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31 de marzo de 2011

Tres textos de Borges


A LEOPOLDO LUGONES

Los rumores de la plaza quedan atrás y entro en la Biblioteca. De una manera casi física siento la gravitación de los libros, el ámbito sereno de un orden, el tiempo disecado y conservado má- gicamente. A izquierda y a la derecha, absortos en su lúcido sueño, se perfilan los rostros momentáneos de los lectores, a la luz de las lámparas estudiosas, como en la hipálage de Milton. Recuerdo haber recordado ya esa figura, en este lugar, y después aquel otro epíteto que también define por el contorno, el árido camello del Lunario, y después aquel hexámetro de la Eneida, que maneja y supera el mismo artificio:
Ibant obscuri sola sub norte per umbras.
Estas reflexiones me dejan en la puerta de su despacho. Entro; cambiamos unas cuantas convencionales y cordiales palabras y le doy este libro. Si no me engaño, usted no me malquería, Lugones, y le hubiera gustado que le gustara algún trabajo mío. Ello no ocurrió nunca, pero esta vez usted vuelve las páginas y lee con aprobación algún verso, acaso porque en él ha reconocido su propia voz, acaso porque la práctica deficiente le importa menos que la sana teoría.
En este punto se deshace mi sueño, como el agua en el agua. La vasta biblioteca que me rodea está en la calle México, no era la calle Rodriguez Peña, y usted, Lugones, se mató a principios del treinta y ocho. Mi vanidad y mi nostalgia han armado una escena imposible. Así será (me digo) pero mañana yo también habré muerto y se confundirán nuestros tiempos y la cronología se perderá en un orbe de símbolos y de algún modo será justo afirmar que yo le he traído este libro y que usted lo ha aceptado.

Buenos Aires, 9 de agosto de 1960.

de ¨El Hacedor¨



DELIA ELENA SAN MARCO

Nos despedimos en una de las esquinas del Once.
Desde la otra vereda volví a mirar; usted se había dado vuelta y me dijo adiós con la mano.
Un río de vehículos y de gente corría entre nosotros; eran las cinco de una tarde cualquiera; cómo iba yo a saber que aquel río era el triste Aqueronte, el insuperable.
Ya no nos vimos y un año después usted había muerto.
Y ahora yo busco esa memoria y la miro y pienso que era falsa y que detrás de la despedida trivial estaba la infinita separación.
Anoche no salí después de comer y releí, para comprender estas cosas, la última enseñanza que Platón pone en boca de su maestro. Leí que el alma puede huir cuando muere la carne.
Y ahora no sé si la verdad está en la aciaga interpretación ulterior o en la despedida inocente.
Porque si no mueren las almas, está muy bien que en sus despedidas no haya énfasis.
Decirse adiós es negar la separación, es decir: Hoy jugamos a separarnos pero nos veremos mañana. Los hombres inventaron el adiós porque se saben de algún modo inmortales, aunque se juzguen contingentes y efímeros.
Delia: alguna vez anudaremos ¿junto a qué río? este diálogo incierto y nos preguntaremos si alguna vez, en una ciudad que se perdía en una llanura, fuimos Borges y Delia.

de ¨El Hacedor¨



ELVIRA DE ALVEAR

Todas las cosas tuvo y lentamente
Todas la abandonaron. La hemos visto
Armada de belleza. La mañana
Y el claro mediodía le mostraron,
Desde su cumbre, los hermosos reinos
De la tierra. La tarde fue borrándolos.
El favor de los astros (la infinita
Y ubicua red de causas) le había dado
La fortuna, que anula las distancias
Como el tapiz del árabe, y confunde
Deseo y posesión y el don del verso,
Que transforma las penas verdaderas
En una música, un rumor y un símbolo
Y el fervor, y en la sangre la batalla
De Ituzaingó y el peso de laureles,
Y el goce de perderse en el errante
Río del tiempo (río y laberinto)
Y en los lentos colores de las tardes.
Todas las cosas la dejaron, menos
Una. La generosa cortesía
La acompañó hasta el fin de su jornada,
Más allá del delirio y del eclipse,
De un modo casi angélico. De Elvira
Lo primero que vi, hace tantos años,
Fue la sonrisa y es también lo último.

de ¨El Hacedor¨



26 de marzo de 2011

Poemas inolvidables



Ya está a la venta –en la red mundial AMAZON- la antología de poesía hispanoamericana POEMAS INOLVIDABLES, que me incluye. Agradezco el interés que esta edición ha despertado y me apresuro en aclarar que en este caso se trata de ¨papel¨, no de e-book.

Amazon Japon:
http://www.amazon.co.jp/Poemas-Inolvidables-Latin-Heritage-Foundation/dp/0983245045/ref=sr_1_1?ie=UTF8&s=english-books&qid=1301146395&sr=8-1

Amazon Francia:
http://www.amazon.fr/Poemas-Inolvidables-Latin-Heritage-Foundation/dp/0983245045/ref=sr_1_3?ie=UTF8&s=english-books&qid=1301146202&sr=8-3

Amazon Germany:
http://www.amazon.de/Poemas-Inolvidables-Latin-Heritage-Foundation/dp/0983245045/ref=sr_1_2?ie=UTF8&s=books&qid=1301145919&sr=1-2-catcorr

Amazon USA:
http://www.amazon.com/Poemas-Inolvidables-Heritage-Foundation-Spanish/dp/0983245045/ref=sr_1_2?s=books&ie=UTF8&qid=1301145275&sr=1-2

Amazon Canada:
http://www.amazon.ca/Poemas-Inolvidables-Latin-Heritage-Foundation/dp/0983245045/ref=sr_1_2?ie=UTF8&qid=1301145624&sr=1-2

Amazon England:
http://www.amazon.co.uk/Poemas-Inolvidables-Latin-Heritage-Foundation/dp/0983245045/ref=sr_1_3?s=books&ie=UTF8&qid=1301145782&sr=1-3

El libro tiene 380 páginas y pesa 1.7 libras. Sus dimensiones son 6.69 x 9.61 pulgadas (ancho por largo). De serme posible, proporcionaré una estimación de los gastos de envío, ya que en Amazon –por el momento- sólo se consigna el precio de tapa. En pocos días más estarán dos de estos links disponibles en mis blogs: el de Estados Unidos para compras latinoamericanas, y el de Francia para compras europeas.

3 de marzo de 2011

Tres relatos brevísimos




El cepillo

Él sonríe cuando el cepillo de ella, que antes recorrió el saco, se empeña en restarle pelusas al pantalón. Sus ojos de él atraviesan paredes; parado en su día, repasa la víspera y proyecta. Ella  la arrodillada, muda, lívida, entre fronteras, sirve. No ve.

Pavana


Ha seleccionado la partitura y se sienta en el sillón, el atril por delante, empuñando la flauta oscura y brillante, con destellos de plata. Brota Ravel no sólo del instrumento, sino de todo plano que se le resista, inundando la atmósfera. Al fondo del estar, junto a una pila de libros cuyo orden alguien suspendió, comienza a crecer el ataúd de la infanta sobre dos bases con destellos de plata, negro el sudario, la madera brillante.

Insomnio

En el ladrido-llanto del perro lejano escucho la gruesa enumeración de faltas de las que (sin duda) será posible acusarme. Una vez más, trato de dormir.




(c) Carlos Enrique Cartolano. De Hormiguitas operarias, 2010-2011

3 de febrero de 2011

Wolfgang A





Algunos estudiosos aseguraron recientemente
que Mozart padeció el síndrome de Tourette,
un desorden neurológico quizás
relacionado con experiencias traumáticas
de la infancia.

El desobediente Wolfgang A murió
Habitado por su padre.
Intentaba abandonar
Caretas como grilletes
Y nunca acertó en el desalojo.

Leopold alumbraba un genio
Y alimentó la enfermedad.

Chirriaron los ejes del transporte
Fúnebre y un perro hambriento
Le ladró a las ruedas.

Salvo esta música fuera de toda razón
La melodía de fondo fue de factura divina:
Transformó al hijo en padre
Y a Leopold en simple desocupado.

Es que ya no había que pagar
Deudas del muerto:
Wolfgang A sentó al pueblo
En la platea. Triunfó en la flauta:
Iluminista y masón
Transgresor y revolucionario.

Fue un guerrero arrojado
En campaña musical. Obsesivo
En las repeticiones
Escatológico y cruel.

Y aún así
Doscientos veinte años
Después: paz se lee Mozart.

(c) Carlos Enrique Cartolano
de A ojo y de oídas, 2010-2011


26 de enero de 2011

V de Ocampo y de Woolf



25 de enero


Victoria ignoraba que en el propio cuarto
Virginia miraba con el catalejo de Fitz Roy
Por los ojos precoces de Darwin
Y con la premura violenta de Sir Francis Drake.

No sabía la generosa millonaria de igual género
Que la británica varias veces abusada y bipolar
Por lo mismo calcaba colonial abolengo
No podía comprenderla. Le escapaba

Prefería disimular obsesiones/ Su necesidad
Del hombre que en ella respiraba.

Las unía una distancia imperial. Sin embargo
En su otredad suramericana la del sur
No se llenaba de piedras los bolsillos. Sólo
Tapaba sus miedos con un armazón blanco.

Victoria comprendió a Virginia. Al punto
De presentarle ranúnculos por orquídeas o
Someterle el puñal de sus ojos como huevos
De bacalao. La Ocampo fue indulgente

Unilateral en amistad/ perdón y encomio
Como una sombra lejana en un país
Exótico que la fantasía de Virginia creó:
¿Seremos todavía ese invento inglés?

Pasados los años se encontraron
En la frescura del invernadero. Compartieron.

Es cierto que Victoria murió mucho después
Pero ¿Logró calmar su hambre americana
Por las suyas encontró la llave de Virginia?
No soltó su verba americana pese a Gabriela.

De Virginia me traen noticias los traductores
Y de Victoria poco queda. Quizás lo más valioso
Haya sido su valiente certidumbre
Del origen paraguayo en el lecho de Irala

Donde anidó Águeda la simple guaraní.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De A ojo y de oídas, 2010-2011

24 de enero de 2011

Con otra voz

Es el título de una nueva Antología de la Poesía Latinoamericana, publicada en Miami. En ella se ha incluído mi poema TEMPO.

A continuación, el link que permite adquirir el libro:



http://www.amazon.com/Otra-Voz-%C3%89xtasis-Po%C3%A9tico-Spanish/dp/0983245010/ref=sr_1_4?ie=UTF8&s=books&qid=1295710237&sr=1-4

20 de enero de 2011

Efemérides



13 de enero



Joyce añoró esta Argentina
Hundido en mi copa de vino tinto.

En su gesto final alzando el codo
James Joyce bebió su historia
Junto con el trago último:
El que le perforó el duodeno.

Y con su propia ficción la nuestra
De dublineses patriados
Desde la segunda invasión
O aún de los de segunda y tercera

Generación. Los que escribimos
Mientras añoramos la copa de vino
Para espesar la historia/ El parpadeo
De 1941: manteniendo la mirada.


Efemérides dos



                               15 de enero

Pasos perdidos sobre la línea
De fronteras. Crestas de la valva
Y una palabra: ¡Poeta! ¡Poeta!
¿Quién llama? ¿Es por mí

Que vibran las circunvoluciones?
O alguien puede llamarme
Como sólo yo sé que me llamo…
Cuando saco lumbres de este día

Opaco/ Silencioso/ Hielo interior
Aunque ardan las fronteras.
¿Quién llama?  ¿Es del mar
Que me llegan las lenguas

De incertidumbre y lutos
Por el incendio de otro día?
No. Es extrajera su voz:
Subirse y naufragar son uno

Con sol al tope. ¿Es la arena
De antiguas piedras/ Desgranados
Países u osarios del alma
Común los que nos atajan?

Tampoco. Es paisaje mestizo
La muchedumbre al filo
Del próximo recambio. No
Existe comunión de voces

Ni pasión encendida a la vista.
Dirán que son ecos y embriagos
De la orilla de enfrente. Pero
Si es recta la línea posaría

Mi vista en Australia sudoeste
Y es muy lejos ¿No creen?
¿O es que hay otra tierra
Bajo brumas y borrascas

La de un pueblo parlante
Privado de versos y ficción?
Ese que ahora golpea
¡Poeta! 64 veces siete.


Efemérides tercera



19 de enero


Es saludable la reverencia
Cuando manchas de superficie se eternizan
O vamos perdiendo la memoria.

Reconocer maestros y poner como Cézanne
El lienzo junto a la naturaleza.
Y entonces bendecirlo o execrarlo.
¿O puede programarse la visión
La realidad siempre violenta. La coherencia
De ojo izquierdo con derecho?

No siempre se abandona
La soledad del atelier. Pocas oportunidades
Quedan para sorprender noveles
Generaciones. O de que nos alcancen
Para espiar desde la calle.

Para el teatro popular. En la prensa
O en la TV y en Internet: es saludable
La reverencia. Si la realidad orada
Ambas manos. Como si fueran ojos.

Como Paul Cézanne liberó
Su atelier a la montaña con cien pinceles
Permitiendo la fotografía
Aceptando el tercer ojo. El reconocimiento.

Aunque en su ropa las manchas
Blanco sobre negro y viceversa
No pudieran borrarse más.



(c) Carlos Enrique Cartolano
de A ojo y de oídas
2011

11 de enero de 2011

Concierto de Nácar

Mientras se desarrolla el video puede leerse el poema -que como el propio concierto- consta de tres movimientos... 




En 1972 Astor Piazzolla compuso, para su
Conjunto 9, el Concierto de Nácar,
para nueve tanguistas y orquesta filarmónica,
primer antecedente de sus posteriores obras sinfónicas
para bandoneón.

* Presto

Esa otra palabra: el silencio
Perdida en murmullos de la selva
Y en fauce de insospechadas faunas.

¡Descubierta!
Por trueno y rapacería.

¡Río arriba!
Y al sur sólo una huella.

¡Vuelan flechas!
Al fragor de arcabuces:

Son barbados los dioses
Son ladrones del rey.

Dice el cronista en su comentario
Al emperador: Desde el génesis
Encarnación y Cristo vivo
Sólo el hallazgo de Indias cobra altura.

América inesperada. Tierra del Plata
Y por el oro vienen:
¡Río arriba!
¡Río abajo!
¡Violan/ Matan!
¡Roban/ Violan!
¡Matan/ Roban!

Asunción la que siente
La mente en Buenos Aires
Y al sur la rastrillada
Devuelve música al silencio.

El de Guadix desesperó en ayunas
(A su espalda medraron
La muerte y el incendio)
Él puso el roble en Escobar
Junto al Luján de la matanza
Y de su mano el testigo
Para el siguiente adelantado.

Después los capitanes
Treparon el agua. Soltaron los caballos
Torvos/ enfrentados/ amancebados
Hicieron la guerra. Sujetaron yanaconas
Llenaron bolsa y bolsillos
Con tiranía y Dorado
Olvidados del rey y de la torre.

Y uno triunfó con el mayor harem
Del paraíso de Mahoma.

Cuando el gobernador llegado
Ordenó ley y lugartenientes
Lo embarcaron engrillado
Acusado de romper
Complacencia de abusos
El impuesto. El servicio
Personal de carios y gentiles.

Y hubo otra fatua Buenos Aires
De muros que transcurrían ríos
A orillas del San Juan
Sobre otra banda
Que el empeño de Alvar Núñez
Equivocó en tantas aguas.

¡A la tierra!
Blancos inesperados

¡Por el oro!
Con mechas encendidas.

¡Arrebatan!
Riquezas y mujeres.

Diablos con dos cabezas
De medroso relincho
Fatales en su risa.

Pero en silencio el nácar construye
Ladrillos de esperanza
Planta una raza de profetas: Dibuja
La ciudad de verbo alucinado.

A la vez Macondo y Jericó
Resucitada. Alta en soberbia
Pero campesina en planta baja:
El puerto alumbra apasionado.

Partir/ Volver/ Marchar errante
Ciudad que el mundo invade
De sus murallas desprendido silbo:
Este es el tango de nácar alumbrado.


** Lento – melancólico



Al principio fue la codicia:
La tercera Buenos Aires
De pie. Un puente. El techo
Del Plata. Un puerto reparado.
El proyecto en flor
Para amasar el pan
Y alimentar los hijos.

Aunque en silencio todavía
Buenos Aires era al sur una huella
Dispuestos los brazos
Sólo por entonces
Para enancar un Potosí al imperio.

Y la codicia dividió la tierra
Apartó agua y cielo.
Sujetó al gaucho -que en las vaquerías
Hablaba guaraní- para saquearlo.
Usó al indio manso
Para cubrir cañones. Y al retobado
Puso a horadar montañas.
Cargó y traficó esclavos
Del otro extremo del Virreinato:
Usó. Mezcló. Gastó. Contrabandeó.

Rieron los bandeirantes
Del orgullo portugués. Festejaron
Los franceses con espada y con puntilla
Y los ingleses cobraron presa
Sumaron pirateando
La ingenuidad colonial.
Pero ellos repartieron bien
Respetando a su monarca.

Sólo en las misiones los jesuitas
Sujetaron norma y dignidad
Del indio que es un hombre
De María en cada madre
En todo toldo. En sus rucas
Ranchos y enramadas.

Por eso se expulsó a los padres:
En esta tierra
La verdad no servía a nadie.

La ciudad desplegó codicia
-una música de sordos penitentes-
En cientos de comercios.

Los invasores ingleses permanecieron
Tras los mostradores:
Compramos chafalonías
Vendimos sueños/ decencia/ patrimonio.

La libertad/ la independencia
Fueron gestos de conveniencia
Postigos inseguros
Entreabiertos al miedo
Al sarcasmo y la rapiña.

Después llegaron los colonos
Pintando de esperanza el Plata.
Las tardes de otoño en las veredas
Encendían música entre lágrimas:
Una extraña melodía
Que nacía del abrazo de restos y retoños
De sombras apareadas
Con tenue reverberación.

¡Los porteños!
¡Los indianos!
El alma era inmigrante
Europeo el corazón.

En tanto el auca en su semilla
Disponía amaneceres:
Sueños de justicia
Con hornos encendidos
Y oceánicos partos.

Todavía en silencio el nácar construye
Ladrillos de esperanza
Planta una raza de profetas: Dibuja
La ciudad de verbo alucinado.

A la vez Macondo y Jericó
Resucitada. Alta en soberbia
Pero campesina en planta baja:
El puerto alumbra apasionado.

Partir/ Volver/ Marchar errante
Ciudad que  el mundo invade
De sus murallas desprendido silbo:
Este es el tango de nácar alumbrado.


*** Allegro marcato



Nacido junto al mar. Otro puerto
Como Alvar Núñez buscó su norte
Y respiró con el zorzal
Empuñando el fuelle. Otros puertos:
Hambre y bronca. Barrios negros
Donde campeó el jazz
Y alumbró el Orpheum.

Y en su música jugaron
Marionetas del pasado
Con acordes de lo que vendrá:
Un origen común americano
Y plantado en nácar su destino.

Todos fuimos alcanzados
Por el plata musical/ La corriente
Rindiendo al padre su tributo
O inversa el agua y escalada
Por mitologías borgianas.

¡Indianos! ¡Caudillos!
¡Porteños! ¡Carmesí!
Estampados en nácar
El concierto proyecta
Retratos del tiempo plano:
¡Porteños! ¡Porteños!
¡Caudillos! ¡Carmesí!
¡Indianos! ¡Invasión!

América inesperada. Tierra del Plata
Y por el oro vienen:
¡Río arriba!
¡Río abajo!
¡Violan/ Matan!
¡Roban/ Violan!
¡Matan/ Roban!

Para que nazcan los varones
Desde estas madres
De pañuelo ceñido. Respiramos
Anudados en el tango:
El puerto/ Los molinos/ Las barracas
Urbano el gaucho y el indio
Redivivo. Suena Piazzolla
Entre murallas de nácar suena
Como el sudeste.

Porque en silencio el nácar construye
Ladrillos de esperanza
Planta una raza de profetas: Dibuja
La ciudad de verbo alucinado.

A la vez Macondo y Jericó
Resucitada. Alta en soberbia
Pero campesina en planta baja:
El puerto alumbra apasionado.

Partir/ Volver/ Marchar errante
Ciudad que  el mundo invade
De sus murallas desprendido silbo:
Este es el tango de nácar alumbrado.

(c) Carlos Enrique Cartolano -de A ojo y de oídas-, 2011

30 de noviembre de 2010

Destierros



Ahora que la primavera
Se demora entibiando
Firme en mis capilares
Me recuesto
Quito los anteojos
Y recito un argumento:

¿Es posible despedir la tierra
-sus gorjeos extremos-
Cerrando los ojos?

La visión a oscuras
Es de mar y cielo/ De cielo y mar
Sin tacto ni fronteras.

Hasta que el sueño
Pose su pájaro en mi frente
Y el mar penetre
Su guadal celeste.

Podré suponer al fin:
La valija de aire. Espaldas
De vidrio flameante
Y mi jadeo
Recortando el horizonte.


(c) Carlos Enrique Cartolano
de  A ojo y de oídas, 2010-2011

23 de noviembre de 2010

El tirano



Al capitán Domingo Martínez de Irala le bastó con dos hijas para fundar su estirpe. Y a un tiempo comprar lealtades y sepultar revueltas. Porque alguien dio a elegir a Ortiz de Vergara y Riquelme de Guzmán, entre la horca y dos hijas del tirano. Que no lo comunicó el propio padre de las huríes de luengas cabelleras negras, ténganlo por seguro.

Dicen que esa oferta partió del confesor de los condenados a muerte, aunque esta opinión es de los enemigos de la Iglesia. Deben creer que fueron lugartenientes, laicos de rango inferior que disfrutaron contemplando el sometimiento de los jefes.

Lo cierto es que ambos jóvenes optaron por tomar por esposas a esas dos niñas que no llegaban a los catorce, y que Úrsula y María conocieron con cierta codicia a sus novios por imperio del poder paterno.

Así fue como en la Asunción de Mahoma, paraíso como hubo pocos en estas tierras, reinó el capitán Martínez de Irala sentado en la yernocracia. Con azafrán e incienso condujo al altar a dos de sus hijas, reservando ámbar y almizcle para siguientes parlamentos.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De Hormiguitas operarias, 2010-2011

20 de noviembre de 2010

VIII. Últimos soles




Diariamente el corte
De uña.
El rigor de la poda
Seca. Sin lágrima
Ni sangre
Tal vez sí dolor.
Y quejas del toldo
Que remueve rumores
Del este.

La tarde y la leña
Consumidos
En una misma hoguera.
Por detrás forman hilera
Los muletos:
A un lado tejidos
Enfermos. Sentimientos
Provisorios.
Flores oliendo acre
En franca reverencia.

Escarbo en las cenizas
Como en arenas
Milenarias.
Hace tiempo estoy absorto
En este vértigo
De historias paralelas.
Coincidamos o no
Con la lente restante:
Siente por mí
Completa la mirada.

Las manos tiemblan
Torpes por lo común:
Desacostumbradas
A niños/ Caricias/ Palabras
Líquidas y mudas.

Pero los fondos revelan
Premian y transportan.
Soplo el polvo acumulado
Brillo el estandarte
De la pasión visitadora
Entre filos de la noche.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De A ojo y de oídas, 2010-2011

16 de noviembre de 2010

El poema fúnebre de Adriano




Animula, vagula, blandula
Hospes comesque corporis
Quae nunc abibis in loca
Pallidula, rigida, nudula,
Nec, ut soles, dabis iocos...

Pequeña alma, blanda, errante
Huésped y amiga del cuerpo
¿Dónde morarás ahora
Pálida, rígida, desnuda
Incapaz de jugar como antes...?

fuente: Historiaclasica.com

Otra versión:

- ¡Callad, callad todos…! ¿Habéis oído ese siseo…? Es el alma del augusto Adriano, que acaba de despojarse de su cuerpo y se marcha.
“Pequeña alma, blandita, cariñosita, huésped y compañera de mi cuerpo, ¿a qué regiones te encaminarás ahora, palidita, yerta, desnudita, sin gastar bromas, como solías?”
- Esas fueron sus propias palabras, dictadas ayer mismo, poco antes de entrar en la agonía. ¡Que ninguno grite, ni llore, ni haga aspavientos! No hay que asustar a un alma que no sabe a dónde va.

NOTA 1: El emperador Adriano murió el 10 de julio del año 138 d.C.
NOTA 2: El entrecomillado corresponde a la traducción de los versos compuestos por el emperador Adriano en su lecho de muerte. Aquí os pongo el texto latino, pues supongo que a muchos os gustará proponer otra traducción. La que yo presento la he tomado del Calendario greco-romano de José Contreras Valverde. A pasarlo bien.



fuente: Mujeresderoma.blogspot.com

Los pies del Cristo de Grünewald




por Joaquín O Giannuzzi

El nervio expuesto y condenado
hace de todo sufrimiento un principio general.
Todavía es la hora de descenso
y toda carne debe seguir aquí, resolverse
en una pesada concentración.
El tono de la pintura
define el desagüe de la masa desesperada.
La anatomía es gruesa, de tierra sangrada
y allí donde los dedos se enciman
-los caminos de este mundo están bloqueados
el límite de la torsión es crítico.
La promesa de toda resurrección tiende a la oscuridad
en las fibras musculares, giradas
sobre sí mismas. Cada detalle
aguarda un orgánico estallido,
pero el conjunto fija el tormento hasta el fin de los
tiempos.
Un solo clavo y se acaba la vieja danza.

Joaquín Giannuzzi, Violín obligado (1984)
Matthias Grünewald, La Crucifixión (Retablo del altar Isenheim),1515
Museo Unterlinden. Colmar