No
hay naves de aire o mar que puedan contenernos. Nos hemos arracimado en intem-peries;
nos azotan elementos naturales y ejércitos de leva permanente.
Sin transporte
Ilustración: Ren Hang (c)
///… toda comunicación de contenidos espirituales es lenguaje. La comunicación mediante la palabra constituye sólo un caso particular, el del lenguaje humano y del que está en la base de éste o fundado en él (como la poesía) (...) ... El problema originario de la lengua es su magia... Walter Benjamin -Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los hombres///
No
hay naves de aire o mar que puedan contenernos. Nos hemos arracimado en intem-peries;
nos azotan elementos naturales y ejércitos de leva permanente.
Sin transporte
Ilustración: Ren Hang (c)
El
cuerpo es mi forma, sujeta tiempo y ocupa espacio de circulación. Pero sinsentido,
él no ve. Otro que desea existir, no yo, campanea en mis órbitas.
Quién asoma
Ilustración: Ren Hang (c)
Porque
hay un vuelo pregunto cuál. Si el aire circula en torno, o un par de alas recortan
área a mi medida. Acaso en vilo emplumo, o es del ángel la mirada.
Reedición del ángel
Habitamos
lo incompleto, la desmemoria y tantas recetas del olvido. Si dijeran cuanto se
espera escuchar, encendieran las teas que apagó el mal viento, viviríamos otra
realidad. Más compleja quizás, aunque a tono con lo diverso.
Qué mundo ves
(c) Carlos Enrique Cartolano. Pajareras Imaginarias, 2019
Ilustración: Gyula Kosice (c)
Mieses
del trabajo: es justicia igualarse en las miradas.
Fruto y justicia
Ilustración: Ren Hang (c)
La
infancia otra vez, moldes de inocencia, paraísos de abrazo y brote. El arte es
milagro que descubre y suelda extremos.
Alvaro Chavarín
Ilustración: Álvaro Chavarín (c)
El
recuerdo también suena en volumen, olvida abrojos y por fin suma un rostro a la
belleza.
Siempre suma la belleza
Será
como abrir de pronto una ventana al altavoz, fervor musical en suelta, que
adelgacen los secretos y entre risas se disuelva el silencio. Conozco a quien
lleva consigo el festejo, al que amasa profunda una voz.
Tras silencios
Ilustración: Andrew Wyeth (c)
La
verdadera fiesta espera junto a la mano. O tras párpados del otro, en
entrevistos sueños de amante, y en la necesidad pura, cuando vuelve.
Fiesta en desvelo
Ilustración: Andrew Wyeth (c)
Así
la amistad ocupa sin tiempo una morada, la sola superficie, la letra del
contacto –una “e” quizás, la “u” pura
humildad–, una palabra de donde sujetarse y aguantar en cuanto habrá y arrime
.
Una palabra
Fue
desatar de encierro tanto apetito sobre el estaño. Y dar aire y vuelo al poema
en cada lágrima. Y comprender cuarenta años de historia: apenas tres minutos bastan
y un libro abierto junto al trago.
Ya vuelca la mirada
Ilustración: Álvaro Chavarín (c)
Dicho
y por decir. Al borde. La memoria del tacto, el poema invicto, soledad de
tintas y vacancia, furias al hombro.
Acaso el fin
Ilustración: Andrew Wyeth (c)
El resto pegado al
fondo, la conciencia del nombre, la hoja quebrada en mi palma, este dolor en el
pecho, siempre melodía inconclusa. Es la distancia, cuanto pueda reducirse a
narración, solo cinco sílabas: el verso.
Síntesis
Es
poco. La existencia consiste en una cuenta a cerrar cada noche. Mientras pueda definirse
el contenido, habrá razón para esperar.
Sumas y saldos
(c) Carlos Enrique Cartolano. Pajareras Imaginarias, 2019
Ilustración: Sensation (c)
O
cuanto queda de él. Cuánto, pregunto. Las ordas invadieron salas de exposición,
dieron fuego a las reliquias, sembraron cenizas en zócalos y esquinas.
El incendio
El
amor es semilla máxima, el hueso de damasco, un carozo que lastima al tragar.
Esto que dentro de mí salta, y pugna por romper.
El amor es
(c) Carlos Enrique Cartolano. Pajareras Imaginarias, 2019
Ilustración: Francesca Woodman (c)
Huyo
por las manos, estallo por el sexo. He violado los filtros del idioma, y mi voz
abandona su sonido. Increíble, sin auditorio, mudo.
Sordina
De
mañana y perdido, aunque sea algo en rigor lo que me pierde. Hoy: víctima de la
pausa y victimario del tiempo. No hay eslabón que cierre, y la transgresión tensa alambre dulce.
Víctima y victimario
(c) Carlos Enrique Cartolano. Pajareras Imaginarias, 2019
Ilustración: David Manzur (c)
Quizás,
como el maestro dijo, la memoria se comparte en grandes números. Y algunos
cumplimos sueños del resto, disponemos del mismo filo, al unísono matamos y somos
muertos. Aquí está el mito de lo literario.
El mito de la
literatura
(c) Carlos Enrique Cartolano. Pajareras Imaginarias, 2019
También
cabe preguntarme: tras la muerte, qué quedará cautivo o muerto en antesalas del
idioma. ¿Acaso alguien sabrá recuperar, por igual, murallas y caballo?
Filtra la muerte
(c) Carlos Enrique Cartolano. Pajareras Imaginarias, 2019
Por
fin comprendo que soy ficción, que jamás sabré por quién remo ni qué mares
atravieso. Aún ignoro nombres del héroe, cuál destino y puerto, qué penumbra de oro –Borges dixit– envolvió
en sobrevida los libros y sus dioses.
La penumbra de oro
Ilustración: Gustavo Díaz Sosa (c)
Tocamos
Troya a diario; y vamos a bordo del regreso sin fin. Claro que duele reconocer
así la existencia de Homero. Yo soy remo en las galeras, sobre el agua marco el
ritmo del martillo, y difícilmente me restaure en pie.
En las galeras
Ilustración: Gustavo Díaz Sosa (c)
El
secreto de Homero se llama libro. Ambos son palabra expresa, silencio fértil.
Pero el mercado conspira contra ellos, y propaga una población de dudas en
torno a carne y huesos del hacedor.
Homero sí o no
(c) Carlos Enrique Cartolano. Pajareras Imaginarias, 2019
Ilustración: Giorgio De Chirico (c)
Tramas preexistentes,
con las que hombres y realidad circundante fueron tejidos. Punto espacio, donde
trabajaron ganchillos del tiempo. Amores y odios, genitores de muerte y
silencios.
Tramas
Ilustración: Xul Solar (c)
Ella
y yo lo sabemos: el cuerpo impuso la forma. Porque contuvo toda imagen y
figura, respiró el molde original. Así, armadura y vestido triunfan. Por ellos,
la memoria es cóncava, y convexa la experiencia.
Cuerpo y figura
Ilustración: Maureen Bisilliat (c)
Edad
de oro le llamaron y comienza por los dedos, con su dios en la boca. Cuanto
queda a espaldas del amor, cuando el espectador decide y el lector enriquece.
Porque la mujer supo despertar a la divinidad.
Un dios en la boca
Ilustración: Maureen Bisilliat (c)
La
mujer es inglesa, hoy lleva ochenta y siete años, y Brasil es su querer. Vive
para una forma en vigilia y sueño. Fotografía: es madre. Pródiga es.
Maureen Bisilliat (1931)
Ilustración: Maureen Bisilliat
Ha
de ser de cuerpo abierto el sendero de regreso a la inocencia. Y mujer. Tal
como Bisilliat-Maureen: tras la lente su mirada en alto vuelo, bendita de amor
y parturienta de gorjeos, nos rescata.
Como una imagen, todas
Ilustración: Maureen Bisilliat (c)
Lo
supo Silvina, pregunto. Acaso la alcanzó el resplandor. Sería solo una palabra
cuando el tiempo estuvo preso, y en su espacio murmulló océano y foresta.
Solo una palabra
(c) Carlos Enrique Cartolano. Pajareras Imaginarias, 2019
Ilustración: Maureen Bisilliat (c)
La
amistad, tan peligrosa y rica como el amor: Borges lo dijo y Alejandra lo
repetía porque vivió la metamorfosis. En su día, toda piel presencia una mujer.
Amor/ amistad
(c) Carlos Enrique Cartolano. Pajareras Imaginarias, 2019
Ilustración: Maureen Bisilliat (c)
Porque
con la oscuridad que los padres llama-ron destino, se complacen los
paralelismos, cruces y suspicacias de la casualidad. Uno y otro somos vasos
comunicantes del decurso y los anales.
Sospechas y misterio
(c) Carlos Enrique Cartolano. Pajareras Imaginarias, 2019
Ilustración: Leonor Fini (c)
Tendría
que ser junto a un río –cuál se pregunta Borges–, donde al amanecer se
reencuentre esta mitad con lo que falte. Porque solo hay una ausencia, solo una
cuestión a reducir con la mirada. Y eso no tiene nombre.
El reencuentro
(c) Carlos Enrique Cartolano. Pajareras Imaginarias, 2019
Ilustración: Henri Matisse (c)
En
su mayor parte, las imágenes de la realidad mueren con sus perpetradores. Si no
con ellos, el tiempo corroe las que el arte puso a salvo. Solo muy pocas
sobreviven; son las que fundan regímenes longevos.
Las patas de la
realidad
Ilustración: El nuevo día (c)
No
hay visión que triunfe sobre el tiempo, por más coincidencias que sostenga. La
realidad se funda en diferencias, que alimentan por igual justicia y diatriba.
Desequilibrio
Ilustración: George Melies
Para
certezas, la forma –esa plástica posible– aventaja a la escritura. Pero en algún
punto –supongo en honduras del sentido– conviven.
Antes o después es posible descubrirlo, y entonces a la par existe el opus.
Descubrimientos
(c) Carlos Enrique Cartolano. Pajareras Imaginarias, 2019
Ilustración: Tempora Magazine (c)
Sé
qué veo con el cuerpo, pero no siempre cuanto siento tras la vista. Cada tanto
necesito armonizar mis ojos con sensores, en interior y superficie.
Plástica
Ilustración: Frida Kahlo (c)
Jamás
vuelven vívidos y apreciables para el consciente, cara ni risas de una mujer que Borges u Homero
creyeron amar. Esto también pudo ser dicho por cualquiera de ambos ciegos.
El Hacedor IV
La
memoria, desde confusión de la conciencia o en profundidades del sueño,
recuperan al tigre asiático; ese que combaten los guerreros protegidos por
alturas paquidérmicas… Pero es fiera escuálida e inofensiva, muda, desdentada. Dijo
Borges.
El Hacedor III
Ilustración: Johnny Palacios Hidalgo (c)
Desde
Borges, Homero cree su destino cantar y
dejar resonando cóncavamente en la memoria humana, un rumor de Odiseas e
Ilíadas. Guerras a librar por todo cuanto reste, prolongados regresos que
colmen despedidas e infortunio.
El Hacedor II
(c) Carlos Enrique Cartolano. Pajareras Imaginarias, 2019
Ilustración: Plato antiguo (c)
Bastó
con uno de cinco sentidos. Escuchar arrebatos del mar a pocos metros. Oler una
mujer en cercanías. Saber del vino asperezas y un después. Al enumerar, Borges
es Homero, y en sombras funda la totalidad.
El Hacedor I
Ilustración: Bárbara Bezina (c)
Descubre
en Homero la ceguera, y levanta en su memoria los sentidos. Si por última vez
en agonía, Lugones recorrió el cuerpo de
su amante, Borges en sombras pudo palpar las delicias del amor tardío.
La ceguera
Todo
sueño reinventa la antigüedad. Todo poema es noche a deshora, descenso a la
memoria, recurso a la sombra. Borges repite el hexámetro de Virgilio: ibant obscuri sola sub nocte per
umbram –iban oscuros
bajo la solitaria noche por la sombra–.
El Hacedor
Son curso en todos,
oriente tras noches a deshora, tiempo el agua, mujer que espera. Su horizonte.
Julietas del amanecer
(c) Carlos Enrique Cartolano. Pajareras Imaginarias, 2019
Ilustración: Tomohide Ikeya (c)
Quienes
venimos detrás –caminantes de una exposición y yo: el sendero de miradas–,
navegamos corrientes del fotógrafo desde Tanagawa, 1974. Japón ya olvidado de
Mc Arthur, torna a unir partes de los cuerpos que trozaron Hiroshima y
Nagasaki.
Tanagawa 1974 en Japón
Ilustración: Tomohide Ikeya (c)
Al
través, la imagen crece al otro lado de Tomohide Ikeya. Mórula del ojo,
creciente un manantial, el agua transparenta y sostiene. Ella al frente,
devuelta luna del marcielo, resplandece.
Imaginación
Ilustración: Tomohide Ikeya (c)
Signo y síntoma: el agua
sostiene a media altura; cuerpo a flote es volar, no grávido ni sobrenado. Da forma
el agua. Miembros, tronco, velo, se conforman.
Media altura
Ilustración: Tomohide Ikeya (c)
Hálito
del fin, sonoras, pero no de Jericó. Del juzgador son, trompetas que alzan
muros y contienen vida y burbuja, mundo lacrimal, esencia femenil en su
hidrovía. Así respira el comienzo.
Con el comienzo, el fin
Ilustración: Tomohide Ikeya (c)
Ya
llega el equinoccio al hemisferio. Otra era comienza; hemos de lograr que en
las más jóvenes no nos reflejemos enemigos.
La nueva era
Ilustración: Natalia Evelyn Benciceva (c)
Devuelto
del sueño suena el torrente, aquí como en Tanagawa. Epiloga volúmenes su canto,
armónica del amnios –vital querencia–. Tomohide Ikeya se llaman lente y ojo,
ángulo y disparo.
Tomohide Ikeya
Ilustación: Temohide Ikeya (c)
De
ellas es la luz que alumbra el siglo. Ellas arman sus cuerpos a medida del
placer, disfrutan sin violencia ni enemigos. Es que entornamos sus sonrisas,
las hicimos solitarias.
Placer en soledad
Ilustración: Visual Optimism (c)