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10 de agosto de 2010

180 grados




Un mar feudal
Guerrero y triunfante
Mide de anchura y de riqueza
La mirada generosa. Sé valiente
Y pateá bien lejos la basura
Que escupe la marea:
Ella drena y vos podrías enfermar.

Cuando vuelvas
Traé el estetoscopio/ Mirá:
Verás que todo es diferente
Aunque nada cambió.
Voy y vuelvo tres veces
De la playa y clasifico
La basura. Como una planta
Incineradora soy:
De latón y voz plañidera.

Cuando estés aquí
Volverás a enamorarte
Perdidamente de mí.
¡Tantos regalos le he ganado
A la basura exorbitante
Del siglo XXI!
¡Tantos nombres colgué
Y suspiros devolví cada tarde!

Los papeles no envuelven
Caramelos fósiles
Ni las etiquetas pegan ya
En botellas planas
Con media carga de arena
Que el mar estiba marea tras marea.
Las lobas desesperaron:
Los lobitos son cueros vacíos
Secos entre pajonales.

Hay cajones alquitranados
Coronas de la edad del plástico
Tiñendo de blanco la arena
Un nicho de cenizas vacío
Y un vestido rosa con puntillas.
Este debe ser de los desechados
Por Hillary Clinton
En la boda reciente ¡Cuidado!

Puede estar cargado
De niños abortados a conciencia
Como balas/ Naturalmente
Dispuestos con sumos candor
Y eficacia.
El mar trae un plan: ¿Es cierto?
¿La salud materna
Incluye el aborto y la guerra?

Por eso en mis estibas
Desbordá tu mirada lógica
De 180 grados. Verás
Que todo es diferente
Aunque nada haya cambiado.

Las teorías terminan por cumplirse.
Y eso que somos dos bichitos
En la noche inmensa
Finitos de luz y de jolgorio.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De A ojo y de oídas, 2010-2011


25 de julio de 2010

La foto que deploro no tener



                                                                                                                                Por Fernando Lema (*)

Siempre me (nos) ha cercado la misma pregunta, a la vez inquietud y acusación. ¿Por qué no sacaron fotos…? ¿Teníamos respuesta? Varias o una sola. Que una cámara incordia, que sacar fotos distrae y no aprovecharíamos el momento, que si todos sacáramos fotos ciertos lugares turísticos parecerían una carrera de obstáculos (yep, eso acaece)… Pero la respuesta más sólida es la que no necesitábamos una foto para llevar incorporado hecho alguno. La vida está en la memoria, gracias a Dios.

Pero hay una foto (no sacada por nosotros) que me gustaría tener. Primero, unas pinceladas sobre la Fuente de Saint Michel. Ubicada en un recodo de Saint German des Pres, luce como una continuación de Notre Dame, sobre la rive gauche. Es una hermosa fuente, obra del escultor Daviudor, emplazada en 1860. Tiene una historia libertaria, significativa para los parisinos: cinco meses después de la ocuparación ciento y pico de franceses se reunieron para planear una ilusoria, entonces, liberación. Casi todos los autoconvocados desaparecieron. Viven hoy en la historia del heroísmo.
No es raro, entonces, que la fuente sea un centro de protesta. Grupos minúsculos se reúnen, sobre el mediodía, o próxima la caída de la tarde, para reivindicar sus causas, variopintas, inagotables, etc. Los circunstantes siempre escuchan, muchas veces con la intención de superar la propia ignorancia de no conocer “una injusticia de la sociedad”.
Por supuesto (y esta expresión es una apelación a quienes lo recuerdan a Javier), era nuestro punto de reunión. Nos sentábamos sobre el borde de la fuente, un panini en la mano de ambos. Venía algún grupo. Javier asumía su posición de tercer dragón alado. Y, fuera cualquier fuese su protesta, la apoyaba con todo, con cánticos, repartía volantes, aplaudía. Para Javier, libertario de cuna y de tumba, la protesta siempre, era invariablemente, un síntoma de que la sociedad no lo debatía todo, que los outsiders del mundo, en consecuencia, se reunían en San Michel y que-sumárseles-era-un-imperativo-ético.

Estoy sentado en un borde de la fuente. Principio de julio. Pienso en lo relativo de las fotos para recordar (un mail de la querida Vivian) cuando viene un grupo de nicaragüenses que reivindican la libertad de compañeros en un embajada (no entiendo demasiado). Son seis (tres nicaragüenses) y tres franceses que acompañan con un macarrónico EL PUEBLO UNIDO JAMÁS SERÁ VENCIDO. Por supuesto, percibo la presencia incorporal de Javier entre ellos…y sonrío. ¿Para qué necesito una foto…?
De repente, en un tris, cambio de idea: hay una que quisiera tener. Un invierno de los 90. Hacía frío. Javier con un montgomery con capucha. Todavía se vendían cds de ópera (se lo prueba a mi memoria un paquete grande de FNAC). Un grupo de aparece. Libreros del Parque George Brassens. Según ellos, se ha ejercido censura en la venta de libros. Cantos, folletos… Javier se les suma. Un fotógrafo de incierto diario los fotografía. Pero Nano el incrédulo, el escéptico, se alerta: pelo demasiado corto en los seis, una esvástica en el dorso de una mano. Busco, en forma célere, en LE MONDE. Saint Michel me ayudó a encontrar la noticia con rapidez: habíase incautado material neonazi en kioscos de libros del Parque George Brassens.

Javier no respondió a mis señas. Tuve que decírselo minutos después en una brasserie. Estupor. ¡Cómo podía ser…en el Parque George Brassens…! (Día después fuimos al parque….je,je…se vendía, incluso, material reivindicatorio de la monarquía). El pánico le ganó el alma. ¡Iba a salir en los diarios en una foto con un grupo neonazi!! ¡Cómo justificarlo…! …No hubo necesidad. Compramos los diarios importantes durante dos días…y nada, la noticia sin fotos. ¡Respiró…!

Él respiró… Hoy yo entristezco por no tener esa foto. Veo la fuente y lo veo. Es cierto. Pero me falta la prueba de la excelsa torpeza de un alma noble. Queda la anécdota…, que muchos amigos integraran a otras similares, pero no, no lo tengo a Javier, con el rostro enmarcado por la capucha del montgomery, en una situación impar. Existiría así, acaso, para mí no otra mayor certeza de que la vida es un equívoco extravagante que termina resumiéndose, siempre, siempre, en el sortilegio del encanto del imprevisto.

(*) Compañero de estudios. Afín en gustos. Hace cincuenta años que lo conozco. ¡Es un viejo pero nuevo siempre amigo! Copié este texto del facebook de Fernando. ¡Una maravilla! ¿No?

LUIS FRANCO


Luis Franco

A punto de comenzar a leer un libro de ensayos de Luis Franco (Catamarqueño 1898-1988), repasé su biografía (Premio Nacional de Poesía en 1960; ¡muerto en un geriátrico del Gran Buenos Aires!) y me topé con este poema que quiero compartir.

TATUAJE

Toda mi piel está tatuada
y mi sangre y lo que lleva más allá de mi sangre.
Tatuadas llevo noches y más noches y noches
de tinieblas cerradas y estrellas ventaneras.
Y auroras desfilando en vuelo de flamencos.
Y el mar con sus mareas de ida y vuelta
como la savia de los árboles.
Y helechos publicando la pubertad primera de la tierra
y bosques cobijando sus dédalos nocturnos.
Y tardos delegados del abismo.
Y esculturales y ágiles transeúntes de los prados.
Y pájaros con su alta rima de canto y vuelo.
Y un simio entre los simios izando el chato cráneo
hasta el dintel de la conciencia
y trocando sus remos delanteros
en sus manos replasmantes de las formas del Génesis.
Y el todo en incesante emigración y cambio.
Y el viejo Adán volviéndose a medias al pasado
y el aún nonato haciendo señas desde el futuro.

Muy interesantes sus ensayos históricos, que abarcan siglos XIX y XX, aunque como puede verse fue un poeta notable. Y ahora colijo que ¨olvidado¨, a fuerza del silencio que se le impuso en vida.

20 de julio de 2010

20 de Julio: Día del amigo en Argentina

¡Gracias, mi amigo!



Es tu amistad
Que crea
Al extremo de tu medida
Renovando bellezas de la creación.

Es tu amistad
La que desnuda límites
Mostrándonos
Humanos, débiles y sensibles.

Es tu amistad
Premio de la humildad
Que valora
Sin otorgar precio.

Es tu amistad
Que comprueba a Dios
En cada gesto de amor
Y en obras de tu generosidad.

Todos los días son tu día.
Por eso: ¡Feliz día del amigo!

(c) Carlos Enrique Cartolano

18 de julio de 2010

Lucas Gómez: ¡grande es la mirada más humilde!



El pasado viernes 15 de julio, se presentó el N° 48 de La Avispa, en La Rada, Mar del Plata.

Compartimos lecturas de poesía y narrativa. En la más franca sintonía de humildad, escuchamos el poema de LUCAS GÓMEZ que ahora reproducimos.

Aquí – Allá

Aquí
se prohíbe una flor
cuando despoja pétalos.

En este sitio
seco mis ojos,
argumento la nada,
comparo idénticos.
Finjo estar
apresurando el reloj.

Artificialmente, vivo
respiro,
lo que resta del vicio.

Ahora…
siempre más allá
reviso
mediante un cielo de acero
al expreso del viento:

Desobediente,
despierta lluvias
más allá
la lejanía es hangar
depósito de sueños.

Allá
nunca estoy
soy araña, entretejo distancias,
desayuno paciencia
malcrío esta libertad.

A este jovencísimo poeta marplatense se lo encuentra en: http://nomedejaser.blogspot.com

17 de junio de 2010

Hierofanía


Sentirme el olvido perenne del mar
Alfonsina Storni: Dolor

Aguas negras
Celajes de la noche
Vienen alzando coronas
De espuma desolada

En aguas negras: poesía blanca.

Con cada labio nace
El olvido del mar
Él/ Alzado
Retrocede/ Recomienza
Numerosos archivos
De cíclope ciego.

Canteras de memoria
Que traen en andas
A Nusanach
A Cacapol
A Cangapol:
Sus tres lanzas
El mismo nacimiento
Sobre arenas rebeldes
Como lenguas de agua negra.

Poesía blanca
Coronas de espuma
Transidas carnes
Imantan el aire
Para apagarse:
Son ecos
De los bravos
Y sus gritos
De desolación.

En aguas negras: poesía blanca.

Relumbrones de Dios
Sobre el sinfín:
Las palabras espuman
De bruces en la arena.

Verdugo del verdugo
Y la esperanza filigrana.

En aguas negras: poesía blanca.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De A ojo y de oídas, 2010-2011

19 de mayo de 2010

NOCTURNO



(Dedicado a Eva, que está en manos de Dios)
                                                                                        


Es tarde
Para contemplar  
Un nuevo crepúsculo.

No hay tiempo ya
Para ayudar a sobrevivir
O curar/ corregir/ cambiar
Deformaciones
Que todos conciliaron.

Corramos: es tarde.
Descalabradas
Mis extremidades
Soy una marioneta
Descosida.
Pugno por la fe
En mis hilos.

Es tarde.
No hay novedad en mis palabras
Sorpresas
Ilusión de ojos
O dulzor de manos.
Corramos
La garra del tiempo
Ahoga hasta matar.

De noche soy mortal.

Hasta que el sueño tense
Tanta cuerda floja
Ponga fe en los hilos
Me sostenga firme otra mañana
Atado a Dios
Habitando el paraíso.


(c) Carlos Enrique Cartolano. De A ojo y de oídas, 2011




3 de abril de 2010

Viernes Santo




El café

Era un recreo, una pausa en la cual uno se relaja y disfruta vivir. Hincha los pulmones de un solo tirón, trata de pensar en algo reconfortante. Notó que el jadeo cesaba y su corazón se acomodaba sobre una almohada; sintió sueño.

Pero no podía dormir. Atrás de su cabeza, el tipo sin rostro se quitó los guantes con estruendos de goma. Habrán quedado a la vista sus manos suaves y cuidadas. Después, mientras agitaba la cucharita en el café que acababa de alcanzarle el tipo que estaría parado con los brazos en jarra, dijo:

-  Mirá… Yo también necesito un descanso. A ver si averiguo cómo hacer para que me tengas confianza. ¿No podemos ser amigos, ché? Digo… Así te vas…

El no contestó. Se quedó escuchando el sonido de los sorbos y tragos para calcular el tiempo de paz que le quedaba. El tipo sentado detrás casi gritó:

- Ahora contame quiénes estaban en la reunión del viernes pasado … ¿No sabés o creés que podés decírmelo cuando quieras?  Su tono volvía a ser enérgico.

Había terminado su café y seguro habría vuelto a calzarse los guantes. Él sintió cómo se le clavaba el agijón en los testículos y cómo su cuerpo sujeto de tobillos y muñecas se alzaba incontrolable, temblando, a por lo menos treinta centímetros por encima de la camilla.

Detrás de la venda era posible imaginárselo todo en la cuarta sesión de tortura.

(c) Carlos Enrique Cartolano. Hormiguitas operarias, 2011.



23 de diciembre de 2009

¡Feliz Navidad en tu corazón!




                                                                                   Gaudí: Cripta de Villa Güell


Pesebre en intimidad


¿Podrás visitarme? Yo te invito.
Te será fácil llegar
La senda es ancha. No hay puerta:
Desterrados sobresaltos
De timbres o alarmas.
Así que vendrás. Te servirás cobijo
Yo llegaré al poco tiempo
Para celebrarte.

Hay muchos invitados
Buena compañía. Gente segura
Fiel y sin puertas. No vaciles
En mirarlos/ no temas sus miradas
¡Estarás en paz!
Como si fuera tu casa:
La ventana tu ventana
Y olvidado de la puerta.

Te repito que estaré
En realidad despuntando
Como si nunca
Hubiese marchado.
Así que vendrás. Estarás franco:
Sabio al recibir/ de vuelto generoso
Amante y encendido
Sin dobleces ni escondidas.

El premio que prometo
Es que pasadas las doce
Podrás llevarte mi cueva
En las venas/ en los ojos/ en la lengua:
Hasta el aliento del asno
O la fortaleza del buey
Un cielo colmado de estrellas
Y una alabanza sinfónica.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De Poemas del amor que vence a la muerte, 2009






11 de diciembre de 2009

Sueño e insomnio




Instantánea



Más cerca de una foto
Que del film.

Detenido en un acento
Personal:
Pimienta/ estragón
Ajo y albahaca
Porque es italiano
El alambique
Pese a la iluminación.

De mí instantánea
Con fondo de arenas
Y melodías entreoídas
En finales de siestas
Y responsos.

La foto al servicio
Del amor repetido
Y cada noche nuevo
Por la gracia de Dios:
¿Lo merecerá mi foto
Detenida con ajo
Pimienta y estragón
En un paso a nivel
De Buenos Aires?

Subido a la instantánea
Definitivamente lejos
De la película
Y detenido. Como esperando
Que tanto prójimo llegue
O que los hijos bajen.

Más cerca de una foto
Que del film:
Llego rumiando el último texto.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De A ojo y de oídas, 2011.

26 de noviembre de 2009

Una idea central




Capítulo 35


El instituto amaneció cerrado el 12 de marzo. El día avanzó sobre una realidad que todos veían cernirse sobre las cabezas, pero de la que nadie hablaba. El instituto estaba cerrado porque no se habían recibido inscripciones, los pocos docentes que quedaban habían decidido conformarse con los puestos públicos, y Fermín no estaba casi nunca.

¿Y si se mudan? ¿Y si se van a algún lugar donde no los conozcan, donde puedan vivir en paz, sin estar en la boca sucia de tantos? Y Adela o Fermín contestaban, sólo cuando pensaban que los comedidos preguntaban de buena fe: ¿Y dónde vamos a ir? ¿Adónde nos va a buscar Mercedes, cuando vuelva?

Cuando vuelva Mercedes. Fermín la veía dar la vuelta por la esquina de Paso y Rosales, encaminándose con paso rápido hacia la casa, cada vez que anochecía y los ramalazos del viento sur venían disparados desde Villanueva, cruzando el campito que parte en dos la vía del Solier. Pero Mercedes no era la que volvía.

Hasta Quique Lauría, de tanto escribir y esperar respuesta, había llamado hace unos días preguntando si seguían estando en la casa, si recibían sus cartas. Adela le dijo que sí, que Fermín no contestaba ninguna carta porque estaba dedicado a buscar a la nena. Que mudarse no se iban a mudar. Que ella iba y volvìa de Bahía, que eso le hacía bien, aunque notaba que si, que la discriminaban. Pero ¿qué se le iba a hacer? Había que trabajar porque cada vez había menos ingresos.

Que Marcelo estaba bien. Preocupado, claro. Llamando casi todos los días, ahora más que antes porque el papá le había prohibido terminantemente viajar al país. Se había recibido y estaba trabajando en investigación en San Francisco, en la misma Universidad de California que lo graduara. Quería que ellos viajaran. Que a ella le gustaria, pero que Fermín no quería saber nada.

Él deambulaba, más que andaba. Atacado por su alergia en grado preocupante, avejentado, perdida definitivamente la atención notable que lo distinguiera en su relación con los demás. El resultado del dolor, de su firme voluntad de arrastrar la cruz hasta donde sus fuerzas alcanzaran. De reunirse y de conversar con quienes ya se reunió y conversó antes sin resultados, de presentar su solicitud desesperada de paradero a quien fuese y donde fuera. Y hasta de recibir afrentas personales y amenzas, que no le preocupaban en lo absoluto.

Había perdido el sueño y dedicaba buena parte de la noche a maquinar su recorrido del dìa siguiente. Adela podía dormir algo más, y eso era una gran cosa, sobre todo porque así no se preocupaba viéndolo a él en vela. Eso de la imagen, que todo puntaltense lleva implícito, él lo mantenía sólo con quienes quería. Solamente a ellos les demostraba una fortaleza exterior, difícil de justificar para sus adentros; y la primera en la lista era Adela. Con Marcelo era algo más fácil, porque se trataba del diálogo telefónico. Pero terminaba el día deshecho, claro, después de tanto esfuerzo.

Por lo general, cuando bajaba del ómnibus o cruzaba el paso a nivel de la base para atravesar el centro hacia su casa, necesitaba convocar sus recursos orgánicos como para enfrentar la entrada a su casa de Rosales, tan distinta ahora a lo que fue meses atrás. ¡Ya no había ánimo ni cordura para el mate, más un festejo compartido que una bebida solitaria! Así que se había aficionado a una media horita con café y alguna copita en El Central. No era que antes no lo pisara. Sólo que ahora su presencia era habitual. Allí también estaba comprometido en los comentarios intencionados que se producían a su alrededor en rigurosa voz baja. ¡Pero como no le importaban!

Así, una tardecita de abril se encontró con la media mirada de Núñez desde otra mesa del bar. Era una de esas personas sobre las que se piensa que, concluida una etapa, han muerto y que será imposible volver a encontrarlas. Pero allí estaba, con sus relucientes siete vidas, como si fuera un gato merodeando tachos de basura.

- ¡Qué raro vos por aquí! ¿Cómo estás?, se atrevió a exclamar casi el tuerto, sentándose sin autorización en la mesa de Fermín. Notó que su anfitrión tomaba su avance con desagrado, por lo que agregó – Permitime…, es que tengo que darte algunas explicaciones, porque no quiero que sigas pensando mal de mí.

-  Está bien. Y no se por qué creés que te juzgo. Verdaderamente tengo cosas mucho más importantes en qué pensar.

- Lo se, querido. Lo se… Aunque no viniera más a Punta Alta, hubiera sabido qué es lo que te anda pasando. Y por eso, justamente, es que necesito explicarme con vos.

- ¡Ah!, reaccionó Fermín. -¿Vas a intentar envolverme otra vez en tus intrigas y a mentirme como si fuera un chico?, notándose ahora que la presencia del tuerto le desagradaba.

- ¡Nooooo…!  Pero si yo siempre fui una víctima. Si esa carta que escribiste me perjudicó más a mí que a vos. Vos no sabías  que a cambio de unos pesos que volvieron a reconocerme, yo estaba de nuevo con ellos. Que me habían perdonado y me habían puesto junto al capitán finadito éste que vos conociste.

- No te creo, Núñez. Reconozco tu derecho a darme todas la explicaciones que quieras, sin embargo. Pero… ¿podrás descargarte rápido? Estoy muy cansado a esta hora.

- Lo que vos quieras, viejo. Te cuento rapidito, para que te resulte barata mi presencia. Estoy atendiendo a un capitán del ejército, retirado él, que viene desde Paso de los Libres, buscando información sobre su hija que parece que fue fusilada por los vecinos en enero.

- ¡Otro más al que vas a engañar! ¿Y vos qué sabrás de todo eso? ¡Lo vas a engatusar a ese milico!

- Mirá. Se más de lo que vos te imaginás. Hasta podría ayudarte a buscar a Mercedes…

Esas últimas palabras sonaron a Fermín como un sacrilegio. Interiormente lo vió entrar a Núñez, corriendo precipitado, vociferando en torno de la presencia de Mercedes, pateando la custodia con el Santísimo. Tal, el paisaje de su corazón por esos días. Sintió que aquello era demasiado y no encontró fuerzas para reaccionar, para levantarlo de la silla a los tirones, para trompearlo, para hacer cosas que nunca había hecho en su vida. Sólo pudo contestar brevemente:

- ¿Y cómo?

A los pocos minutos, se incorporó a la reunión Roberto. Era el padre de Laura, muerta en Bahía en enero. Él había estado ya, cuando retiró el cuerpito de su hija, pero ahora volvía intentando saber qué era lo que había pasado. Iba soltando las palabras como si las masticara, la vista gacha, con un decir correntino que convocaba e inspiraba confianza. Un tipo humilde pese al grado militar. Es que ya se había divorciado de las armas, ya estaba de baja por esto que le había pasado con los hijos. ¿Qué cómo con los hijos? Es que le habían matado al mayor, a Pablito, en noviembre del año pasado, después de que desaparecieran Laura y Carlos en Mar del Plata. Que decían que había sido un enfrentamiento, igual que con Laura. Pero que le habían devuelto a los hijos con las espaldas cubiertas de disparos. Que como Carlos, Lilian, la novia de Pablo, también había desaparecido.

Aquel correntino morocho, amable y respetuoso, sorbía su te mientras seguía contando. Las historias se iban enlazando, el espanto era uno y el mismo. Él había llegado a la base para encontrarse con un primo, que era suboficial aquí mismo. Que el primo lo había atendido muy bien, tanto que solicitó explicaciones en su nombre al jefe, un teniente de navío del que no recuerda el nombre. Roberto había presenciado el diálogo entre ambos, claro que a la distancia, por lo que no había escuchado todo lo que el teniente le contestaba a Jorgito, su primo, pero que una cifra sí recordaba porque el otro la había repetido varias veces. Tres mil. ¡Tres mil! Parece que es la cantidad de personas que pasaron por aquí, en las condiciones en las que habrá estado Laura. Presas. Condenadas. Él no podía imaginarse en qué condiciones. Y nadie podía decirle dónde se los había condenado.

Además, pasar para qué. Como si los chicos pasaran por una máquina de marcar ganado. Y después durante meses, qué. ¿Para después matarlos?

Allí aparecía Núñez incorporándose al armado del rompecabezas. Recomendado a Roberto por Jorge, como viejo compañero retirado, conocedor de los ficheros que se armaron en los puestos de control. Y era cierto que de esos ficheros algo sabía el tuerto, como que le había ayudado a Roncoroni apenas se habían dado cartas y todos se encontraron con ascensos y cargos diferentes. Pero que eso no había durado mucho, porque a él lo habían pasado a los polvorines, donde estaba hasta ahora mucho más tranquilo. Pero que sabía que había dos destinos, y que habían traído mucha gente desde Mar del Plata.

- ¿Y no sabe dónde los tenían?, preguntó Roberto sin demostrar demasiada ansiedad.

- No. Es un tema reservado a algunos jefes. Fijesé que ni el capitán que me mandaba entonces sabía adónde despachaba a la gente… Tierra o mar, recuerdo que decía. Pero nada más.

Fermín reconoció a Roncoroni en el relato. Un escalofrío le recorría la espalda y no lo abandonaba. ¿Y entonces, para qué había hecho venir a Roberto al Central? ¿Cuál podía ser el interés del tuerto? Le querrá sacar plata, pensó Fermín, y después sintió que lo prejuzgaba, que quizás nunca había tenido mala intención, que su único pecado habría sido estar junto al dichoso capitán que arrastró a Mercedes.

Tierra o mar, en efecto. Al socavón de la séptima batería, o al nueve de julio plagado de ratas. En ambos casos al horror, y posiblemente también a la muerte. ¿Cómo podía saberlo este correntino buena gente que llegaba de Paso de los Libres? Ni siquiera podía imaginarse que su hija había sido la única capaz de interponerse entre los maringotes y las otras cautivas, tenaz, haciéndoles aparecer a los torturadores aunque más no fuese un vestigio de la culpa que esos hijos de mala madre habían perdido hacía mucho ya. Que los había insultado todo lo que le habían dado las ganas. Hasta cuando la victimizaban clavándola en la cruz.

- Son momentos, reflexionó Roberto, en los que uno piensa que aprende a vivir otra vez. Y a partir de la experiencia de los hijos. ¿Qué extraño, no?

- No tiene que sorprenderle. Yo tengo a mi hija desaparecida. No me canso de buscarla, porque así debe ser… Usted tiene una certeza que yo todavía no tengo, su muerte. Pero creo que a costa de este calvario voy descubriendo un camino que ella me marcó y que antes no veía.

El tuerto se había quedado callado, mirando alternativamente a uno y a otro padre sufriente. Los escuchó compartir su dolor, sin dudas uno de los espectáculos más soberbios de la creación. Por lo edificante, porque reconcilia y redime.

- Seguro que usted siempre la respetó. Que no le impuso nada más que su experiencia, y con mucho amor… Yo hice eso. Ni siquiera sabía cómo pensaban mis hijos en lo polìtico, porque les tenía una confianza inmensa.

- Ella es una chica solidaria. Estaba trabajando con la gente de bajos recursos, ayudándolos en la educación de los hijos. Ni siquiera me consta que estuviera militando en montoneros, como ahora dicen.

- Mire, mi amigo… Si ella estaba trabajando por la gente, ya estaba en política. Esto se lo digo yo, que me formé en el arma de ejército; aquí los militares no nos quieren… Mi pueblo ha dejado de ser una comunidad cívico militar. Yo le diría que hoy es militar cívica. Porque la opinión de la gente común no cuenta más. No es gente. Ahora le dicen población…

- Aquí pasa lo mismo. Usted expresa con términos bastante elocuentes lo que todos sentimos. ¿Es que nadie va a acercarse a nosotros, que hemos hecho tanto por nuestra comunidad, para ayudarnos en un trance tan difícil?

- Ellos no distinguen, dijo el tuerto. – A esta altura les dan lo mismo los comunachos que los peronachos, y aunque sean nacionalistas y clericaloides, si van por la mano contraria a la de ellos, tampoco se salvan.

- Están enfermos de soberbia. Pensar que yo en algún momento sentí orgullo de vestir el uniforme, reflexionó en voz alta Roberto.

- ¡Pero si usted hacía bien, amigo!, quiso tranquilizarlo Fermín. Son los primeros en ofender la investidura, porque se olvidan que están para servirnos a nosotros.

Sin que los autoconvocados lo advirtieran, se había formado un abanico de atención alrededor de ellos. Los que estaban jugando al billar, frotaban la tiza incansables con tal de no pegarle a las bolas y perderse con el ruido algún detalle de lo que hablaban los tres hombres. Que si estaban en la mesa Fermín y el tuerto, ya se sabía que había que derrochar oreja.

Roberto pagó las consumiciones. Tres cafés, dos reservas san juan y un sifón. Después caminaron juntos hasta Roca, y los dos padres se compadecieron mutuamente un rato más. Cuando Roberto se encaminó hacia la casa de su primo, Fermín retuvo al tuerto.

- ¿Y vos qué sabés de Mercedes?, le preguntó como quien suelta una papa caliente que estuvo incendiándole la boca durante horas.

- Que no está aquí. Que seguramente la tienen en Bahía, porque la detuvo ejército y esos códigos los respetan los maringotes…

- Y vos creés que está viva…, afirmó antes que preguntar el padre.

- Quiero creer que está viva, viejo. Voy a ver si te averiguo algo.



De Huevos en la herida, novela (2008-2009)

9 de octubre de 2009

Cuarteto para Cuerdas




Escuchando a César Franck
Con la tarde inmóvil
Derramada en cada hoja.
La música tampoco cesa:
Es tu sonrisa
Coronándonos amarillo.

Mi cuerpo reposa
Cubierto de besos
Mientras volvés a pasar
Musicalmente: Mis dedos
Van impresos en tu piel
Como hojas verdes.

Me he llevado tu mirada
Que suena como la tarde
Y no termina.
Vos te llevaste mi caricia
Y la hacés relampaguear
Al horizonte.

La vida como una partitura
Se estira y vuelve a ejecutarse
Siempre en notas idénticas.
Pero son otros brillos:
Tus ojos observándome
Mi mano que acaricia tu vientre.



(c) Carlos Enrique Cartolano. De A ojo y de oídas, 2010

22 de septiembre de 2009

Últimos poemas



Poema final


(Recuerdos de Montegrande, Valle del Elqui)

Por ahora son cuatro
Casuarinas contra el lechoso
Amanecer noreste.


El anuncio del reino:
La casa escuela de adobe
Sobre el barranco de pinos.


A los que el camino angosta
Y un verso urge desde el tiesto
No nos importa la desnuda nota.


Cuidamos la sinfonía
Alimentada de pariciones repentinas
Adornada con podas de la prosa.


Presiones

Caminamos mientras nos miran:
Cargamos una historia
De persecución y torturas.

(Quinientos años
De guerras de independencia)
No saben si soltarnos ya
O cerrarnos el cepo sobre el cuello.


Como gusanos

Asoma de tarde en tarde
Un gusano engordado
Que entregó su vida.

Las hormigas le tienden
Un sudario
Y mordisquean
Al transportarlo.

Así también
Versos falsos
Que ha engordado wonderland
Se me resbalan.

En cortejo enmudecido.


Biblioteca

Los lomos se tienden
Plantando tornasol
Al infinito del estante.

Así también la vista
Busca un horizonte
Con poemas de pie.

Todos van parados
Y vienen cantando
Lo más alto en la vida.

Igual los recuerdos
Sobrevivientes.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De Poemas del amor que vence a la muerte, 2010





Dos poemas de Primo Levi





Ostjuden (*)


Padres nuestros de esta tierra,
merecedores de múltiple ingenio,
sagaces sabios de la prole numerosa
que Dios sembró en el mundo
como Ulises la sal en los surcos:
os he vuelto a encontrar por todas partes,
tantos como la arena del mar,
vosotros, pueblo de cerviz altiva,
pobre y tenaz simiente humana.

                                                           (4.02.1946)



D R M Rilke


Señor, ya es tiempo: ya fermenta el vino.
Ha llegado el tiempo de tener una casa,
o quedarse mucho tiempo sin casa.
Ha llegado el tiempo de no estar más solos,
o nos quedaremos mucho tiempo solos,
consumiremos las horas con los libros
o para escribir cartas lejanas,
largas cartas de soledad,
y recorreremos una y otra vez las alamedas,
inquietos, mientras caen las hojas.

                                                           (29.01.1946)

(*) Judíos del este

De Ad ora incerta. Traducción de Ana María Cartolano


Primo Levi (Nacido en Turín el 31.07.1919; muerto en la misma ciudad el 11.04.1987): Escritor italiano de origen judío sefaradí, autor de memorias, relatos, poemas y novelas. Militante de la resistencia antifascista, fue uno de los sobrevivientes del holocausto. Es conocido sobre todo por las obras que dedicó a dar testimonio de ese período nefasto de la historia europea, particularmente por el relato del año que estuvo prisionero en el campo de exterminio de Auschwitz. Su obra Si esto es un hombre está considerada como uno de las más importantes del siglo XX. Nacido en el seno de una familia liberal judía, se licenció en química en la Universidad de Turín en 1941. En 1943 él y sus camaradas salieron al campo e intentaron unirse a la resistencia antifascista italiana. Pero inexperto para correr esa aventura, fue arrestado por la milicia fascista, que lo entregó al ejército de ocupación alemán al identificarse como judío –si se hubiera reportado como partisano, lo hubieran fusilado en el acto-. Fue deportado a Auschwitz en 1944, uno de los campos de exterminio situado en la Polonia ocupada por los nazis; allí pasó diez meses, antes de que el campo fuera liberado por el Ejército Rojo. De los 650 judíos italianos de su remesa, Levi fue uno de los 20 supervivientes que dejó vivo el campo. Al regresar a Italia, Levi ejerció como químico industrial en la factoría química SIVA en Turín. Pronto comenzó a escribir sobre sus experiencias en el campo y su vuelta subsiguiente a casa a través de Europa del este, en las que se convirtieron en sus dos memorias clásicas: Si esto es un hombre y La tregua. También escribió otras dos memorias muy apreciadas: Momentos de indulto y La tabla periódica. Momentos de indulto lidia con personajes que observó durante su prisión. La tabla periódica es una colección de piezas cortas, mayormente episodios de su vida, pero también dos relatos cortos, todos relacionados de algún modo con alguno de los elementos químicos. La ambiciosa novela Si ahora no, ¿cuándo?, que cuenta la historia de una banda de partisanos judíos durante la Segunda Guerra Mundial, errantes por Rusia y Polonia, ganó los destacados premios Viareggio y Campiello cuando fue publicada en Italia, e hicieron a Levi internacionalmente conocido. Levi se retiró de su posición como gestor de SIVA en 1977, para dedicarse a escribir a tiempo completo. El más importante de sus últimos trabajos fue su libro final, Los hundidos y los salvados, un análisis del Holocausto en el que Levi explicó que aunque no odiaba al pueblo alemán por lo que había pasado, no lo había perdonado. Levi murió, aparentemente por suicidio, el 11 de abril de 1987, aunque algunos amigos y biógrafos han cuestionado el veredicto. La cuestión sigue fascinando a los críticos literarios debido a la mezcla característica de oscuridad y optimismo en la escritura de Levi, quien no dejó nota de suicidio (FUENTE: Wikipedia.com).