CONTENIDO DEL BLOG


24 de abril de 2022

Continúo siendo aquel ...


 

94.

  Continúo siendo aquel niño sentado al sillón del peluquero Nieto, en mi pueblo. Entonces pedía una media americana, como todos los de mi edad en los años cincuenta. Ese corte tenía que ver con el cabello de los soldados estadounidenses de la segunda guerra, y de la posterior administración en Alemania y Japón. Cortes de máquina a los costados y en la nuca, las orejas libres, y arriba bien corto, aunque de tijera. Moda americana, moda militar en los jovencitos. En casi todos, en realidad; hasta Perón mismo, que nos legó el asadito y la conciencia nacional, también lo usaba.

 Ahora parece volver, sobre todo en las figuras del deporte y la pantalla, en los jóvenes más populares. Pero este corte del siglo 21 tiene un pasado oscuro: es el corte nazi. Acero por debajo, y arriba un prado prolijo, aunque en ocasiones bastante más largo que el de la media americana.

  Y no es casual que las prédicas racistas de la actual administración Trump, reproduzcan en mucho los desmanes del nacional socialismo en la Alemania hitlerista. Entonces se perseguía la pureza de una raza, y quienes estaban por debajo de los estándares terminaban en las cámaras de gas. Ahora, los militares estadounidenses dicen llevar la democracia a nidos de ratas. Y parece ser que el único camino para entronizarla es el exterminio de roedores humanos en cada país intervenido, colonia de su American way of life, o a un territorio militarmente arrasado.

  Así como el año pasado en mi país, ciframos esperanzas de renovación en el gobierno de los Estados Unidos. Para el bien de todos, aunque no estoy muy seguro de las querencias del pueblo de aquel país; es todo muy oscuro y la verdad –o falsedad– parcial, junto con la publicidad, componen un espeso velo que impide el cabal conocimiento.

(c) Carlos Enrique Cartolano, "Scherzo", 2021

Ilustración: Corte "nazi"



Población no es lo mismo ...


 

93.

  Población no es lo mismo que pueblo. Las luchas del pueblo persiguen su dignidad –son populares–. En cambio, lo poblacional tiene más que ver con el poder y su decisión de controlar, administrar y empujar a las masas en determinado sentido. Por eso, la siguiente frase fue una verdadera definición de nuestra historia:

Se hace saber a la población que el país se encuentra bajo el control operacional de la Junta Militar… Y así, terminamos con la dignidad bajo las suelas. De popular, nada.

 

  Durante momentos posteriores a 1976, y aún hoy, muchas veces se intentó retomar el control operacional. Seguramente como pobladores, podemos ser confundidos con carneros, pero siempre habremos de defender nuestra dignidad de pueblo, que es la de humanos.


(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Arte Copto


Cuando algo se hace ...


 

92.

  Cuando algo se hace demagógicamente popular, se desgasta y pierde prestigio. Paradójicamente, eso puede alcanzar el rango de impopular. El pueblo no perdona lo que se repite, y por tanto aburre. Todo habrá de renovarse permanentemente; la serie implica evolución para continuar sorprendiendo.

  En el terreno de la poesía, desafortunadamente, la palabra azul se ha gastado.

 

Hay otras muchas palabras gastadas, o en camino de serlo. Nombres propios, novelas, cuentos, poemas, y hasta autores. Días pasados me sorprendí cuando alguien en redes expuso su preferencia para próximos Premios Nobel a un brasileño, que sinceramente creía que ya no figuraba en los gustos de casi nadie. Y sin embargo, no es así. Hay cosas, libros, autores, que son impopulares solo para mí.


(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021}

Ilustración: Flickr (c)


Muchas cosas cambiaron...


 

91.

  Muchas cosas cambiaron junto a mí y tras fronteras inmediatas. Pero las de cada primera vez no se olvidaron; el recuerdo las conserva inalterables. La realidad por tanto se compone de infinitas versiones de objetos, opiniones, geografías e imágenes en general. ¿Sucede lo mismo con las personas? ¿O acaso, en las de cercanías, nuestra sensibilidad social asume las mutaciones, y refresca la composición del personaje, hundiendo en el olvido perfiles anteriores?

  Algo que en redes sociales parece imposible. Porque aquellos a quienes conocimos a la distancia, en perfiles fotográfico y de preferencias, permanecen iguales a su primera vez. En este terreno son posibles dos conocimientos: el de la pantalla, y el del encuentro personal, si llegase a producirse. Y este último, si bien puede refrescar el perfil original, tampoco será de alguna profundidad hasta tanto la socialización no se transforme en hábito. Es decir, cuando esa persona alcance la categoría de cercana.

 

  Podría mencionar varias experiencias de amistades en redes. La característica de todas ellas es la fatuidad, el conocimiento parcial que obtenemos de las personas a las que llamamos “amigo”. Existen en mi caso amistades que se cuentan con los dedos de una mano, en las que subsiste el interés por conocer personalmente al “amigo”, y finalmente establecer si asume o no dicha condición. Menciono ahora los ejemplos de dos poetas: la mexicana Isabella de Jesús Bautista y el español Miguel Veyrat; hay otros. Pero lo que importa es que las amistades que comenzaron fuera de la red, se mantienen sin que existan dudas, y son generalmente durables.

(c) Carlos Enrique Cartolano, "Scherzo", 2021

Ilustración: 20 minutos (c)


Escribo dos conjuntos ...



90.

  Escribo dos conjuntos de textos a la vez. Elijo ahora por extensión; aunque en ambos es idéntico el propósito, en uno de ellos vuelve a reverdecer el lenguaje poético, que jamás podré ocultar, ni en vida ni en lecturas de porvenir.  En el otro me prodigo desde lecturas y observación, vuelvo a la écfrasis, a la crítica, me confirmo al recorrer la historia y armo mis columnas radiales.

 

  Al releer estas páginas, peso la dificultad del intento. Mis días prefieren Scherzo, y casi todo se reduce a su forma.  Comprendo que volveré a Recuerdos del olvido, con otras armas y al cabo de este recorrido. Allí está todo por ser dicho, y creo saber cómo lo diré. 

(c) Carlos Enrique Cartolano."Scherzo", 2021

Ilustración: Blog Sepin (c)

Amor en lengua ...



Amor en lengua materna

1970

 

  ¡Qué año ese!  Cuando Paul Celan saltaba al Sena desde Pont Mirabeau, yo me interné en un matrimonio feliz en descendencia, aunque complejo y doloroso en sus extremos. El amor es siempre difícil cuando de él todo se pretende, desde la mayor felicidad hasta restañar previas heridas e inmunizar para vínculos por llegar. Todo es imposible. En vida de Celan lo supieron Gisèle Lestrange –su mujer–, Ingeborg Bachmann –una relación extramatrimonial que mantuvo el poeta durante veintidós años– y también su confidente Nelly Sachs. Porque todo lo que él amó, y todo aquello por lo que se estremeció, dejó huellas en su literatura. Su correspondencia es frondosa, especialmente la que mantuvo con esas tres mujeres que mencioné antes. El amor tuvo en Celan dos aliados permanentes: la poesía y el idioma alemán.

  Sus padres, judíos confinados en campos de exterminio murieron cuando Paul –sobreviviente del genocidio judío– era joven todavía. La misma lengua materna, sinónimo del amor de su madre, fue el idioma de los carniceros nazis. Tal su desgarro literario iniciático. Él se empeñó en escribir en esa lengua, y hasta aquí su poesía rescata y jerarquiza el idioma alemán. Más allá de la famosa frase de Theodor Adorno, la poesía fue posible en la posguerra y para Paul Celan, que compartía con Heidegger la idea de que el lenguaje es morada en que el hombre habita sostuvo: Uno solo puede expresar su propia verdad en la lengua materna; cuando emplea un idioma extranjero, el poeta miente.

  La poesía de Celan en alemán, fue lo que la prosa en Kafka: el pináculo literario del idioma. Y en sus cartas, y en sus amores, por cierto. Pocos días después de conocerla, la primera correspondencia de Celan fue un poema que dedicó a Ingeborg; una propuesta de amor en alemán. La belleza del arte literario se impuso una vez más a la muerte. La poeta ardería en su lecho tras dormirse con un cigarrillo encendido; él como queda dicho eligió el suicidio en el poco deseable año de 1970. Pero cartas y poemas sobrenadaron aguas del Leteo, y hoy resultan pródigas en estremecimientos de la lectura.

Piensa En Egipto. Cuantas veces lo leo, te veo ingresar a ese poema: Eres la razón de vida, también porque eres y seguirás siendo lo que justifica mi palabra. […] Pero no es eso solamente, la palabra. También quería estar mudo contigo.
De Paul Celan a Ingeborg Bachmann, carta del 31 de octubre de 1957.

En Egipto

((para Ingeborg))

 

Tú debes decir al ojo de la extranjera: ¡Sé el agua!
Tú debes, a ésas que sabes en el agua, buscarlas en el ojo
            /de la extranjera.

Tú debes llamarlas del agua: ¡Ruth! ¡Noemí! ¡Miriam!
Tú debes adornarlas, si tú yaces con la extranjera.
Tú debes adornarlas con los cabellos en nube de la /extranjera.
Tú debes decir a Ruth a Miriam y Noemí:
Vean, ¡yo duermo con ella!
Tú debes a la extranjera junto a ti ornar del modo más /bello.
Tú debes ornarla con el dolor por Ruth, por Miriam y /Noemi.
Tú debes decir a la extranjera:
Ve, ¡yo dormí con éstas!


(c) Carlos Enrique Cartolano, Recuerdos del Olvido, 2021

Ilustración: Die Geträumten (c) 

Horizonte 1: La brújula ...

 


-Horizonte I-

La brújula de Bartolomeu Dias

1488

  Desde que conozco el mar –y eso fue a mi corta edad, porque nací junto a él–, me interesó mirar el horizonte durante lapsos bastante largos, imaginando el otro lado, pensando cuál y cómo sería la orilla opuesta.

  Al alcanzar edad suficiente continué con mis observaciones, aunque con el cuerpo sumergido, mi labio superior a ras del agua, desafiando al oleaje, y experimentando la competencia que libraban gravedad y flotación a costa de mi cuerpo. Como si yo fuera la aguja indecisa de un brújula declinando de norte en la superficie, hasta sur en la arena del fondo.

  Comencé a imaginar aquella costa al frente con algún fundamento cuando me interné en los atlas, y tracé líneas imaginarias desde las playas argentinas hasta las presuntas orillas opuestas. Así descubrí el Mar Índico, tal como antes lo hizo Bartolomeu Dias –o Bartolomé Díaz, en caso de castellanizarlo–, y supe que el trazo pasaba rozando el sur de África, más precisamente por el Cabo de las Agujas –o Cabo das Agulhas, como lo bautizara el navegante portugués del título–. Y desde allí el mar se llamaba con otro nombre, aunque era el mismo mar salado, como siempre sucede en el planeta tierra, donde lo que no es tierra es agua de uno u otro sabor.

  Por supuesto, que el portugués llevaba su brújula, y en eso volvíamos a coincidir, pero aquella era un artefacto aunque antiguo, con aguja hecha y derecha a su fin, no como mi cuerpo oscilante que nunca tuvo demasiado de aguja. Y en la brújula de Bartolmeu Dias, la aguja marcó el norte justito al llegar al extremo sur de África, sin declinación ninguna. Como si la hubieran pegado allí, y la punta extrema en cuestión fuera verdaderamente su lugar en el mundo.

 

La expedición de Bartolomé Díaz es considerada uno de los logros de mayor importancia en la navegación portuguesa del siglo XV. Esta consideración es debida a que Díaz abrió una nueva ruta desde Europa hasta Asia, cruzando los océanos Atlántico e Índico. Fue vital para la economía  de su tiempo el descubrimiento de la ruta hacia India. Díaz era un acompañante de la Corte Real de Portugal, y también actuaba como superintendente de los almacenes de la familia real, y maestro navegante de un barco de guerra llamado San Cristóbal. En 1486 el Rey Alfonso V, encomendó a Díaz la misión de encontrar una conexión con el Océano Índico, luego de las expediciones fallidas del navegante portugués Diego Cao. En 1488, el explorador alcanzó el Cabo de Buena Esperanza, entonces llamado Cabo de las Tormentas, y continuando 150 km hacia el sur halló el paso tan deseado, al trasponer un segundo cabo. Este nuevo accidente geográfico, fue bautizado por Bartolomeu como Cabo das Agulhas, porque allí la declinación magnética era nula. Es decir, coincidían –y coinciden hasta hoy– el norte geográfico y el norte magnético. Justamente, este es el punto  donde las agujas quedan clavadas, inmóviles.

 

En fecha no precisada de 1488, conforme Britannica.com


17 de abril de 2022

Valéry vivió...


88.

  Valéry vivió, durante los últimos siete años de su vida, una relación amorosa intensa, loca para su tiempo, diferente aun para este siglo. Enamorado hasta las vísperas de su muerte, cuando fue abandonado por Jeanne Loviton –alias Jean Voilier–, novelista treinta años menor que él, y con una ajetreada vida sentimental anterior. Ella lo abandonó para casarse con el editor Robert Denoël, acusado de colaboracionista y más tarde asesinado.

  Valéry murió dos meses después de la separación, colmado de ternura, poesía y desgarro por esa historia secreta. Tras su muerte se encontraron los ciento cincuenta poemas de amor, ya corregidos por el poeta, que no hace mucho integraron parcialmente Corona y coronilla. Asomarse a ellos supone reafirmar que la poesía siempre será un acto de amor, y que la pasión encuentra el sitio más adecuado en el poema, porque siempre seduce contagiando.

  Un amor que alcanza su cenit:

 … Oh rosa de placer, cuyo placer es llanto,

rosa húmeda a la espera de una caricia errante

por sus bordes de cáliz donde la carne es flor…

 pero que acaba en desgarro:

… Lo que será, pronto ya no será:

mañana está muriendo en este mismo día:

detrás de mí, que perderé lo que amo…

porque siempre, y aún hoy:

… La vida es rica en falsa pedrería …

 Anoto estos dos últimos textos; la propia experiencia apoya con fuerza una piedrita en el pecho, y oprime. Lo dije antes y Valéry acuerda: la vida es rica en falsas pedrerías, como es rico el deseo –agrego–, al que no puedo tildar de errado ni de falso. Finalmente, todo amor se pierde, mientras la memoria se afana en devolverlo al genuino ardor, una y otra vez.

(c) Caros Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Loco por tí (c)


En el agua, más ...

 


87.

  En el agua, más que en otros elementos, aprecio la alternancia de proximidad y distancia. Me resulta habitual detenerme frente al mar y escrutar el horizonte, esperando siempre divisar la otra playa –la opuesta–, creer que se reiterará esta naturaleza de arroyos interiores y competencia de orillas. Al cabo, me convenzo cada día de la imposibilidad del fenómeno, y espero que en vez siguiente el mar transcurra entre taludes.

  Rememora la existencia por nacer, cuando al quitar atención a su estatura, el cuerpo se sumerge. Bien lo expresa Paul Valéry en el cuarto poema en prosa de su póstumo Alfabeto: La propia voluntad y el albedrío general de los hombres se configuran en el recreo de las aguas. Acaso haya un aroma en este aire insulso y vaporoso cuya compleja flor inquiera los recuerdos y abrigue o dé color a este impreciso afán del ser desnudo. Los ojos se extravían o se cierran. La duración flaquea, sin contactos. En sueños, el espíritu se descose las venas.

  Como si el agua abriese jaulas del cuerpo y liberase el alma. Un espíritu amante en libertad, olvidado de sus condicionantes: espacio y tiempo, porque estaciona siempre dispuesto a su fusión en líquido que suma, iguala, integra en corriente o mareas.

  Después de múltiples ensayos y al cabo de doce años de intentar los veinticuatro textos convenidos para su Alfabeto, Valéry abandonó el proyecto. Sin embargo, el poeta legó varias alternativas por cada una de las letras del alfabeto –excluidas, como se sabe las muy poco frecuentes K y W de su lengua–. A los sesenta y seis años, el poeta desechó ese trabajo que amaba profundamente, y en cuyo desarrollo había reflejado su vida hora por hora de una jornada. Y, como queda dicho, con muchas variantes. Pero Valéry estaba en condiciones de entregarse a otro amor, el más intenso de su vida.

 

En sueños, el espíritu se descose las venas… Presiones que me impuse, que se impone el poeta. Inacabado siempre es un sueño que se repite y me lleva cuarenta años atrás, cuando fui dependiente en una acería.  Como tantos trabajos que tuve, mi tarea estaba muy lejos de lo que me gustaba o quería hacer. El sueño me lleva allí, a un día en que me he quedado en casa, no he ido a trabajar; el sueño me lleva hasta la noche anterior de este mismo día en que sueño. Y mi angustia es enorme: ¿por qué he dejado de ir a trabajar allí? ¿Cómo atento de esta forma con mi medio de vida, y con quienes dependen de mí? Y cuando el sueño se ha transformado en pesadilla, comprendo que en realidad hace mucho que no voy a trabajar porque he dejado de pertenecer. Eso sucede en un estado previo a la completa lucidez, cuando aún no he salido totalmente del sueño. Y volveré a soñarlo, quizás. O por el hecho de haberlo escrito ahora, mi inconsciente no volverá a engañarme.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Advocate (c)

Mi corazón se purga ...


 

86.

  Mi corazón se purga con brincos, saliéndose de sí por expresar latidos y cercanía. Él salta y se acomoda en pecho ajeno, para el coro que reclama mi naturaleza. Así el poema amolda a formas de expresión, crece en temperatura y valencias de universo. Pero, como el orgasmo, el poema es involuntario. Ambos nacen de la persistencia en el amor.

 

La persistencia en el amor, dije.  Y creo ahora que ese puede ser mi estilo personal, como el de muchos en la vida. Acaso existe un amor sin insistencia, sin vuelta a cero y nuevamente puesta a andar. A veces siento que lo que hice y lo que hoy hago, apuntó siempre a escribir el poema; no uno, sino el único. Y para mi consuelo, leo lo mismo en otras vidas.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Gabriel Orozco (c)

Cielina, poeta...



85.

  Cielina, poeta que la ondulación bajo redes me alcanza, dice querer desde el silencio.  Tal vez habla Cielina de este mal que enfermó mi corazón, y que en tantos anida como frustración durante un tiempo incontinente. Nadie detrás, y al frente la danza de impulsos eléctricos que conciben ahora mínimo grosor en pantallas oled. Otra vez, de uno a otro lado de una lámina de papel –la página–, se reinventa un mundo minuto a minuto del siglo.

  ¿Pero qué mundo? ¿La realidad, acaso? ¿Un mundo continente?  Repito: una realidad unitaria, cuanto desde el silencio pueda amarse, sin intercambiar miradas, descreyendo de cinco sentidos, confiando solo en mareas de texto, fronteras afuera de la patria que nos toca –más grande o más pequeña, según optemos–. De esto se trata, creo hoy, 26 de noviembre, próximo a mis setenta y tres años y denso en experiencias. Elijo el plural “experiencias”, porque le hago zancadillas a las posturas monolíticas: la experiencia puede compararse con la más dura capa de quitina sobre la piel, en tanto la aceptación de nuevas experiencias permite la auténtica libertad de movimiento.

 

Pero nadie ama aquí como puede hacerlo en presencia, y la mayoría de las opiniones carecen de sinceridad. He aprendido a conformarme con los reflejos de una realidad mutante, siempre sujetos a mi previa opinión. Nunca más tomar decisiones a partir de embelecos informáticos. Adquirí la Poesía Reunida de Juan Gelman, porque la necesito, más allá de que hiciera la operación por el canal virtual. A toda costa defender la libertad: la auténtica, digo.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Makoto Azuma (c) 

Se tiene un maestro ...

 


84.

  Se tiene un maestro en la existencia literaria; solo uno, creo ahora. Mientras se avanza en años y textos, hay tres o cuatro escritores que se acercan, personalmente o por reiterada lectura, complementando lo aprendido del primer y único maestro. Pero en todo caso, siempre confirman su legado.

  Recuerdo ahora una comunicación telefónica de 1997, cuando yo daba a conocer los poemas de La resurrección de Neruda. Estoy gravemente enfermo me dijo entonces. Vivió siete años más, aunque no volví a verlo. Soy deudor de lo mucho que recibí de él; culpable por no haberlo frecuentado más asiduamente, entre los años 82 y 97, pero he sido fiel a sus enseñanzas y recomendaciones. Y es esto último, finalmente, lo que en poesía importa. Cada poeta ha de ser enlace en la evolución del género, testimoniando legados, época y compromiso social.

  Reflexiono en torno a las palabras enlace y evolución. Cuando escribo este texto, Rafael Felipe Oteriño acaba de decirme que aunque yo proceda de Joaquín O. Giannuzzi, he dejado de transparentarlo.

 

Entre dos maestros compuse este texto; ahora advierto por qué cito a Rafael, cuando recuerdo a Joaquín. Es que fue Giannuzzi quien me presentó a Rafael, allí por los ochenta. Las casualidades no existen.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Joaquín Giannuzzi


Extendí la jornada ...




83.

  Extendí la jornada de trabajo al doble y más. Ahora dedico a la escritura y su difusión entre ocho y nueve horas diarias. Parece lógico que concluya el día extenuado; este género, que me sostiene entre aguas de ensayo y flujos de poesía, me ha permitido explorar cavernas antes desconocidas. Alumbro en la profundidad; mi herramienta es nítido espejo en las cavernas.

  Para paliar el cansancio, he dividido mi día de trabajo en dos partes. Entre ellas duermo una siesta de una hora, u hora y media.

 

Me he dicho que la escritura es mi profesión. Ella ocupa el tiempo de trabajos por los que transcurrí durante cincuenta años, más lo que robaba a la familia y al descanso para responder a mi necesidad de escritura. Conservo solo una tarea con alguna significación económica: la editorial. Pero es tal el placer que me produce editar lenguaje poético, que debo considerarlo más próximo a profesión que a trabajo.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Reuters (c)


Tras su muerte ..

 


82.

  Tras su muerte, el artista representado solo por composiciones y artificios, alcanza el reconocimiento que jamás obtuvo en vida. 

 

Aunque a nadie se le ha ocurrido morir para ser reconocido. No acertó quien murió joven; eso fue un triunfo del destino, que permite recordar al muerto cuando aún no se había equivocado.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Leonardo Favio 


10 de abril de 2022

Por caso, pienso ...


 

81.

  Por caso, pienso en el nacimiento de mis hijos. Eva, nacida a su nombre cuando nos quitábamos de encima un gobierno ilegítimo. Iván, concebido al madurar el Lucha y vuelve. Alba, recibida con propiedad de casa y batalla al fascismo. Marco y Diana, testimonio y melodía de una democracia recuperada. No nacían solos sino con padres y circunstancias renacidos; así, nos acreditaban en familia y sociedad.

 

  Nacimientos e infancias de mis hijos suceden todavía. Son escenas de interior.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Domus Sapientiae (c)


Ocupación magnífica ...



   Ocupación magnífica los diarios. La memoria es vida en negativo que puede revelarse en múltiples colores según el decurso viboree. Los recuerdos son memoria, pero extensión de largos y mucho más en descarga de escritura. Quiero decir, que escrutados adecuadamente vuelven a sorprender y fructifican. El diario, irreemplazable medio de autoconocimiento, que prodiga verdad al resto.

 

  Con mi vida avanzada en edad y experiencias, sentencio que la memoria en persona escribe los diarios; nunca puede hacerlo la vivencia en tiempo real. 


(c) Carlos Enrique Cartolano, "Scherzo", 2021

Ilustración: Mi vida, Marc Chagall

 

Para el verdadero té ...


 

79.

  Para el verdadero té, una tetera china. Para decidir acertadamente, el tamiz del tiempo y la contención.

  Las declaraciones de amor oscurecen el agua con pardos y grises. La memoria se equivoca cuando recuerda transparencias en bordes del transcurrido.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Teteras pescadas en la red



En esta hora de vientos ...

 


78.

  En esta hora de vientos, cuando la primavera extrema, la vida misma sopla en mí. Y soy bandera de rescate flameando versos.

 

  El sobrevuelo sirve para contemplar desde el pájaro, y la bandera que flamea, por advertir al resto vida y esperanza.


(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Hora de vientos


Esto que consideré sagrado ...


 

77.

  Esto, que consideré sagrado, ofrezco a quienes calcen mi huella en los senderos. A los que se detuvieron por delante a descansar, y a los otros que corren detrás. Hijas de la intimidad, vírgenes niñas que caminan en la noche desnudas de silencio; ellas vencen estrépitos de la jauría, rescatan la carne de caninos y de olvido. Ellas, las palabras descubiertas que compusieron el poema.

  Ellas que son mi nombre, y las que todos nombran. Espigas donde madura el grano.

 

  ¡Ah, sí! Son mis consortes, las favoritas al sol, junto al estanque. Las que farfullan nombres en el harem, las que siempre engañan a la jauría y por eso me rescatan.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Spencer Tunick (c)

 


En este tiempo tarantular ...


 

76.

  En este tiempo tarantular para proyectos, soy después, y sumo lecturas a la oportunidad de cuanto al fin resulte pasmo. En esta hora de vientos que aseguran vuelos a la semilla, soy arena en suspensión, la multitud diversa, el ojo facetado de un insecto donde puso huevos la sorpresa. Supervivo en tiempo completo. Porque en el vacío de tu imagen, trazo líneas a la fuga, y Juan Gelman viene conmigo.

 

  El eterno retorno se produce tanto en sueño como en velada. Me repito, digo, mientras la historia se repite. Pero de pronto me encuentro en vacancia, y sin espejos. Y necesito evocar la ausencia asignándole carnes, ojos y palabra. Apenas soy náufrago de mí, un penitente en ruta de regreso.


(c) Carlos Enrique Cartolano, "Scherzo", 2021

Ilustración. Kaliman (c)


¿Vos estás vivo o muerto...?

 


75.

  ¿Vos estás vivo o muerto?, uno insiste. Y el otro: No lo sé. ¿Quién puede saberlo? Acaso somos vaso de sólo una especie, e ignoramos totalmente otros contenidos. Porque son dos lados, el muro divisorio de la fecha al medio, y se ignora en cuál de dos frentes estamos, aporta uno. Y nuevamente el otro: lo único que olvidamos es la ocasión del salto al frente inverso. Yo quería ser músico, y ahora comprendo que era por algo que traía conmigo. Pero no me lo facilitaron, quedé corto de salto, y aquí estoy escribiendo, cumplo con una necesidad primaria, y al mismo tiempo estoy obsesionado. Abaraja uno: ¿Vivís obsesionado, o tu impotencia de humano te trajo a la tumba? Y el otro: No lo sé. No lo sé.

  O será por aquello tan dicho: que solo podré descubrirlo si recuerdo. Platón otra vez.

 

  Ahora una pregunta por la velocidad en las ruedas de la Bugatti que ahorcó a Isadora. Como si a la bailarina la hubiesen asesinado los kilómetros por hora. Todos llevamos nuestra muerta encima –el otro contesta por mí–, y allí donde más nos place le permitimos que se haga el gusto.


(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Helena Losada (c)


1 de abril de 2022

¡Cuántos ocupan el escaparate! ...


 

74.

  ¡Cuántos ocupan el escaparate! Son muchos. Nos miran a través de los cristales. ¿Acaso nuestra mirada podrá honrarlos, distinguirlos de cada uno de los demás, culparlos de todo cuanto nos pasa, quizás condenarlos?

  El cristal es juzgador imperfecto, por naturaleza parcial, transparenta cultura y esquemas que se corrompen con facilidad.

  La mirada gesta mitos que solo muy tarde advertimos.

 

  Los sentidos son animalitos que responden a Pavlov.  Pasajeros estacionados en un tiempo que agotó; ellos me esclavizan y traicionan. Por eso, cuando suelto el paso, me pierdo en otra casa, y amo en piel abandonada.

(c) Carlos Enrique Cartolano. Scherzo, 2021

Ilustración: Decofilia (c)

Todos somos Edipo ...



 73.

  Todos somos Edipo. Fuimos griegos, fuimos judíos. Antes Aquiles, Agamenón, antes Héctor y Patroclo. Todos somos masa y nos confundimos, multitud, eslabones, apenas brizna y grano de arena. Todas somos Yocasta, todas Clitemnestra, nos alcanzaron abrazos y venganza; todas Helena enamorada, y su perfume en Troya. Todos Ash y Set, Enkidu y Gilgamesh, Zeus y Ganímedes, David y Jonatan, Cosme y Damián, Safo tras doce mil versos, amigos del banquete, hábitos de Benedetta Carlini, impertérritas Juana y Cristina. Fuimos estafa, traición, fuimos juzgados, atravesados con aceros de tortura, insultos y habladuría. Todos reos. Todos dolores de Frida y Alejandra sublimantes. Fuimos la droga, su sueño, prudencia y redención. Educados, víctimas del sistema, al fin rebeldes, docentes victimarios y hojarasca en la postrera hoguera. Todos en secuencia interminable de continencia, fecundación y partos. Todos hablamos la primera lengua hasta que la confusión nos enmudeció. Todos soñamos el mismo paraíso: ese, cuyo jardinero pone a germinar nuestros deseos. Todos fuimos y somos voz, y paciencia. El resto.

 

  Anoto al despertar el texto escrito en alumbramientos previos. La historia y mi escritura se repiten: mi cubilete agita algunos temas, que han venido desmigajándose durante los últimos sesenta años. El amor, el deseo, la memoria, la piel, el otro –en mí, y en el resto–. Ahora pretendo la antología, que armo con piezas que destaca el interés de mis lectores. Sin embargo, continúo lamentando carencias expresivas; siempre es más lo que pretendo decir, que cuanto efectivamente digo.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Edipo Rey


El dios de mí...


 

72.

  El dios de mí, cuerpo celeste que atravesó la escoria y enfermó de amor enfermo, ruge ahora. Cuanto queda por decir solo puede gritarse en vocinglería indescifrable, porque al cabo se pierden separadores, ya no hay espera. La pausa ha muerto.

 

  ¿Quién espera todavía? Acaso alguien respeta pausas. La enfermedad del cuerpo parte del vacío amoroso, o del amor oscuro, que también es yermo.


(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Ediciones Litoral (c)


-Está muerto, dice uno ...


 

71.

  –Está muerto, dice uno. Y el otro: –no, todavía vivo de este lado. Cuando son otros los muertos, y vivimos previas de partida.

 

Hoy es muy barato estar muerto, en forma parcial o íntegramente. Y cada vez es más caro continuar vivo. Los precios del hombre subvierten lógicas de amor y patria.

 (c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Marina Abramovic (c)


La cercanía o la distancia ...

 


70.

  La cercanía o la distancia de lo concreto resultan vitales al comenzar a escribir. Debe aproximarse al consciente todo cuanto tocamos o pisamos, y se evitarán las pajarerías antes de subir un pretexto a bordo de los sentidos. En mi caso, la rutina consiste en preguntarle al cristal de mi escritorio cuál objeto y qué sentido. Allí es plástico el reflejo, y la brisa que viola las ventanas trae insectos, semillas, murmullos, señales de un mundo a la medida de cada mañana. Cuando noviembre promedia, y el recuerdo engrosa más allá del vientre.

 

La historia del mundo, la de cada país y cada región, es la historia de sus agriculturas, sus ganaderías, o de las cíclicas mudanzas de su población. Este es el siglo de las migraciones; y cuando más necesita el hombre de la caridad de sus semejantes para hospedarlo, más  rígidas son las condiciones políticas y económicas para los inmigrantes. Está bien que el sudeste, o el noroeste soplen semillas por las ventanas;  la naturaleza continúa resultando originalmente generosa.

(C) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Breviario de una mirada (c)

 


Me motiva la carga ...


 

69.

  Me motiva la carga dramática que tus ojos llevan. Seguramente cuando la imagen los capturó, te sobrevolaban certezas de brevedad  y por un momento olvidaste todo lo bueno vivido. Habitualmente nos pasa a todos; nuestra entraña continúa reclamando eternidad.

No sé quién sos ahora; no sé si sos quien eras. Pero tus ojos continúan comunicándose; no son una excepción los míos. Cada uno de nosotros lleva en torno una nube compuesta por claridad y confusión; su densidad y color dependen de cuál de ambas condiciones la puebla en mayor proporción. Y los ojos reflejan esa nube mejor que cualquier espejo, o que otra región del cuerpo.

(c) Carlos Enrique Cartolano "Scherzo", 2021

Ilustración: Roser Bru (c)

 


Jorge Luis Borges ...

 


68.

  Jorge Luis Borges, que abrevó por igual en las tradiciones homéricas y budistas –quiero decir, tanto occidentales como orientales– cita reiteradamente al Doctor Suzuki. Borges nombró  hacedor a Homero, y del Budismo predicó: la más pacífica y natural de las religiones. Siempre me interesó saber de Suzuki, y conocer más de la mirada orientalista del maestro.

  Por mi asistencia a los talleres que dictaba Félix Grillo della Paolera –lector en inglés de Borges–, me llegaron los principios del budismo Zen. La filosofía oriental estuvo presente entre mis lecturas favoritas de finales de los años setenta; por eso después titulé uno de mis libros de reflexiones y poemas Satori –alumbramientos–, 2013-. Daisetz Teitaro Suzuki, fue autor de libros y ensayos relativos a la disciplina Zen, como así traductor y divulgador del budismo japonés en Occidente. Su nombre original era Teitaro, pero su maestro Soyen Shaku le apodó Daisetz, que significa gran simplicidad.

  Recibió del maestro Shaku el encargo de traducir los textos de literatura espiritual budista, a fin de ser publicados, tarea que llevó a cabo en Estados Unidos, instalado en la casa del Doctor Paul Carus –especialista estadounidense en disciplinas del Budismo Zen–.

  Además de los textos tradicionales, Suzuki tradujo al japonés el libro de Carus: The Gospel of BuddhaEl Evangelio de Buda–. Fundador de la Sociedad Budista Oriental, ya diplomado, Suzuki mantuvo conexión permanente con occidente, dictando clases en la Universidad de Londres, y más adelante en la de Columbia, en Estados Unidos. Los libros de Suzuki adquirieron así gran divulgación; es conocido el extenso prólogo de Carl G Jung a su Introducción al Budismo Zen.

  Dijo Martin Heidegger de Suzuki: Si he comprendido a este hombre correctamente, esto es lo que he estado tratando de expresar en todos mis escritos. Además de Jorge Luis Borges y Martin Heidegger, Thomas Merton, Erich Fromm, John Cage, Alan Watts y Gary Sydner, entre otros, han declarado su deuda de gratitud hacia la obra de Suzuki.

  Volviendo al título de mi libro de 2013, el satori (despertar/ iluminación) era la meta tradicional de la disciplina zen, su fin último. Algo que el poema, cualquiera sea la tradición filosófica a la que pertenezca, sin duda, también se propone. 

 

He aquí la formulación de la ética universal que se ofrece hoy a la humanidad para salir indemne de la nueva pandemia. Y no refiero solamente a la emergencia sanitaria; pienso también en la carga salvaje del neocapitalismo, en la nueva irrupción del fascismo, en una de las más altas mareas racistas de la historia.

(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Arte Zen 

Por fin Eduardo Chillida...

 


67.

  Por fin Eduardo Chillida supo ponerle nombres a la sombra. Más acá de su escultura, en palabras fue que lo explicó, causa local la suya: mi país tiene una luz negra; el atlántico es oscuro. Yo, que trabajo con palabras, y experimento esta sensación desde siempre, me sumo al acierto verbal del soberbio escultor Chillida. No había logrado expresarlo; entonces él, sabio juez en la relación entre volúmenes y espacio, acertó al decirlo. Descubridor; fortuna de artista.

 Y no conforme todavía, nos iluminó con sus obras portentosas, con su administración de luces y silencio. Aquí también soplan nortes, oestes y sudestes, y nos falta un Peine del viento -1977-; acertaríamos al entronizar Elogio del aire, Música callada, Rumor de límites, en tantas e infinitas variantes y versiones. Necesitamos entonces pensar con estas formas, porque somos atlánticos, hijos de la sombra.

  Así como su admirada antigüedad griega entronizó al Coloso de Rodas, ya fuera en el puerto de los rodios o en el Monte Smith, cerca de Atenas, Chillida sembró obras que donan luz perdurable, homenajeen a Helios o Apolo, según se prefiera.

  Atesoremos en la mirada: Lugar de encuentros -1978-; Monumento a los Fueros -1980-; Homenaje a Jorge Guillén -1982-; La casa de Goethe -1986-; Elogio del agua -1987-; Elogio de la luz -1990-; Elogio del horizonte -1990-; Helsinki -1991-; Monumento a la tolerancia -1992-; Homenaje a Rodríguez Sahagún -1993-; Jaula de la libertad -1997-; Diálogo-tolerancia -1997-, o Berlín -2002, póstuma-.

  En mi caso, hubiera deseado conocer Jaula de la libertad antes de decidir la cubierta de Pajareras imaginarias.

 

Las artes, en sus diversas formas de representación, nos rodean. Somos sus sujetos, la emoción que sucede a la obra, nuestra palabra es interpretada a la vez por pincel, carbón, acorde y cincel, color, vacío, silencio y melodía. Cada uno de nosotros es arte de pie.


(c) Carlos Enrique Cartolano. "Scherzo", 2021

Ilustración: Peine del viento