que suena al otro lado, en vientre líquido de espejos, en la edad del muro, en esa escala que desciende a los abismos –que es salto y uno a uno por sobre cinco mares–, ¿qué dice, y con cuál de tantas lenguas habla?

  Hablo de una voz que solo se aproxima a la sinceridad, quizás al mayor dolor que vive tras goces, cuando resucito en cada paso. Esa voz está próxima al mensaje en los demás, quiero decir al lector completo, al que armoniza en ritmos y color de la mirada. Próxima al tiempo y su pausa, que es distancia. Próxima a este libro, y seguramente mucho más cercana al que ahora escribo.

 

  El dichoso tema de la comunicación. Cuando nadie está obligado a comprender lo que diga o escriba, y solo encontraré el polo inverso en quienes sientan e imaginen como yo siento e imagino. Varias amistades y hasta un matrimonio fueron al matadero por este conflicto tenaz entre el otro que escribe y yo, propietario del plano a decodificar con la lectura.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Fotorevista (c)


Este tiempo está destinado...

 


154.

  Este tiempo está destinado a construir, para que mis sucesores puedan medir, interpretar y acompañar el común curso del río. Que jamás se encojan de hombros, ni sientan que se les ha cargado con un peso ingobernable. Como ha dicho Daniel Barenboim, que mucho sabe de dolores y buen ánimo: Debo ser intelectualmente pesimista y emocionalmente optimista; así estaré preparado para la contingencia, sin perder el entusiasmo.

 

  No me ha costado respetar esta consigna del maestro, aunque algunas dificultades tuve tiempo atrás, cuando no me conocía lo suficiente, y me exigía en cuestiones que no estaban a mi alcance.


(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Daniel Baremboim 


26 de junio de 2022

Ahora vengo a enterarme...

 


153.

  Ahora vengo a enterarme del final común. Este trabajo confluye en la fusión de géneros, que ya había anticipado el genio de Charles Baudelaire. Porque el autor de Las flores del mal dijo que el futuro de la literatura estaría representado por una escritura que albergaría a la vez el ensayo, la prosa y la poesía.

  Esa bendita mezcla que me ha permitido escribir tan cómodo, desde Pajareras Imaginarias, libre de fronteras y alambradas. Hoy he dicho que la crisis de los géneros literarios es, en realidad, crisis de los escritores. Porque nos sentimos siempre inclinados a definir qué estamos haciendo, y de qué género se trata todo producto final, como si ello fuera necesario para la compresión y la emoción compartida. Que no podemos dejar de ser esquemáticos y de encasillar. Y todo eso va a contracorriente de nuestro tiempo.

 

  Lo esencial ha resultado siempre, y hoy más que nunca, el buen escribir, que no debe confundirse con el respeto de norma alguna, y que va de la mano con riqueza en la imaginación y experimentación lingüística sin barreras.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Charles Baudelaire 


 


Es cierto, Gabriel...

 


152.

  Es cierto, Gabriel Rodríguez Molina. En la poesía de Vicente Zito Lema está …la palabra como alma. La palabra como fuente de sentido del dolor de una identidad que se afirma en el grito, una palabra que sostiene a un pueblo; la palabra como la voz del sueño y del delirio, como artificio, como cuchillo que limpia la tristeza. La palabra como la herramienta que evoca la belleza para llenar los vacíos de la historia… (1)

  Y epiloga Vicente Zito Lema en uno de los poemas que prefiero:

La vida es el principio de la vida/ La belleza es el fin de la belleza/ En los escondrijos de la belleza anida la verdad/ La verdad de la belleza brilla en la vida sin olvidos. (2)

(1) Gabriel Rodríguez Molina, en La Tecla Eñe, 30.11.2019.

(2) Fragmento de El arte no olvida, tampoco perdona: crea la mañana, de Vicente Zito Lema.

  También contra la presencia de Vicente Zito Lema en la ciudad, conspira el confinamiento pandémico. En cuanto me sea posible lo invitaré; en él se unen las miradas poética y política, fenómeno poco frecuente en nuestra literatura. Condición propia de la revista –Ideas, letras y artes en la CRISIS–.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Vicente Zito Lema 

 


Tras la mampara...

 


151.

  Tras la mampara de vidrio martillado hay tres árboles en manos del viento. Solo sombras de este lado, piruetas chinescas que recuerdan manos de un demonio, arman variables escenografías del insomnio. En una de cada diez noches quedan inmóviles, a tono con mi aburrimiento.

 

  Un año después, vuelve vegetación primaveral a los dos árboles y a la palmera, que se reflejan en mi mampara. Son fantasmas, cuando otra vez sopla el viento –aquí siempre sopla–; ellos se aprovechan de que el cristal solo permite contemplar sus sombras en movimiento constante.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Tengo sed de ti (c)


He sido parte ...

 


150.

  He sido parte de distracto y abandono. ¿Acaso hay peor contienda para el indefenso? Además, demasiado joven para compartir amores en conciencia; siempre se es verde para cosas con que la existencia sorprende. Situaciones paridas con odio o amor, da igual: duelen hasta tanto los sentidos se acostumbren. Son sangrados que duran décadas. Ahora, cuando purgo la prisión del desencuentro, mi memoria es carcelera, y el futuro, lugar común de la judicatura.

 A esta edad mía es siempre saludable el balance de amores. Sobre todo, de aquellos que se detuvieron en lo platónico; no para confesarlos públicamente, sino para confesarme sus porqués, e imaginar cómo se hubiesen alojado en cada uno, de superarse su categoría de simple admiración o proximidad inconfesada. Me causa gran placer esta reflexión, y resulta apta para interrumpir sangrados.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Nahui Olin 




23 de junio de 2022

La muerte llega ...


 

149.

  La muerte llega de lo alto. Un hálito electrónico transporta la orden por más de diez mil doscientos kilómetros, sin desviarse un solo centímetro. Con Ho Chi Minh retirado, Patton ausente, Aquiles en su carpa, y Héctor muerto ya, la tarea es ahora del MQ-9 Reaper.  Un operador al que la soberbia de su jefe engañó, dispara con un click sobre los vehículos que conducen al iraní Qassim Suleimani y al irakí Abu Mahdi Al Muhandis, asesinando a ambos, junto a otros siete militares. China y Rusia apoyan a Irán; y de pronto, la guerra de mercados amenaza mutar a lucha armada. Aunque guerra de clicks. Los ratones giran en torno a cincuenta y dos objetivos de Asia, y otros tantos de América del Norte.

  Terrorismo internacional a la carta, y el precio del crudo se dispara otra vez, por lo que todo lo que se originó en la economía, termina en ella.

 

  Violencia perfectamente asequible para el ratón de mi computadora. Asesinatos a la carta, con guion, múltiples coberturas periodísticas, y fundamento ideológico del norte mandamás. Y si la cuestión lo amerita, miniserie o documental para millones de hogares en el mundo.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021 

Ilustración: Researtch Gate (c)

Aunque lo tengo a mi lado ...



148.

   Aunque lo tengo a mi lado, él se escapa volando entre colores del día. Debo proponerme verlo; es causa de la consabida existencia del vecino, este olvido mío que lo invisibiliza. Ya me he propuesto verlo; hablo del mar: la orilla más cercana del tiempo, donde el deseo apoya su plexo para operar el salto.

   Sopla ahora del noroeste, y un vendaval se arma en escasos minutos. Agua sobre el agua: insípido en salado, dos combatientes se esfuerzan por mutar a otros colores. Al amainar la lluvia,  algunos jóvenes con trajes de goma corren descalzos hacia el mar, alzando sus tablas.

  Este océano vecino es madre de eternos puerperios.

 

  Casi un año después, vivo algo más lejos del mar.  Ahora tengo el ventanal abierto esperando la lluvia; porque aunque ella ocurre en el pasado –dijo Borges–, no puedo sino desear carnal e interiormente su presente del único confinamiento venturoso. La espero, la deseo.

(c) Carlos Enrique Cartolano "Scherzo", 2021

Ilustración: Alamy Stock Photo (c)

 

Otra vez el itinerario...



 

147.

  Otra vez el itinerario Corinto-Delfos-Tebas, y después la peregrinación en tinieblas de Edipo. Nuevamente la pitia me habita a través del film de Pier Paolo Pasolini que vuelvo a presenciar –ahora con calma, más fina observación, y esta inapreciable posibilidad de ir adelante y volver al inicio el Edipo digital de recientes tecnologías de reproducción–.

  La esfinge anuncia los abismos de su matador, pero no existe aquí acertijo a responder, hay una misma espada que resuma sangre al cabo de seis muertes, y resulta al fin ilusoria la liberación en Tebas. Yocasta es amante y madre negadora, pero aquí es, además: boca, ojos y nariz de Silvana Mangano, esta de prodigios en corazones y entrepiernas, aun en su rol de ahorcada.

   Las profecías de Tiresias, la sangre que chorrean cuencas vacías, la vuelta a nuestro tiempo de ciego y nuncio, nos colman con el más meneado de los mitos. Sin dudarlo, digo, en la mejor versión que conozco.

 

  Mi madre falleció cuando yo contaba solo diecinueve años.

  Mi padre había fallecido a mis diecisiete. Como huérfano relativamente temprano el mito me acompañó durante la mayor parte de mi vida. No digo que fuera marcado por él, sino más bien que razonaba a partir del mito, interpretando situaciones y personajes familiares. A Silvana Mangano la aprecié desde muy chico, cuando pegaba en mi álbum de artistas las fotos de Arroz Amargo (1),

(1)       1949, Giuseppe de Santis, con Vitorio Gassman y otros.

(c) Carlos Enrique Cartolano "Scherzo", 2021

Ilustración: Mangano


Se dice que después de Homero ...


 

146.

  Se dice que después de Homero, Simónides de Ceos levantó la voz del griego: compuso en memoria y lectura, exigiendo paga por sus versos. Cantemos a los hombres dijo; o acaso los dioses no son sus semejantes. Templemos con humanos cada imagen; he aquí la metáfora primera.

  Ha de cantarse gloria tras la muerte, porque pidió ¡Que duerma también el mar/ y nuestra desgracia inmensa!, tras lo irreparable, y al cabo donó en epitafios su última palabra.

  La cuestión de puesta en valor de la literatura, y de la poesía en particular, es vieja como el mundo, tan anciana como los intereses económicos del hombre.


(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Kea -o "ceos"-