CONTENIDO DEL BLOG


25 de abril de 2011

Mis libros digitales


HOY COMENZARON A DISTRIBUIRSE MIS TRES LIBROS:
DOS DE POESÍA Y UNO DE ENSAYOS

La editorial es EMOOBY, de Madeira, Portugal. Y se trata de e-books, libros virtuales, que se adquieren ¨en¨ Internet, se pagan a precio muy bajo mediante tarjetas de crédito, y se vierten en soportes informáticos para su más fácil lectura. Los dos libros de poesía corresponden al período 1998 – 2009, y cada uno de ellos reúne dos poemarios independientes: Cuerdas (1997-2003); El piquete y otros poemas (2002); Avisos y señales (2004-2007) y Poemas del amor que vence a la muerte (2007-2009). Por su parte, el volumen de ensayos, corresponde al período 2008-2009, y bajo el título de Tierra Regada –la independencia mal tenida-, se ha anticipado periódicamente a través de mi blog Diáspora Sur, un espacio asiduamente visitado por los paisanos del suroeste bonaerense.


CUERDAS –poemas-
EL PIQUETE y otros poemas

La crítica realidad económica y social argentina durante el período 1997-2003 y una situación familiar cambiante, fueron determinantes de los textos poéticos que integran este volumen.   CUERDAS es poesía en tránsito (Buenos Aires – Isla Negra – Valparaíso – Punta del Este – España – Buenos Aires otra vez), y de mirada profunda, decidida a conquistar brotes de esperanza. EL PIQUETE – y otros poemas- nace en el asesinato por la policía de dos jóvenes manifestantes en 2002 y proyecta el ojo lírico sobre el panorama general de un país crecientemente pobre, dependiente, entregado, saqueado, democráticamente inmaduro. 


AVISOS Y SEÑALES y
POEMAS DEL AMOR QUE VENCE A LA MUERTE

AVISOS … tiene mucho que ver con las sensaciones –siempre nuevas, aún las cotidianas-, con percepciones de la madurez, con límites físicos y fronteras espirituales. Hay que saber escuchar los avisos y saber ver las señales, dice la sabiduría popular. Estos poemas se lo proponen, algunos con mayor eficacia que otros. POEMAS DEL AMOR… vuelve sobre la cuestión matriz del género humano, intentando rescatar y ofrecer nuevas resonancias, o explorar en acústicas escasamente transitadas. Los recuerdos son la primera materia de estos poemas; lo que se observó años atrás, vuelve a colocarse en el centro y es sometido a esta nueva mirada, seguramente con mayor experiencia de vida.



TIERRA REGADA es un pasaje de regreso al escenario de mis primeros años. Claro que no se vuelve con la mirada original, sino que este segundo bautismo se concreta desde un par de ojos maduros. Y ya no es una mirada lírica, que simplemente proponga justicia y cambio. Se trata de prosa situada en la mesa de operaciones, que secciona y revela. Las coincidencias geográficas e ideológicas conducen esta secuencia de ensayos, desde las postrimerías de la conquista española hasta el último genocidio de los años setenta.




¿Dónde pueden comprarse?


En el blog de la editora:  http://emooby.blogspot.com/

Y, hasta ahora, en 9 librerías virtuales:










22 de abril de 2011

Viernes Santo 2011


¿Viste a Claudia?


Trenzar sus cabellos, cubrirse con uno u otro lienzo como eligiéndolos, frotarse las manos y las plantas de los pies para acostumbrarlos a una seguridad representada. Cuando todavía los patios no se despoblaban. ¡Si! Cuando eran más los que corrían hacia la plaza. La vi con un anillo aferrado en su mano derecha, fuera del anular, claro. Abrazado.

Claudia había recibido esa piedra morada como señal de amor; yo la vi. Así él advertía por segunda vez que aceptaba sus deseos; que no había estado errada acompañándolo al extranjero, allí donde una mujer nunca sigue a un funcionario de gobierno si la recta costumbre se cumple. Pero ya se sabe; una mujer sueña y profetiza. Interrogaba al anillo. Yo la vi. Desesperándose porque  los esbirros de su marido recorrían las calles requisando y cautivando a los seguidores del enjuiciado. Y la vi quejándose de políticas ordenadas por la mentira y el miedo. Porque el poderoso, como es sabido, disfraza sus errores con medias verdades.

Claudia se puso en camino cuando la advirtieron.  Ella –rumoreaban- conspiró a espaldas de su marido con los mismos perseguidos.  ¡Qué disparate!. Yo mismo la vi.  Deslizarse por la ciudad como un fantasma vaporoso, llorosa, aferrando la esperanza de que ésta no fuera la última de una vulgar colección de traiciones.

Y yo la ví a Claudia Prócula, nieta del César, descorrer con desesperación los cortinados de la casa de gobierno, en el mismo momento en que su marido, Poncio Pilato,  se enfrentaba al bramido de la multitud y respondía: ¡Aquí tienen al hombre!




El precio

Aunque amanecida la luz del viernes, las monedas sin dueño continuaron color noche y reflejaron sangre y negro. Cuando los doctores descorrieron el cortinado el hombre, manos de tizón y corazón envenenado, se alejaba de todos y de él mismo. – Compraremos campos, dijeron – Estas no son tesoro, no tienen dueño, consideraron. El hombre se detuvo y ajustó el nudo: ¿Por qué le puso precio a la traición, si no le interesó el pago? ¿Para qué busca un árbol si rechazó la cruz?

(c) Carlos Enrique Cartolano, de Hormiguitas operarias, 2010-2011

31 de marzo de 2011

Tres textos de Borges


A LEOPOLDO LUGONES

Los rumores de la plaza quedan atrás y entro en la Biblioteca. De una manera casi física siento la gravitación de los libros, el ámbito sereno de un orden, el tiempo disecado y conservado má- gicamente. A izquierda y a la derecha, absortos en su lúcido sueño, se perfilan los rostros momentáneos de los lectores, a la luz de las lámparas estudiosas, como en la hipálage de Milton. Recuerdo haber recordado ya esa figura, en este lugar, y después aquel otro epíteto que también define por el contorno, el árido camello del Lunario, y después aquel hexámetro de la Eneida, que maneja y supera el mismo artificio:
Ibant obscuri sola sub norte per umbras.
Estas reflexiones me dejan en la puerta de su despacho. Entro; cambiamos unas cuantas convencionales y cordiales palabras y le doy este libro. Si no me engaño, usted no me malquería, Lugones, y le hubiera gustado que le gustara algún trabajo mío. Ello no ocurrió nunca, pero esta vez usted vuelve las páginas y lee con aprobación algún verso, acaso porque en él ha reconocido su propia voz, acaso porque la práctica deficiente le importa menos que la sana teoría.
En este punto se deshace mi sueño, como el agua en el agua. La vasta biblioteca que me rodea está en la calle México, no era la calle Rodriguez Peña, y usted, Lugones, se mató a principios del treinta y ocho. Mi vanidad y mi nostalgia han armado una escena imposible. Así será (me digo) pero mañana yo también habré muerto y se confundirán nuestros tiempos y la cronología se perderá en un orbe de símbolos y de algún modo será justo afirmar que yo le he traído este libro y que usted lo ha aceptado.

Buenos Aires, 9 de agosto de 1960.

de ¨El Hacedor¨



DELIA ELENA SAN MARCO

Nos despedimos en una de las esquinas del Once.
Desde la otra vereda volví a mirar; usted se había dado vuelta y me dijo adiós con la mano.
Un río de vehículos y de gente corría entre nosotros; eran las cinco de una tarde cualquiera; cómo iba yo a saber que aquel río era el triste Aqueronte, el insuperable.
Ya no nos vimos y un año después usted había muerto.
Y ahora yo busco esa memoria y la miro y pienso que era falsa y que detrás de la despedida trivial estaba la infinita separación.
Anoche no salí después de comer y releí, para comprender estas cosas, la última enseñanza que Platón pone en boca de su maestro. Leí que el alma puede huir cuando muere la carne.
Y ahora no sé si la verdad está en la aciaga interpretación ulterior o en la despedida inocente.
Porque si no mueren las almas, está muy bien que en sus despedidas no haya énfasis.
Decirse adiós es negar la separación, es decir: Hoy jugamos a separarnos pero nos veremos mañana. Los hombres inventaron el adiós porque se saben de algún modo inmortales, aunque se juzguen contingentes y efímeros.
Delia: alguna vez anudaremos ¿junto a qué río? este diálogo incierto y nos preguntaremos si alguna vez, en una ciudad que se perdía en una llanura, fuimos Borges y Delia.

de ¨El Hacedor¨



ELVIRA DE ALVEAR

Todas las cosas tuvo y lentamente
Todas la abandonaron. La hemos visto
Armada de belleza. La mañana
Y el claro mediodía le mostraron,
Desde su cumbre, los hermosos reinos
De la tierra. La tarde fue borrándolos.
El favor de los astros (la infinita
Y ubicua red de causas) le había dado
La fortuna, que anula las distancias
Como el tapiz del árabe, y confunde
Deseo y posesión y el don del verso,
Que transforma las penas verdaderas
En una música, un rumor y un símbolo
Y el fervor, y en la sangre la batalla
De Ituzaingó y el peso de laureles,
Y el goce de perderse en el errante
Río del tiempo (río y laberinto)
Y en los lentos colores de las tardes.
Todas las cosas la dejaron, menos
Una. La generosa cortesía
La acompañó hasta el fin de su jornada,
Más allá del delirio y del eclipse,
De un modo casi angélico. De Elvira
Lo primero que vi, hace tantos años,
Fue la sonrisa y es también lo último.

de ¨El Hacedor¨



26 de marzo de 2011

Poemas inolvidables



Ya está a la venta –en la red mundial AMAZON- la antología de poesía hispanoamericana POEMAS INOLVIDABLES, que me incluye. Agradezco el interés que esta edición ha despertado y me apresuro en aclarar que en este caso se trata de ¨papel¨, no de e-book.

Amazon Japon:
http://www.amazon.co.jp/Poemas-Inolvidables-Latin-Heritage-Foundation/dp/0983245045/ref=sr_1_1?ie=UTF8&s=english-books&qid=1301146395&sr=8-1

Amazon Francia:
http://www.amazon.fr/Poemas-Inolvidables-Latin-Heritage-Foundation/dp/0983245045/ref=sr_1_3?ie=UTF8&s=english-books&qid=1301146202&sr=8-3

Amazon Germany:
http://www.amazon.de/Poemas-Inolvidables-Latin-Heritage-Foundation/dp/0983245045/ref=sr_1_2?ie=UTF8&s=books&qid=1301145919&sr=1-2-catcorr

Amazon USA:
http://www.amazon.com/Poemas-Inolvidables-Heritage-Foundation-Spanish/dp/0983245045/ref=sr_1_2?s=books&ie=UTF8&qid=1301145275&sr=1-2

Amazon Canada:
http://www.amazon.ca/Poemas-Inolvidables-Latin-Heritage-Foundation/dp/0983245045/ref=sr_1_2?ie=UTF8&qid=1301145624&sr=1-2

Amazon England:
http://www.amazon.co.uk/Poemas-Inolvidables-Latin-Heritage-Foundation/dp/0983245045/ref=sr_1_3?s=books&ie=UTF8&qid=1301145782&sr=1-3

El libro tiene 380 páginas y pesa 1.7 libras. Sus dimensiones son 6.69 x 9.61 pulgadas (ancho por largo). De serme posible, proporcionaré una estimación de los gastos de envío, ya que en Amazon –por el momento- sólo se consigna el precio de tapa. En pocos días más estarán dos de estos links disponibles en mis blogs: el de Estados Unidos para compras latinoamericanas, y el de Francia para compras europeas.

3 de marzo de 2011

Tres relatos brevísimos




El cepillo

Él sonríe cuando el cepillo de ella, que antes recorrió el saco, se empeña en restarle pelusas al pantalón. Sus ojos de él atraviesan paredes; parado en su día, repasa la víspera y proyecta. Ella  la arrodillada, muda, lívida, entre fronteras, sirve. No ve.

Pavana


Ha seleccionado la partitura y se sienta en el sillón, el atril por delante, empuñando la flauta oscura y brillante, con destellos de plata. Brota Ravel no sólo del instrumento, sino de todo plano que se le resista, inundando la atmósfera. Al fondo del estar, junto a una pila de libros cuyo orden alguien suspendió, comienza a crecer el ataúd de la infanta sobre dos bases con destellos de plata, negro el sudario, la madera brillante.

Insomnio

En el ladrido-llanto del perro lejano escucho la gruesa enumeración de faltas de las que (sin duda) será posible acusarme. Una vez más, trato de dormir.




(c) Carlos Enrique Cartolano. De Hormiguitas operarias, 2010-2011

3 de febrero de 2011

Wolfgang A





Algunos estudiosos aseguraron recientemente
que Mozart padeció el síndrome de Tourette,
un desorden neurológico quizás
relacionado con experiencias traumáticas
de la infancia.

El desobediente Wolfgang A murió
Habitado por su padre.
Intentaba abandonar
Caretas como grilletes
Y nunca acertó en el desalojo.

Leopold alumbraba un genio
Y alimentó la enfermedad.

Chirriaron los ejes del transporte
Fúnebre y un perro hambriento
Le ladró a las ruedas.

Salvo esta música fuera de toda razón
La melodía de fondo fue de factura divina:
Transformó al hijo en padre
Y a Leopold en simple desocupado.

Es que ya no había que pagar
Deudas del muerto:
Wolfgang A sentó al pueblo
En la platea. Triunfó en la flauta:
Iluminista y masón
Transgresor y revolucionario.

Fue un guerrero arrojado
En campaña musical. Obsesivo
En las repeticiones
Escatológico y cruel.

Y aún así
Doscientos veinte años
Después: paz se lee Mozart.

(c) Carlos Enrique Cartolano
de A ojo y de oídas, 2010-2011


26 de enero de 2011

V de Ocampo y de Woolf



25 de enero


Victoria ignoraba que en el propio cuarto
Virginia miraba con el catalejo de Fitz Roy
Por los ojos precoces de Darwin
Y con la premura violenta de Sir Francis Drake.

No sabía la generosa millonaria de igual género
Que la británica varias veces abusada y bipolar
Por lo mismo calcaba colonial abolengo
No podía comprenderla. Le escapaba

Prefería disimular obsesiones/ Su necesidad
Del hombre que en ella respiraba.

Las unía una distancia imperial. Sin embargo
En su otredad suramericana la del sur
No se llenaba de piedras los bolsillos. Sólo
Tapaba sus miedos con un armazón blanco.

Victoria comprendió a Virginia. Al punto
De presentarle ranúnculos por orquídeas o
Someterle el puñal de sus ojos como huevos
De bacalao. La Ocampo fue indulgente

Unilateral en amistad/ perdón y encomio
Como una sombra lejana en un país
Exótico que la fantasía de Virginia creó:
¿Seremos todavía ese invento inglés?

Pasados los años se encontraron
En la frescura del invernadero. Compartieron.

Es cierto que Victoria murió mucho después
Pero ¿Logró calmar su hambre americana
Por las suyas encontró la llave de Virginia?
No soltó su verba americana pese a Gabriela.

De Virginia me traen noticias los traductores
Y de Victoria poco queda. Quizás lo más valioso
Haya sido su valiente certidumbre
Del origen paraguayo en el lecho de Irala

Donde anidó Águeda la simple guaraní.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De A ojo y de oídas, 2010-2011

24 de enero de 2011

Con otra voz

Es el título de una nueva Antología de la Poesía Latinoamericana, publicada en Miami. En ella se ha incluído mi poema TEMPO.

A continuación, el link que permite adquirir el libro:



http://www.amazon.com/Otra-Voz-%C3%89xtasis-Po%C3%A9tico-Spanish/dp/0983245010/ref=sr_1_4?ie=UTF8&s=books&qid=1295710237&sr=1-4

20 de enero de 2011

Efemérides



13 de enero



Joyce añoró esta Argentina
Hundido en mi copa de vino tinto.

En su gesto final alzando el codo
James Joyce bebió su historia
Junto con el trago último:
El que le perforó el duodeno.

Y con su propia ficción la nuestra
De dublineses patriados
Desde la segunda invasión
O aún de los de segunda y tercera

Generación. Los que escribimos
Mientras añoramos la copa de vino
Para espesar la historia/ El parpadeo
De 1941: manteniendo la mirada.


Efemérides dos



                               15 de enero

Pasos perdidos sobre la línea
De fronteras. Crestas de la valva
Y una palabra: ¡Poeta! ¡Poeta!
¿Quién llama? ¿Es por mí

Que vibran las circunvoluciones?
O alguien puede llamarme
Como sólo yo sé que me llamo…
Cuando saco lumbres de este día

Opaco/ Silencioso/ Hielo interior
Aunque ardan las fronteras.
¿Quién llama?  ¿Es del mar
Que me llegan las lenguas

De incertidumbre y lutos
Por el incendio de otro día?
No. Es extrajera su voz:
Subirse y naufragar son uno

Con sol al tope. ¿Es la arena
De antiguas piedras/ Desgranados
Países u osarios del alma
Común los que nos atajan?

Tampoco. Es paisaje mestizo
La muchedumbre al filo
Del próximo recambio. No
Existe comunión de voces

Ni pasión encendida a la vista.
Dirán que son ecos y embriagos
De la orilla de enfrente. Pero
Si es recta la línea posaría

Mi vista en Australia sudoeste
Y es muy lejos ¿No creen?
¿O es que hay otra tierra
Bajo brumas y borrascas

La de un pueblo parlante
Privado de versos y ficción?
Ese que ahora golpea
¡Poeta! 64 veces siete.


Efemérides tercera



19 de enero


Es saludable la reverencia
Cuando manchas de superficie se eternizan
O vamos perdiendo la memoria.

Reconocer maestros y poner como Cézanne
El lienzo junto a la naturaleza.
Y entonces bendecirlo o execrarlo.
¿O puede programarse la visión
La realidad siempre violenta. La coherencia
De ojo izquierdo con derecho?

No siempre se abandona
La soledad del atelier. Pocas oportunidades
Quedan para sorprender noveles
Generaciones. O de que nos alcancen
Para espiar desde la calle.

Para el teatro popular. En la prensa
O en la TV y en Internet: es saludable
La reverencia. Si la realidad orada
Ambas manos. Como si fueran ojos.

Como Paul Cézanne liberó
Su atelier a la montaña con cien pinceles
Permitiendo la fotografía
Aceptando el tercer ojo. El reconocimiento.

Aunque en su ropa las manchas
Blanco sobre negro y viceversa
No pudieran borrarse más.



(c) Carlos Enrique Cartolano
de A ojo y de oídas
2011

11 de enero de 2011

Concierto de Nácar

Mientras se desarrolla el video puede leerse el poema -que como el propio concierto- consta de tres movimientos... 




En 1972 Astor Piazzolla compuso, para su
Conjunto 9, el Concierto de Nácar,
para nueve tanguistas y orquesta filarmónica,
primer antecedente de sus posteriores obras sinfónicas
para bandoneón.

* Presto

Esa otra palabra: el silencio
Perdida en murmullos de la selva
Y en fauce de insospechadas faunas.

¡Descubierta!
Por trueno y rapacería.

¡Río arriba!
Y al sur sólo una huella.

¡Vuelan flechas!
Al fragor de arcabuces:

Son barbados los dioses
Son ladrones del rey.

Dice el cronista en su comentario
Al emperador: Desde el génesis
Encarnación y Cristo vivo
Sólo el hallazgo de Indias cobra altura.

América inesperada. Tierra del Plata
Y por el oro vienen:
¡Río arriba!
¡Río abajo!
¡Violan/ Matan!
¡Roban/ Violan!
¡Matan/ Roban!

Asunción la que siente
La mente en Buenos Aires
Y al sur la rastrillada
Devuelve música al silencio.

El de Guadix desesperó en ayunas
(A su espalda medraron
La muerte y el incendio)
Él puso el roble en Escobar
Junto al Luján de la matanza
Y de su mano el testigo
Para el siguiente adelantado.

Después los capitanes
Treparon el agua. Soltaron los caballos
Torvos/ enfrentados/ amancebados
Hicieron la guerra. Sujetaron yanaconas
Llenaron bolsa y bolsillos
Con tiranía y Dorado
Olvidados del rey y de la torre.

Y uno triunfó con el mayor harem
Del paraíso de Mahoma.

Cuando el gobernador llegado
Ordenó ley y lugartenientes
Lo embarcaron engrillado
Acusado de romper
Complacencia de abusos
El impuesto. El servicio
Personal de carios y gentiles.

Y hubo otra fatua Buenos Aires
De muros que transcurrían ríos
A orillas del San Juan
Sobre otra banda
Que el empeño de Alvar Núñez
Equivocó en tantas aguas.

¡A la tierra!
Blancos inesperados

¡Por el oro!
Con mechas encendidas.

¡Arrebatan!
Riquezas y mujeres.

Diablos con dos cabezas
De medroso relincho
Fatales en su risa.

Pero en silencio el nácar construye
Ladrillos de esperanza
Planta una raza de profetas: Dibuja
La ciudad de verbo alucinado.

A la vez Macondo y Jericó
Resucitada. Alta en soberbia
Pero campesina en planta baja:
El puerto alumbra apasionado.

Partir/ Volver/ Marchar errante
Ciudad que el mundo invade
De sus murallas desprendido silbo:
Este es el tango de nácar alumbrado.


** Lento – melancólico



Al principio fue la codicia:
La tercera Buenos Aires
De pie. Un puente. El techo
Del Plata. Un puerto reparado.
El proyecto en flor
Para amasar el pan
Y alimentar los hijos.

Aunque en silencio todavía
Buenos Aires era al sur una huella
Dispuestos los brazos
Sólo por entonces
Para enancar un Potosí al imperio.

Y la codicia dividió la tierra
Apartó agua y cielo.
Sujetó al gaucho -que en las vaquerías
Hablaba guaraní- para saquearlo.
Usó al indio manso
Para cubrir cañones. Y al retobado
Puso a horadar montañas.
Cargó y traficó esclavos
Del otro extremo del Virreinato:
Usó. Mezcló. Gastó. Contrabandeó.

Rieron los bandeirantes
Del orgullo portugués. Festejaron
Los franceses con espada y con puntilla
Y los ingleses cobraron presa
Sumaron pirateando
La ingenuidad colonial.
Pero ellos repartieron bien
Respetando a su monarca.

Sólo en las misiones los jesuitas
Sujetaron norma y dignidad
Del indio que es un hombre
De María en cada madre
En todo toldo. En sus rucas
Ranchos y enramadas.

Por eso se expulsó a los padres:
En esta tierra
La verdad no servía a nadie.

La ciudad desplegó codicia
-una música de sordos penitentes-
En cientos de comercios.

Los invasores ingleses permanecieron
Tras los mostradores:
Compramos chafalonías
Vendimos sueños/ decencia/ patrimonio.

La libertad/ la independencia
Fueron gestos de conveniencia
Postigos inseguros
Entreabiertos al miedo
Al sarcasmo y la rapiña.

Después llegaron los colonos
Pintando de esperanza el Plata.
Las tardes de otoño en las veredas
Encendían música entre lágrimas:
Una extraña melodía
Que nacía del abrazo de restos y retoños
De sombras apareadas
Con tenue reverberación.

¡Los porteños!
¡Los indianos!
El alma era inmigrante
Europeo el corazón.

En tanto el auca en su semilla
Disponía amaneceres:
Sueños de justicia
Con hornos encendidos
Y oceánicos partos.

Todavía en silencio el nácar construye
Ladrillos de esperanza
Planta una raza de profetas: Dibuja
La ciudad de verbo alucinado.

A la vez Macondo y Jericó
Resucitada. Alta en soberbia
Pero campesina en planta baja:
El puerto alumbra apasionado.

Partir/ Volver/ Marchar errante
Ciudad que  el mundo invade
De sus murallas desprendido silbo:
Este es el tango de nácar alumbrado.


*** Allegro marcato



Nacido junto al mar. Otro puerto
Como Alvar Núñez buscó su norte
Y respiró con el zorzal
Empuñando el fuelle. Otros puertos:
Hambre y bronca. Barrios negros
Donde campeó el jazz
Y alumbró el Orpheum.

Y en su música jugaron
Marionetas del pasado
Con acordes de lo que vendrá:
Un origen común americano
Y plantado en nácar su destino.

Todos fuimos alcanzados
Por el plata musical/ La corriente
Rindiendo al padre su tributo
O inversa el agua y escalada
Por mitologías borgianas.

¡Indianos! ¡Caudillos!
¡Porteños! ¡Carmesí!
Estampados en nácar
El concierto proyecta
Retratos del tiempo plano:
¡Porteños! ¡Porteños!
¡Caudillos! ¡Carmesí!
¡Indianos! ¡Invasión!

América inesperada. Tierra del Plata
Y por el oro vienen:
¡Río arriba!
¡Río abajo!
¡Violan/ Matan!
¡Roban/ Violan!
¡Matan/ Roban!

Para que nazcan los varones
Desde estas madres
De pañuelo ceñido. Respiramos
Anudados en el tango:
El puerto/ Los molinos/ Las barracas
Urbano el gaucho y el indio
Redivivo. Suena Piazzolla
Entre murallas de nácar suena
Como el sudeste.

Porque en silencio el nácar construye
Ladrillos de esperanza
Planta una raza de profetas: Dibuja
La ciudad de verbo alucinado.

A la vez Macondo y Jericó
Resucitada. Alta en soberbia
Pero campesina en planta baja:
El puerto alumbra apasionado.

Partir/ Volver/ Marchar errante
Ciudad que  el mundo invade
De sus murallas desprendido silbo:
Este es el tango de nácar alumbrado.

(c) Carlos Enrique Cartolano -de A ojo y de oídas-, 2011